Entrevista a Sergio Borasino, autor de Luna Roja en Barcelona.

Luna Roja en Barcelona es tu debut literario. Cuéntanos de ti, cómo llegas a la literatura después de largos años en el mundo corporativo. Qué te arrastró a escribir uno.

     Cuando mi psicoanalista “me despidió”, después de 8 años de terapia, sentí necesidad de un espacio para dejar salir lo que rumiaba mi subconsciente. Tomé esas horas para ir a un café y escribir ficción, relatos cortos o retazos de ellos. Posteriormente integré algunas de esas historias y diseñé lo que acabó siendo “Luna Roja en Barcelona”.

     Siempre me gustó escribir a pesar de que sacaba malas notas en Lenguaje. Cuando estudiaba administración en la Universidad del Pacífico, publicaba bajo seudónimo ironías de las clases, profesores o de algunos alumnos en el “Boletín”, que era un mural al costado de la cancha de fulbito. Me gustaba ver cómo otros lo leían y comentaban.

      Por el  2010 mi trabajo como “headhunter” me llevó a escribir en periódicos (El Comercio, Gestión) y revistas (Semana Económica), y hasta publiqué un libro con Planeta, “Cafeína para tu Carrera”, pero era un lenguaje académico, no literario.

Cuéntanos un poco el behind the scenes de Luna roja en Barcelona: ¿Qué te costó más sacar adelante? ¿Cuánto tiempo te tomó todo el proceso de escritura y edición?

      Escribí el primer manuscrito en el 2019. Me tomó 4 meses trabajando 8 horas por día. Luego tuve que internarme en el mundo paralelo que había creado para convertirlo en “real”. Pasaba horas mirando para adentro, revisando cada “escena” y tratando de plasmarla en texto. Mi esposa decía que parecía autista, ya que a veces me metía en ese mundo mientras estábamos en un restaurante o conversando con más personas. Creo que hasta empezó a tener celos de mis personajes. Yo le explicaba que no solo se escribe en el teclado, hay que caminar mucho en ese otro mundo. Ella me reclamaba límites y no le faltaba razón.

     Las revisiones las he trabajado hasta este mismo año. Es algo que se vuelve adictivo ya que la literatura y su hoja en blanco no tienen parámetros (como el ajedrez que te restringe al tablero y las reglas de cada pieza) y siempre puedes cambiar, quitar o aumentar algo. En paralelo, es fácil llegar a un punto de ceguera en que lees y relees tu texto y eres incapaz de ver los errores. Es como una maratón: paciencia y disciplina son básicos y sobre todo no olvidarte de disfrutar el proceso.

¿Hace cuánto tiempo emigraste de tu país? ¿Desde un principio llegaste a Barcelona? 

     Más que un inmigrante en Barcelona, me siento un nómade en el mundo: a mis 45, ya he vivido en 9 ciudades en mi vida. Comencé joven en experiencias de 3 a 6 meses en Italia y EE. UU. Ya a los 23 años me mudé a Caracas por trabajo, luego un viaje alrededor del mundo, después vinieron Fontainebleau, Madrid, Bruselas, Lima de vuelta, Sao Paolo y Barcelona. Me gusta enfrentar el shock cultural. Me pasa que un día me despierto y necesito cambios profundos.

     Estoy muy cómodo en Barcelona y voy a pasar varios años acá porque mis hijos aún están en el colegio. Sin embargo, me cuesta creer que voy a vivir el resto de mi vida acá.

 ¿Qué representan en tu vida Barcelona y Lima?

     Lo mismo que Caracas, Bruselas, Sao Paolo o Siena. Son lugares donde construí mis recuerdos, pero lugares a los que no puedo volver. Puedo visitar las ciudades y hasta los departamentos donde viví, pero ya no son iguales. Las ciudades evolucionan, tu círculo de amigos cambia, las costumbres también, tu trabajo… tú mismo cambias y mucho. Si regresas a una ciudad esperando recuperar lo que tenías, te equivocas. Es como querer viajar al pasado, solo es posible en tu mente, en esos recuerdos.

 ¿De qué manera afecta vivir en un país ajeno en tu escritura?

     Creo que eso da un empuje interesante a tu estilo y la elección de tus relatos. Los contrastes siempre ayudan a resaltar lo que a primera vista parece similar, pero es muy diferente. Eso es básico para escribir, resaltar esas falsas obviedades. La contrapartida es que tienes menor empuje por el lado comercial…  Aunque nadie es profeta es su tierra. Espero que el bulo termine siendo cierto esta vez.

 ¿Cómo te apropias de ese país nuevo? En la vida cotidiana, ¿el lenguaje juega algún rol en esa apropiación?

     Trato de integrarme lo más que puedo. Seguir la vida de los locales y hacer mi vida como ellos. Uso sus palabras, limito mi acento, voy a las actividades que ellos van y hasta me fuerzo a ver TV local para entender qué pasa a mi alrededor. Evito vivir en submundos de extranjeros (o exclusivamente de peruanos). Hacer eso es poner un pie en cada país y no estar en ninguno. No es lo que intento al mudarme.

Como escritor y emigrado, ¿qué cosas facilitan tu profesión y qué cosas la dificultan? Aquí lo planteo pensando en lo que tanto hemos hablado de vivir en Barcelona y que tu libro se publique en EE. UU. y que tu potencial público esté en Lima. El escritor expatriado, cómo entra al ecosistema literario.

     Trato de verlo como una ventaja y creo que la nueva normalidad “online” me va a ayudar. Desde acá puedo promover mi libro en Lima y en Miami y eventualmente viajar para presentaciones o entrevistas. Por su lado, España es un mercado muy interesante porque tiene una base lectora fuerte e influye mucho en Latinoamérica. Muchos escritores famosos migraron a España para acelerar su carrera. Yo la empiezo desde acá, no va a ser fácil, pero vale la pena intentarlo sonriendo.

¿Cómo es tu mapa literario? ¿Han cambiado tus preferencias lectoras desde que vives en Barcelona? ¿Cuáles son tus principales referentes literarios?

     Mis preferencias cambian no solo con la ciudad,  sino también con el momento en que me encuentro. Supongo que a todos nos pasa. Eventualmente me engancho con un autor, pero eso me dura lo que me toma leer todos sus libros. No tengo libros específicos en la mesa de noche para releerlos. De los consolidados, por ejemplo, me he enganchado con Murakami, Kundera, Vargas Llosa, Benedetti, Ribeyro. En esta época estoy entretenido leyendo autoras latinoamericanas como Samantha Schweblin, Mariana Enríquez, Pilar Quintana y Fernanda Melchor. Estilos diferentes, marcados y relatos impactantes. Ambiciono su nivel, actualmente son un punto de referencia para mí.

 

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