2014 vol. 5

#Archivo Entrevista a Cristina Peri Rossi

Rescatamos del archivo esta entrevista publicada en 2014.   Cristina Peri Rossi nació en Montevideo en 1941 y vive en España desde 1972. Radicada en

Remedios del cocinero

Carmencita se había quedado embarazada y sola en la isla. Su marido estaba en el Norte esperando que le llegara la salida a ella y

De desnudos imperfectos y pintores profanos.

Hay dos noticias que me han sorprendido últimamente, noticias menores, claro está, si las comparamos con el polvorín que está a punto de estallar, o

Días para no salir de casa

Casi a la misma hora en que el tío Alberto moría de un infarto fulminante,  Natalia Villaquirán quedaba aprisionada entre el timón de su auto

Gabriel García Márquez: vivir para narrarla

    Gabriel García Márquez  quizás no será recordado ni como avezado periodista  de la crónica, el reporte y la corresponsalía; ni como  emisario silente

La Corbata

La corbata se escapaba entre sus nerviosos dedos, retorciéndose como una sierpe de tela cuyas convulsiones aumentaban con cada nuevo intento de anudarla . Un

#Archivo Entrevista a Cristina Peri Rossi

Rescatamos del archivo esta entrevista publicada en 2014.   Cristina Peri Rossi nació en Montevideo en 1941 y vive en España desde 1972. Radicada en

Remedios del cocinero

Carmencita se había quedado embarazada y sola en la isla. Su marido estaba en el Norte esperando que le llegara la salida a ella y

De desnudos imperfectos y pintores profanos.

Hay dos noticias que me han sorprendido últimamente, noticias menores, claro está, si las comparamos con el polvorín que está a punto de estallar, o

Días para no salir de casa

Casi a la misma hora en que el tío Alberto moría de un infarto fulminante,  Natalia Villaquirán quedaba aprisionada entre el timón de su auto

Gabriel García Márquez: vivir para narrarla

    Gabriel García Márquez  quizás no será recordado ni como avezado periodista  de la crónica, el reporte y la corresponsalía; ni como  emisario silente

La Corbata

La corbata se escapaba entre sus nerviosos dedos, retorciéndose como una sierpe de tela cuyas convulsiones aumentaban con cada nuevo intento de anudarla . Un