Un fantasma recorre la Florida

Ron DeSantis durante la noche electoral en Orlando, Florida, en noviembre de 2018
Fotografía de archivo: Ron DeSantis en Orlando, 6 de noviembre de 2018. Foto: Carlo Allegri / Reuters.

Parodiando la célebre frase de Carlos Marx y Federico Engels que da inicio al Manifiesto comunista, podemos afirmar que en estos días de elecciones al Congreso de Estados Unidos y a otros puestos políticos un fantasma recorre la Florida: el fantasma del comunismo.

En efecto, los anuncios de los candidatos republicanos a diferentes cargos públicos en el Estado del Sol utilizan hasta el cansancio advertencias contra el “comunismo” y el “socialismo” dirigidas al público votante.

Es una burda estrategia de movilización política, con tintes macartistas, orientada principalmente a conectar con los electores hispanos en la región meridional del estado.

El sur de Florida, especialmente áreas como Miami, alberga a comunidades numerosas de refugiados e inmigrantes de países que tienen o han tenido gobiernos de izquierda, y a sus descendientes. Muchos votantes de origen cubano, por ejemplo, sienten el socialismo o el comunismo como una experiencia personal de ausencia de libertades, pérdida de propiedades, separación familiar, crisis económica. Las campañas de los candidatos republicanos intentan aprovechar este trauma para ganarse el favor del electorado en las urnas.

La estrategia del marketing republicano se centra en vincular las plataformas del Partido Demócrata con posturas socialistas. Al resaltar a figuras del ala más progresista de los demócratas —como los afiliados a los Socialistas Democráticos de América (DSA)—, los republicanos alegan que votar por los demócratas debilita el sistema capitalista y acerca al país a políticas de izquierda.

Los candidatos demócratas rechazan esas etiquetas políticas. Muchos argumentan que los ataques de los republicanos distorsionan los programas sociales que proponen los demócratas, como un sistema de salud pública universal o un mayor acceso a la educación universitaria. Las campañas electorales de los candidatos republicanos son una táctica de guerra sucia para desviar la atención de los problemas económicos y otros males que sí afectan a la población general.

Definir la contienda política como una lucha ideológica existencial entre la “libertad” y el “comunismo” simplifica y altera el debate, desviando la atención del público hacia una presunta amenaza de tratar de imponer en el país un modelo comunista o de izquierda radical.

Pero esa amenaza es inexistente. La realidad es que las propuestas como la cobertura sanitaria universal o la educación universitaria pública gratuita se alinean con los modelos socialdemócratas de Europa Occidental o Canadá. Y esos modelos no se pueden considerar comunistas: tanto Canadá como los países europeos operan bajo economías de mercado capitalistas y sistemas democráticos consolidados, muy alejados de las dictaduras de partido único.

Desde la perspectiva conservadora estadounidense, expandir el control del gobierno sobre sectores esenciales como la salud o la educación socava la libre empresa, requiere aumentos enormes de impuestos y restringe la libertad individual. Para este sector, las propuestas de los socialistas democráticos, o de los demócratas en general, no constituyen alternativas moderadas, sino un paso hacia el intervencionismo estatal, que consideran asfixiante. Sin embargo, no les importa que el Estado intervenga para socorrer a grandes empresas en peligro, como sucedió en la crisis financiera de 2008. O que conceda enormes exenciones fiscales a magnates multimillonarios.

Tampoco tienen en cuenta las estimaciones de estudios anteriores que atribuyen a la falta de cobertura de salud más de 25.000 muertes anuales en Estados Unidos, y posiblemente hasta 45.000. Ni que los recuentos nacionales han registrado a más de 700.000 personas sin hogar, en un contexto de falta de viviendas asequibles.

El verdadero debate no debería enfocarse en acusaciones ideológicas de dudosa credibilidad, sino en los problemas reales, como el costo de la vivienda o de los seguros, el malestar económico generado por la subida del precio del petróleo, o el acceso insuficiente al cuidado de la salud. Pero los estrategas de las campañas republicanas saben muy bien que en el sur de la Florida, palabras como comunista o socialista activan el trauma de muchos votantes que huyeron de gobiernos de izquierda. De manera que en este tramo final hacia las elecciones de medio término del 3 de noviembre, el fantasma del comunismo sigue recorriendo la Florida.

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