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Callejeando en Brooklyn y Miami

Cada vez que entro a la lavandería de mi barrio, en Brooklyn, me fijo si no estarán ahí las contrapartes de Martín y David, los dos inmigrantes que se conocen en un coin laundry de Miami y se hacen amigos en la novela Callejeros (Nueva York: Sudaquia Editores, 2021), de Pedro Medina León. Busco a dos tipos jugando dominó o naipes, contándose sus historias de migración y haciendo planes para ir a algún bar a tomar cerveza y comer pupusas, por ejemplo. Hasta el momento no los he encontrado, pero sé que andan por ahí, en Sunset Park o Jackson Heights, barrios “panlatinos” de Nueva York.

Sobre todo me gustaría encontrarme a Martín, el personaje principal y narrador de Días de ficción, la novela escrita en forma de diario de un inmigrante recién llegado a los Yunáited Estéits e inserida dentro de la novela de Medina. Martín me parece buen tipo y su historia de migración aporta nuevos matices a la literatura de la inmigración latinoamericana a EE.UU. Además me gusta la música que le gusta, aunque tengo algunas discrepancias y reclamos que hacerle.

El Martín de Días de ficción es un joven peruano que abandona sus estudios de derecho en Lima y emigra a Miami para ser escritor: “En mi clóset dejé cinco ganchos con mis sacos y en cada gancho varias corbatas”. No los necesitará en el trópico de Florida, pero tampoco necesitará bermudas y polos marca Ralph Lauren, que tanto les encantan a los niñitos-bien latinoamericanos que van de paseo a Miami, porque Martín va a buscarse la vida como pueda.

En sus apuntes diarios, formula observaciones que se convierten en una teoría de la migración a Miami y, quizá, a las ciudades cosmopolitas de la Yunai: “La primera pregunta que le hacen a uno y que uno hace cuando le presentan a alguien es ¿de qué país eres? En Lima la pregunta es ¿de qué colegio eres?” La primera pregunta me parece más interesante, aunque no le pregunten a uno el nombre, mientras que la segunda me deja la sensación de una sociedad clasista y asfixiante y me da a entender de qué huye Martín. Luego: “La segunda pregunta obligada es ¿cuántos años tienes en Miami? Cinco es más o menos el tiempo de adaptación al nuevo país. Antes se vive en un mundo paralelo, con la comparación de lo dejado atrás, que incluso tiende a idealizarse.” ¿Cuántos años demoré yo? Las anotaciones de Martín me llevaron a hacerme esa y otras preguntas y a querer conversar sobre esa teoría vivencial de la inmigración.

En sus primeros meses, Martín se encuentra con la realidad de los inmigrantes que trabajan sin autorización, donde sea y como pueden, para salir adelante. La condición de indocumentado hermana al protagonista con una serie de personajes que no se cruzarían en Latinoamérica por divisiones de clase social. En callejones, bares y cocinas de restaurantes conoce también, por dentro, una realidad más sórdida (noir) de la que conocería como estudiante de derecho en Lima. Son ámbitos de encuentro pero también de soledad: “Uno de los espectáculos más desoladores es ver la lluvia del trópico bañar los alleyways sin ningún tipo de clemencia”.

Al mismo tiempo, empieza a vislumbrar la posibilidad de crear arte al relacionarse con otros inmigrantes que se han quedado chambeando en Miami mientras escriben, filman y tal. Va formando una comunidad que, muchos años después, constituirá su hogar personal, cultural y literario. Me gustaría preguntarle que sucedió en los dieciocho años que transcurrieron entre sus primeros meses en Miami y el afterword de Días de ficción.

Y bueno, me gustaría invitarte a una cerveza y conversar sobre música, Martín. Tenemos coincidencias, pero también discrepancias. Todo bien, las bandas inglesas de los ochenta y noventa eran mejores que las gringas. Y sí, Fito Páez y Soda Stereo y los demás eran buenos. Pero creo que se te fue la mano al escribir, entre los recuerdos de tu etapa de colegial en Lima, que “los argentinos eran los ingleses de Latinoamérica. El primer Soda, nuestros Smiths. El último, U2” Para comparar a Soda con los Smiths o el U2 (¡irlandés!) de aquella época, tenías que estar bien sobrecogido por la nostalgia. Y ya que recordabas bandas argentinas, ¿adónde dejaste a los Enanitos Verdes? Y entre las gringas, ¿qué pasó con R.E.M., surgida de los bares universitarios de Georgia? Y quizá no conociste a Toad the Wet Sprocket, Martín, pero si querés te presto mis cassettes para que la escuchés. ¿Tenés cassettera? Seguro la dejaste en Lima. Te presto la mía.

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