FICCIÓN

Carta de Ulises a Circe

   Mientras camino a tu casa, Hermes se cruza en la senda y me adelanta tu jugada. Me advierte sobre tu prístino ardid. Al entrar

BRISA

        La flora que abrazaba la cabaña era majestuosa, la vivienda embonaba tan bien en la vegetación, que parecía que hubieran crecido

Los últimos días

Son las tres. La siesta es apacible y el viento mueve apenas las cabelleras rojas de los árboles. El calor sube un grado y él

Pesebre

Nunca hubiera dejado mi caja de juguetes. Fue Antonio el que me puso aquí, contra mi voluntad. Todo empezó cuando armó el pesebre junto a

AZÚCAR

Faltan solo dos días para Nochebuena y hace algo de frío en Miami. La tarde del viernes se cierra rápida y miles de luces chiquitas

ZIPLOC

La calle era un fuego, lo comprobé el mismo día que aterricé. Toqué el pavimento con la mano y quemaba. Di apenas una vuelta manzana

Comadre

                                       Si Jimena hubiera podido, habría renunciado

Carta de Ulises a Circe

   Mientras camino a tu casa, Hermes se cruza en la senda y me adelanta tu jugada. Me advierte sobre tu prístino ardid. Al entrar

BRISA

        La flora que abrazaba la cabaña era majestuosa, la vivienda embonaba tan bien en la vegetación, que parecía que hubieran crecido

Los últimos días

Son las tres. La siesta es apacible y el viento mueve apenas las cabelleras rojas de los árboles. El calor sube un grado y él

Pesebre

Nunca hubiera dejado mi caja de juguetes. Fue Antonio el que me puso aquí, contra mi voluntad. Todo empezó cuando armó el pesebre junto a

AZÚCAR

Faltan solo dos días para Nochebuena y hace algo de frío en Miami. La tarde del viernes se cierra rápida y miles de luces chiquitas

ZIPLOC

La calle era un fuego, lo comprobé el mismo día que aterricé. Toqué el pavimento con la mano y quemaba. Di apenas una vuelta manzana

Comadre

                                       Si Jimena hubiera podido, habría renunciado