
Al sur de la frontera, en el puerto de San Felipe, Baja California, todo el personal de la producción de la cinta Raid on Rommel trabajaba al vapor para poder terminar la película lo más pronto posible. Era el verano de 1970 y entre escena y escena, el actor Richard Burton leía, para olvidar los percances de la filmación, novelas policiacas (de Ross MacDonald), libros de política e historia. Y continuaba escribiendo su diario, que sólo hasta 2012 se publicaría. En sus páginas aseguraba que, para los Estados Unidos, se vendría una guerra civil entre nativos americanos, chicanos y afroamericanos por un lado y blancos por el otro. Cuando se diera semejante conflicto, pensaba, ya estaría a salvo en un remoto pueblo de Suiza. Otra cuestión importante, que anotó en su diario del 22 de julio, fue la presencia del actor alemán Karl Otto, que gustaba, después de quitarse su uniforme de comandante alemán, ir por las calles de San Felipe vestido de charro, luciendo un enorme sombrero mexicano, camisa y pantalones de cuero negro. Al verlo, Elizabeth le preguntó por qué lo hacía. La respuesta fue: “Yo siempre me visto así cada sábado en la noche en honor de nuestro país anfitrión”. Para el 24 de julio, el actor británico señaló que “Ayer fue otro día de calor intenso para nosotros, los actores, sobre todo porque vestíamos botas militares y uniformes de cuello alto y cinturones muy apretados a la vez que los reflectores y los arcos de luz nos iluminaban. Experimentamos un calor más fuerte que el infierno, frase que, según Hathaway, bien podría convertirse en el título de la película”.
El domingo 26 de julio no fue un buen día para Richard Burton. Debido a las exigencias de la filmación, afirmaba que se sentía tanto frustrado como aburrido, pero lo peor era el dolor en su espalda que, bajo ninguna posición o postura, se le quitaba. Ese mismo día dos periodistas lo entrevistaron, asediándolo con preguntas que consideró convencionales. A pesar del dolor, se vanagloriaba de su agilidad para entrar y salir, para subir y bajar de camiones del ejército y de tanques. A Hathaway lo consideraba un consumado profesional que todo lo hacía a tiempo. El lunes 27 de julio, Elizabeth llegó por sorpresa a San Felipe. Venía a recogerlo pues esa semana era la última en que Burton filmaría. La película, en su etapa de producción, llegaba a su fin. Al día siguiente, tuvo mucho trabajo corriendo, gritando y operando un lanzallamas: “una vez me cayó en la espalda y estaba muy caliente”. En estas jornadas, la prensa ya había encontrado la pista del actor británico y había numerosos periodistas de revistas como People y Look, que Richard llamaba “periodismo barato”. El miércoles 29 de julio fue el día de cierre de la filmación y Burton, que aún seguía lastimado, apuntaba que: “Vamos a volar esta noche, en una avioneta Cessna de doble motor, de aquí a Mexicali y Calexico y ya obteniendo el permiso, directamente a Burbank y de ahí en automóvil a casa. Todos estamos aliviados de que haya terminado la filmación y muchas personas, aparte de mí, verán este periodo sin ningún placer. Es un abrir de ojos cuán eficiente es trabajar con un personal reducido. Hicimos esta película con menos de un millón de dólares. Hathaway era el más enojado, quizás porque esto terminó”. Y ahora, para Elizabeth y Richard, su mirada estaba ya puesta en su viaje a Europa, en nuevas películas por llevar a cabo, en nuevas obras teatrales por hacer.
Aunque la prensa siguió el rastro de la filmación de Raid on Rommel, aquí sólo me centraré en aquellas piezas periodísticas que tomaron en cuenta el escenario mexicano de su realización. En el Southside Journal (13-VIII-1970) apareció una nota titulada “Richard Burton está terminando Rommel”. Firmada por Orin Borsten, estaba fechada en San Felipe y describía al actor como “20 o 30 libras más delgado, cabello rubio pajizo decolorado por el sol de México”. Parte era un reportaje y parte una entrevista:
Al casarse con Elizabeth, dejó saber que se ha convertido en un actor de cine mucho mejor. La estrella nacida en Gales no se quedó atrás como actor antes de Cleopatra», pero hubo diferencia en la calidad de su actuación al comienzo de su carrera cinematográfica y en el último período de películas como «¿Quién teme a Virginia Wolf? y «Ana de los mil días», insistió. «Elizabeth es una de las mejores actrices de cine que jamás haya existido», dijo Burton enfáticamente, sin aceptar ningún desafío. «No podía entender por qué, cuando ella aparentemente no hacía nada en la pantalla. Sin embargo, era muy efectiva. Parecía no hacer nada. Así que pensé en intentar lo mismo y funcionó para mí. EN LOCACIÓN Burton es en esta primitiva ciudad costera en el lado del golfo de la península de Baja California, terminando su papel en Raid on Rommel de Universal bajo la dirección de Henry Hathaway. Esa mañana, Elizabeth se había ido a Hollywood con dos de sus hijas, Liza y Marla, debido a las temperaturas que subían. Hasta 130 grados, y una prevalencia de escorpiones, tarántulas y turistas estadounidenses curiosos. El propio Burton no se había sentido tan nervioso ante los buscadores de autógrafos y los recaudadores de impuestos, pero admitió que tenía sentimientos encontrados acerca de la fama. “Y si no te reconocen, también te pones de mal humor. Así que no sabes muy bien dónde estás, pero creo que es el tipo de fama más perfecto, ya que la fama es algo deseable. todos menos los santos y quizás hasta ellos quieran ser famosos es lo que yo llamo fama anónima. Tengo un amigo. Graham Greene, que es un escritor famoso. Ahora su tipo de fama es maravillosa, porque el público no sabe cómo es su cara y él puede ir a todas partes sin que lo molesten. Pero si eres un escritor famoso como lo fue Hemingway o una estrella de cine, te reconocen inmediatamente y todos actúan para ti porque eres famoso. En sentido estricto, ya nadie es él mismo. La mujer sentada en la mesa de al lado finge porque está consciente de la proximidad de un actor famoso y con mi esposa todos los hombres que la reconocen actúan como cacatúas”.
