
Antes de la era del internet y las redes sociales, antes de que el culto a las celebridades se hiciera dominante, en los años sesenta y setenta del siglo pasado hubo una pareja de famosos personajes del espectáculo que acaparó los titulares de los periódicos: Elizabeth Taylor (1932-2011) y Richard Burton (1925-1984). Ambos eran actores británicos de los grandes estudios (más ella que él) y su relación de amores y desamores mantuvo la atención del público. Taylor empezó siendo actriz infantil y llegó a aparecer en numerosas películas de gran resonancia mediática: National Velvet, Giant y Butterfield 8. Burton venía de la escena teatral clásica y fue actor de carácter en películas como The Robe, Look Back in Anger, The Longest Day y Becket. Ambos se enamoraron en el set de la monumental Cleopatra en 1962 y se casaron dos años más tarde. A partir de ser pareja, filmaron juntos películas como The Sandpiper, The Comedians y Who´s Afraid of Virginia Woolf? Por esta última cinta, Taylor obtendría el Oscar a mejor actriz en la ceremonia de premiación de la Academia de Artes Cinematográficas en 1967.
Burton, a la vez que leía guiones para cine y libretos para obras de teatro, le interesó escribir un diario desde la adolescencia. Los primeros cuadernos de este diario datan de 1939 y fueron escritos, intermitentemente, a lo largo de su vida. En forma de libro no se publicarían hasta 2012, cuando fueron editados por Chris Williams bajo el título de The Richard Burton Diaries. Hacia 1970 Elizabeth y Richard eran, junto con Jacqueline Onassis y los Beatles, celebridades que todo el mundo conocía en sus trabajos y placeres, en sus triunfos y fracasos. En el verano de 1970, Burton aceptó filmar una película de guerra, de la Segunda Guerra Mundial, para el director Henry Hathaway (1898-1985). Se ubicaba en el norte de África y se llamaría Raid on Rommel. La produciría el estudio Universal Pictures. Pero no sería ninguna superproducción sino una película regular para sacar provecho al cine bélico tan de boga entonces.
Hathaway era un director veterano de películas de acción. Para 1970 contaba con 72 años y ya estaba en la etapa final de su trayecto como director de cine, especializado en cintas policiacas, de guerra y de vaqueros, muchas de ellas protagonizadas por Randolph Scott, Gary Cooper, Sofía Loren, John Wayne y Steve McQueen. Tanto Hathaway como Burton habían trabajado en películas ubicadas en el la campaña del norte de África durante la Segunda Guerra Mundial. Para el director, su primera experiencia había sido The Desert Fox: The Story of Rommel (1951), protagonizada por Jame Mason. Para Burton, el tema de los enfrentamientos bélicos en contra del general alemán Erwin Rommel, tampoco era nuevo para él. En 1953 había filmado The Desert Rats, bajo la dirección de Robert Wise, donde personificó a un capitán del ejército británico que peleaba contra el ejército alemán bajo las órdenes del general Rommel. Hathaway, buscando que el presupuesto le acomodara, decidió filmar en algún sitio cercano y barato. En el desierto del municipio de Mexicali, a la altura del puerto de San Felipe, encontró el lugar adecuado. Burton, como la estrella principal, aceptó el viajar a México y residir allí por un periodo de unas seis semanas mientras se rodaba la película. Para él y para Elizabeth, México era un lugar que disfrutaban desde que Richard filmara en Puerto Vallarta y bajo las órdenes de John Huston, The Night of the Iguana unos años atrás. Además, Elizabeth no se encontraba bien de salud y estaba hospitalizada por una anemia al inicio de la producción. Así que el separarse de su esposa por unas corto periodo no iba a ser un gran inconveniente, excepto porque no iba a acompañarlo en locaciones.
¿Qué dicen los diarios de Burton de su experiencia de hacer una película no en Londres o en Nueva York sino en Baja California, en plena frontera? Para el actor británico era un trabajo más, pero un trabajo en el que ponía toda su atención como el profesional que era. Desde las primeras alusiones surge el dilema entre lo familiar y lo laboral. Debido a que su esposa estaría convaleciente de seis a ocho semanas, el 7 de junio de 1970 escribía en su diario: “Eso significa que no podrá venir conmigo a México mientras filmo la película. Será extraño estar sin ella y, sin embargo, quizás no sea una mala idea ya que trabajaré muchas horas y en condiciones difíciles, pues se filmará al amanecer para el intenso calor. Una vez que comience la filmación, quiero terminarla lo más pronto posible y trabajaré en ella las horas que hagan falta y los siete días de la semana, si es necesario”. A lo que agregaba que “no hay película u obra teatral que no me aburra haciéndola después de seis semanas, así que quiero hacer esto rápido”. Por mientras, Burton quiso mejorar su español, que él consideraba apenas aceptable y que había aprendido viendo canales de televisión en español y residiendo en el interior de México, especialmente en Puerto Vallarta, donde Elizabeth y él ocasionalmente residían. Pero el desierto mexicalense poco tendría que ver con el paraíso dorado de Puerto Vallarta.
