«Lo dejamos acá»: Darín y Peretti salvan el barco de Goldfrid

Ricardo Darín y Diego Peretti en Lo dejamos acá, con tratamiento pop azul, naranja y blanco
Fotograma de Lo dejamos acá, vía Ruleta Rusa. Intervención gráfica pop para Suburbano.

Cuando vemos ciertas películas, algunos cinéfilos pensamos en el nombre de quien se puso detrás de las cámaras para dirigir una historia y, en función de eso, nos lanzamos al vacío porque tal o cual cineasta garantiza, al menos en teoría, una cinta de calidad que puede acaparar los halagos de la crítica y la aprobación de un público que, si bien no necesariamente es masivo, es lo suficientemente vasto para guardarle la admiración a ese director o directora.

Pensamos también, algunos cinéfilos, por el contrario, que no necesariamente el nombre de ciertos actores o actrices de prestigio garantiza el acudir a una cita con el cine para atestiguar una gran película, porque no siempre la capacidad actoral salva del naufragio a una obra.

Recién se ha estrenado Lo dejamos acá (2026), del director argentino Hernán Goldfrid, protagonizada por dos de los mejores actores de la actualidad en ese país sudamericano: hablamos de los eminentes Ricardo Darín y Diego Peretti.

La sola presencia de ambos actores sudamericanos en una película puede hacernos sentir que estamos ante la posibilidad de encontrarnos con una historia que valdrá la pena y ser testigos de su trabajo. Sabemos que su actuación será garantía, pero ignoramos si la historia narrada estará a la altura de su prestigio y de su capacidad superlativa para representar personajes variopintos.

Lo dejamos acá narra la historia de Ulises Verón (Darín), un respetado y prestigioso psicólogo, y Martín Bouchard (Peretti), un famoso escritor bloqueado en su creatividad que acude a Verón para que lo ayude a destrabar su empantanada vena literaria.

Verón se encuentra en un momento en que siente que la pragmática de la psicología ya no funciona para ayudar a sus pacientes, y es entonces que decide tomar en sus manos la vida de las personas que acuden a su consultorio para ser él quien resuelva sus problemas sin dejar que los aquejados hagan conciencia por sí mismos de la problemática que rige su existencia.

Su arriesgado convencimiento de que los métodos convencionales de la psicología no son ya efectivos lleva a Ulises Verón a entrar en un laberinto imposible de cruzar, porque se olvida de que sus pacientes, aun dentro de sus más horrendas cuitas, pueden ser capaces de resignificarse y, ante tal certeza, Verón habrá de desbarrancar en esta historia clasificada dentro del género de la comedia negra.

La nueva obra de Hernán Goldfrid falla por momentos, porque, si bien Darín y Peretti solventan de gran manera sus personajes en Lo dejamos acá, la historia se devanea en una narración irregular al presentarnos puntos muy altos de brillantez, sobre todo en los diálogos y las situaciones planteadas, para luego caer en líneas de personajes desarrolladas de manera insuficiente y en recursos poco originales para saldar un conflicto.

La nueva película de Goldfrid no podemos decir, sin embargo, que naufraga del todo. Ya dijimos que cumple muy bien con algunos parámetros narrativos y la descripción puntual que hace de los personajes de Verón y Bouchard, pero justo es decir que, si la cinta del cineasta sudamericano no hubiera sido protagonizada por Darín y Peretti, la historia habría quedado como una obra sin el magnetismo manifiesto que al menos logran imprimirle ambas luminarias argentinas.

En descargo de Hernán Goldfrid podemos decir también que el director no pretende, evidentemente, descubrir el hilo negro de las películas enmarcadas como cintas de suspenso ligero, tenue, sin grandes aspiraciones en la historia de la comedia negra. No, Lo dejamos acá se centra en esa peculiar relación entre el escritor y su terapeuta, con algunos personajes satelitales, pacientes de Verón que enfrentan las descarnadas formas del psicólogo, implacable en su método para adentrarlos en su fracturada realidad.

Momentos significativos de la película se muestran cuando Ulises rechaza el premio al mejor psicólogo otorgado por una famosa fundación. En dicha escena, Verón cuestiona hasta dónde realmente la psicología sirve a los que la necesitan e increpa que los pacientes necesitan más hechos y menos palabrería en los consultorios.

Otros instantes memorables de la obra de Goldfrid se presentan, por ejemplo, en el programa de televisión en el que Ulises es invitado a responder preguntas del público, ansioso por encontrar soluciones a sus problemas de vida cotidiana, y Verón es directo, punzante y hasta agresivo con los participantes.

O, por supuesto, un baile que realizan en el departamento de Bouchard y el primer encuentro que tiene Ulises con Martín, encuentros que se sucederán a lo largo de la cinta y permitirán el disfrute de un duelo actoral que le otorga un valor no menor a esta nueva producción del cine argentino.

Ya Hernán Goldfrid había dirigido a Ricardo Darín en Tesis sobre un homicidio (2013), otra historia igualmente irregular en donde Darín interpreta a un abogado convencido de que uno de sus brillantes alumnos asesinó a una mujer justo enfrente de la Facultad de Derecho.

Por su parte, Diego Peretti también ha sido dirigido por Goldfrid en Música en espera (2009) y en dicha historia personifica a Ezequiel Font, un compositor en crisis que busca la inspiración para escribir la música de una nueva película.

Y si bien la crítica no es unánime en notas reprobatorias ni aprobatorias con el trabajo cinematográfico de Goldfrid, no está de más recalcar, sin embargo, que el cine del director sudamericano siempre ha tenido una muy buena acogida.

Los espectadores argentinos que han visto Tesis sobre un homicidio, Música en espera y ahora Lo dejamos acá ven una fuente de divertimento seguro y sano de la mano de un cineasta con un gran potencial, pero, a mi parecer, aún no llega a su máxima capacidad creativa.

Y ya, mejor lo dejamos acá.

La señal

En 2007, Ricardo Darín codirigió con Martín Hodara y coprotagonizó junto a Diego Peretti La señal, un muy aceptable noir argentino en donde Darín da vida al detective Corvalán y Peretti a su socio Santana.

Vaya la recomendación para aquellos seguidores de este par de grandes actores argentinos que hace casi 20 años protagonizaron esta cinta y hoy, en 2026, se vuelven a encontrar porque, sólo por verlos trabajar juntos una vez más, vale la pena ver la historia de Hernán Goldfrid.

Raúl Muñiz Torres

Comunicólogo, educador, periodista, cinéfilo, seriéfilo, lector, fanático del club León, amante del tinto y el ron nicaragüense. Las primeras dos cosas se las debe a la Universidad Iberoamericana; la tercera, a los muchos años en diversos medios de comunicación recorridos en León y la Ciudad de México; el resto, al asunto de vivir lo que las pasiones mandan. Es un convencido de que un mal día se resuelve, entre otras cosas, con una buena dosis de tinto, cine y lectura.

Cortesía de Ruleta Rusa.

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