Según dio a conocer, sus planes después de Raid on Rommel eran inciertos, esperaba encontrar una obra teatral que lo desafiara como actor y decía que se estaba haciendo viejo y, por ello, era menos ambicioso. Más que considerarse un actor emblemático, él afirmaba que “la actuación es un negocio pasajero”. Un día más tarde, The Tracy Press, diario californiano, sacaba también un reportaje desde San Felipe, esta vez firmado por James Meade y titulado “Firma autógrafos para fans entusiastas”, donde se decía que:
La ansiosa conquista del imperio británico, especialmente durante el siglo XIX, inspiró a Noel Coward a decir que “Sólo los perros y los ingleses salen al sol del mediodía” “También los actores de cine, incluidos los galeses” Richard Burton se corrigió al dejarse caer en una silla junto a la locución de «Raid on Rommel» de Universal, una película de acción de guerra que acaba de completar cuatro semanas de rodaje en dunas de arena cercanas. La trama tiene a Burton, un comandante inglés, que moldea a los médicos en comandos para disparar las armas. de Tobruk, permitiendo así que la marina real estuviera cerca de destruir los suministros de combustible de Rommel. El desierto de Baja California y el Golfo de California se adaptan muy bien al norte de África y el Mar Mediterráneo. “Pasamos dos días disparando dentro de un tanque”, dijo Burton disfrutando de la temperatura relativamente tolerable de 110 grados, aunque algunos días alcanza los 130. “Varios de nuestros actores, incluido mi coprotagonista John Colicos, se han desmayado, pero el calor realmente no me molesta” Burton dijo: “El hombre más sorprendente es Hathaway, que siguió trabajando bajo el sol cuando los más jóvenes ya no podían más”. Henry Hathaway, es un director veterano que comenzó en la época del cine mudo. Su edad de 73 años es la más cercana a la temperatura. La hoja de llamadas de Hathaway para el día enumeraba 38 montajes y había filmado 22 de ellos al mediodía. “Es un ritmo absolutamente increíble para una película y Hathaway es increíble”, dijo Burton. “Hemos hecho de 10 a 12 páginas de guion al día y hemos hecho un promedio de seis frente a las dos o tres páginas habituales que ocupan un minuto por página en la película. Es casi una técnica televisiva. “Por supuesto que se necesita un reparto y un equipo superprofesionales”, añadió Burton. “El reparto debe conocer las palabras y la acción sin demora”. Pero incluso con la presencia de una de las mujeres más bellas del mundo, el director no bajó el ritmo de la filmación. Elizabeth lució genial y encantadora en medio de una multitud. de miembros del equipo y del elenco sudorosos y ocasionalmente luchando.
Para Burton, después de haber hecho Cleopatra (1963) con Elizabeth Taylor, que no logró pagar el costo de su elevada producción, tenía muy claro que las películas que debía hacer eran aquellas de bajo presupuesto rápidas de realizar. Por eso admiraba a Hathaway y su estilo de filmar con un ritmo veloz. Meses después, Orin Borsten volvió a Raid on Rommel, pero enfocándose en Danielle de Metz, la actriz principal. En el periódico Southwest Wave (8 de octubre de 1970) y bajo el título de “Foco: Hollywood”, reportaba que Danielle era una actriz francesa muy hermosa y sensual, de cabellera salvaje, que, al igual que el resto de los miembros de la producción, sufrió las altas temperaturas de San Felipe.
