Los árboles del Lago Prospect se han vestido de otoño para la fiesta: los olmos de amarillo, los robles de naranja, los arces de rojo. Los sauces llorones llevan aún su vestido glauco de verano, pero, como sus árboles hermanos, han aceptado la invitación espontánea de un pato joyuyo (Aix sponsa) y un ánade azulón (Anas platyrhynchos) para participar de una roda de samba.

      El joyuyo y el ánade se encontraron nadando en el lago. El primero lucía su plumaje de arcoíris: cabeza y cresta de tonos verdes, azules y lilas, pecho vino tinto, moteado de estrellas blancas, alas de un púrpura oscuro, flancos crema, y ribetes albinegros adornándoles el cuello, los hombros y la cola. Andaba sonriente y silencioso, con su pico rojiamarillo cerrado. Observaba el entorno con sus ojazos rojo coral, cuando se topó al ánade que hacía algarabía. Éste erguía su cabeza verde iridiscente, inflaba su pecho marrón grisáceo, ensanchaba el collar blanco del cuello, y cantaba abriendo su pico amarillo.

      Al escucharlo, el joyuyo se animó y le pidió permiso para unirse a la samba, como en la canción “O pato” del cantautor brasileño João Gilberto:

 

O pato
Vinha cantando alegremente
Quém! Quém!
Quando um marreco sorridente pediu
Para entrar também no samba
No samba, no samba

     Gansos canadienses (Branta canadensis), en plena migración al sur, sobrevolaban el lago neoyorquino en formación de V. Las cintas blancas de su barbilla dividían por el medio el plumaje negro de la cabeza y el cuello: parecían cuartos crecientes de Luna en una noche oscura. Cuando escucharon la cadenciosa samba, decidieron acuatizar. De paso invitaron a una pareja de cisnes (Cygnus olor) a unirse a la roda:

                             O ganso, gostou da dupla
E fez também
Quém! Quém! Quém!
Olhou pro cisne
E disse assim: Vem! Vem!
Que o quarteto ficará bem
Muito bom, muito bem

      Se juntaron a tocar y cantar a orillas del lago, donde nos reunimos arces, robles, olmos, sauces y yo a escucharlos. Parecía que el mismísimo Orfeo, famoso por encantar árboles con su canto poético, nos hubiese convocado. O quizá nos invitaba Natura Naturans, a través de la voz de sus aves acuáticas que ensayaron el choro clásico “Tico-tico no fubá” de Zequinha de Abreu:

                             Na beira da lagoa
Foram ensaiar
Para começar
O tico-tico no fubá

       Y aunque los patos, ánades, gansos y cisnes tocaran sin armonía y cantaran desafinados, los allí presentes, tan entusiasmados como ellos, les aplaudimos al terminar ellos la canción y dispersarse graznando:

                             A voz do pato
Era mesmo um desacato
Jogo de cena com o ganso era mato
Mas eu gostei do final
Quando caíram n’água
E ensaiando o vocal

Quém! Quém! Quém! Quém!

 

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