Ella se comunica muy bien a Henry Hathaway. “Él me entiende. Yo lo respeto. Ahora yo creo en él cree en mí. Eso es importante en una película”. A pesar del carácter irascible de Hathaway, capaz de hacer temblar a John Wayne en sus propias botas. Danielle habla de escorpiones, mosquitos, temperaturas de 130 grados, falta de comunicaciones y otros rigores de la locación mexicana. Danielle dice que “no fue tan difícil como esperaba. Yo estaba un poco asustada. Era la única mujer del reparto entre puros hombres. Nada pasó. En realidad, yo les llevé un poco de luz a la compañía, fue bueno para la moral. Filmar en San Felipe fue como regresar a la naturaleza. No teléfono. No radio. No nada. Es terriblemente caliente el desierto, pero su belleza te sorprende. Al principio, el calor casi me ahogó, pero me dije a mí misma: Tú eres fría. Tú eres caliente. Supéralo. Un actor se colapsó, pero yo estuve bien. Yo no soy una superchica pero hago yoga y eso me ayudó. Cada mañana hacía ejercicios respiratorios y por la tarde, cuando los hombres caían rendidos por el calor, yo iba a mi tráiler y hacía más ejercicios respiratorios. Incluso yo tuve una escena en que saltaba de un camión a otro camión. En otra escena subía corriendo una colina del desierto. Muchos de los compañeros me dijeron que podía usar un doble, pero nunca me quejé. Leí el guion y supe que el director Herny Hathaway nunca me haría hacer algo que me lastimara”. Hubo otra belleza de fábula en San Felipe mientras se filmaba Raid on Rommel, pero las extremas temperaturas la obligaron a retirarse a Beverly Hills. Elizabeth Taylor –la esposa de Richard Burton- no hace yoga, por lo que sabemos, y sus poderes pulmonares son ordinarios. Como sea, Elizabeth mantuvo a Danielle bajo su mirada de águila. Richard me la presentó. Yo tenía mucho interés en conocerla. Elizabeth es una mujer hermosa, pero pocos saben que es más bella en su interior. Cuando me la presentó recibí de ella un buen, caluroso y amigable saludo de mano. Richard me había dicho que es muy tímida, muy reservada, y ahora lo he comprobado. Lo que los une a ambos es una cosa rara y maravillosa.
En marzo de 1971, Raid on Rommel se estrenó, sin llegar a ser un gran éxito en los Estados Unidos, aunque se mantuvo en cartelera por varios meses, recuperando su inversión. En Europa, en cambio, tuvo grandes ganancias, en especial en París, Roma y Milán, según lo anotó Richard Burton en la entrada de su diario del 4 de septiembre. Como obra cinematográfica no le iba a dar más prestigio como actor serio a Burton, pero le otorgaría ganancias para su bolsillo. No fue una película para recordar, sino un espectáculo de entretenimiento que, como el propio actor británico lo adivinó, sirvió para atraer al público que gustaba de cintas de guerra, donde las explosiones sustituían a la actuación. Más tarde, en la entrada del 23 de octubre de 1971, diría con todo el descaro del mundo: “Raid on Rommel es un chiste que dio buenos dividendos”. Sin embargo, para los críticos de cine, como Pierce Carson del Napa Valley Register (22 de mayo de 1971), el juicio era tajante sobre los valores cinematográficos de la cinta: “He visto mejores escenas de combate en películas hechas en casa. Es un desastre”.
Para entonces, los Burton, como buenas celebridades, se la pasaban viajando por Europa, filmando nuevas películas, yendo a conciertos, disfrutando las fiestas de principios de los años setenta con otros tantos famosos y famosas, como Peter O´Toole y Liza Minelli. Su estancia en Mexicali y San Felipe quedó en los diarios de Burton como un periodo excéntrico entre las tantas excentricidades de su profesión. Una temporada en el infierno, como diría el poeta Arthur Rimbaud. Se había sufrido estoicamente el verano en esta región del mundo y lo más pronto posible se había dejado atrás. Como un espejismo más entre los tantos espejismos del desierto. Un brillo en el paisaje del cual sólo queda la sensación de una presencia elusiva, etérea, sin contornos precisos. Como las películas en una sala de cine.
Pero, desde el punto de vista de los ciudadanos fronterizos que se toparon con las locaciones donde se filmaba la película, que convivieron con los artistas de Hollywood en restaurantes, supermercados y tiendas de curiosidades, la producción de Raid on Rommel representó una oportunidad de ver, en vivo y en directo, cómo se hacía cine al estilo de las cintas de Hollywood: con persecuciones, explosiones y lanzallamas. Sin embargo, la memoria de tal experiencia se mantuvo por décadas como un momento significativo de sus vidas en la frontera. Yo entonces, a mis doce años, recuerdo las conversaciones de mi madre con sus amigas, aquella frase tan repetida: “Los saludé en la fila del mercado: parecían gente normal”. Claro, queda una duda enorme sobre esta producción cinematográfica. ¿A qué ejecutivo de Hollywood se le ocurrió filmar en el desierto mexicalense en pleno verano? Muchos años después, en 2006, se grabó en los mismos lugares Resident Evil: Extinction (2007) y su director, Russell Mulcahy, acabó hospitalizado por un golpe de calor. La moraleja era contundente: aquí el verano imponía su dominio. Sin excepciones. A rajatabla. Incluso las imágenes en movimiento, como lo prueban los diarios de Richard Burton, debían someterse a sus condiciones climáticas extremas. En México, la película de Hathaway se tituló Comando en el desierto. Y su propósito no dejaba lugar a dudas al espectador: era una misión suicida.
Celebridades y guerra en el desierto fronterizo parte I