En los días y semanas siguientes, a Burton le pareció que la película a filmar, Raid on Rommel, era vaga en su libreto y el trabajo de actuar en ella, tedioso, pero ya estaba comprometido y siguió adelante. El 26 de junio, a uno días de empezar el rodaje, escribió: “La producción de la película de Rommel es totalmente caótica. Nadie sabe, de seguro, cuando yo empezaré a filmarla”. De todos modos, ya se iba preparando para viajar a México y recababa cuanta información podía encontrar sobre su nuevo sitio de trabajo. El 28 de junio escribió: “Dos días más antes de irme a México. De lo que se cuenta y he oído del lugar, de San Felipe, no es muy alentador. Las temperaturas suben hasta más de 113 grados. Sólo hay dos restaurantes. La población es de 800 personas. Las aguas están infestadas de tiburones. Estamos en la temporada de huracanes. Sólo hay 33 camas en todo el puerto para los visitantes. La mayoría de la gente vive en caravanas y tiendas de campaña. No hay teléfono. Sólo pilotos expertos pueden aterrizar ahí”. Y con todo el sentido de humor británico resumía la situación: “Aparte de eso, todo OK”.
Para el 3 de julio, Burton ya estaba residiendo en San Felipe, el puerto localizado a doscientos kilómetros al sureste de Mexicali, y escribía en su diario: “Llegamos a Mexicali ayer, tomamos un cuarto por un día en el Hotel Lucerna, llamé por teléfono a Elizabeth, tomé prestado un botones del hotel y fuimos a los supermercados por comida y cosas que necesitaba”, a la vez que sus ansiedades crecían por los trámites a realizar: “Esperamos a que comience la película, a que lleguen los tanques y el armamento que se requiere y con las incertidumbres de la aduana mexicana. Sin embargo, me dijeron que mañana empezaremos a filmar”. A la vez que el actor británico estudiaba el alemán, idioma que debía hablar en algunos diálogos de la cinta, describió el impacto de su presencia en Mexicali: “Aún estoy sorprendido y encantado por la reacción de mi nombre entre las personas que nos encontramos. Yo llegué ayer con Brook (Peter Brook, director de teatro y cine, amigo del actor) al hotel en Mexicali, sin anunciarme y en unos cuantos minutos de andar en los supermercados –fuimos a tres, uno tras otro-, la gente estaba, sin excepción, deleitada de verme y todos me orientaron a dónde ir y comprar lo que necesitaba y se sorprendían cuando yo hablaba español. Me gusta ser famoso. Me sorprendo pensando cómo me sentiría cuando ya no lo sea. El botones, un chico guapo de 21 años que aparenta 15 y que responde al nombre de David, nos llevó de compras en un Impala rentado que yo manejé. Él fue un pequeño Lord por un día”. Todo esto indica que Richard era un actor millonario que entendía que su celebridad no sería cosa de toda su vida sino un fenómeno pasajero, como sucedía mayoritariamente en el mundo de los espectáculos y del entretenimiento de masas al que pertenecía. Gozaba de su fama pero no la consideraba eterna.
El sábado 4 de julio fue el primer día de filmación en San Felipe: “Todo mundo estaba más nervioso que lo normal por la reputación de Hathaway” (de quien se decía era un hombre violento con los actores y el personal de sus películas). Después de probarse el vestuario, Burton vio cómo el director tenía asustados a los integrantes del reparto, gritándoles y maldiciéndolos, especialmente a los jóvenes, que mandó a que se cortaran el cabello para que parecieran soldados. El actor británico lo entendía: el cronograma de la producción no daba para dilaciones de ningún tipo y los actores debían sacrificar sus cabelleras para la verosimilitud de la época y circunstancias de la Segunda Guerra Mundial. Recuérdese que la trama era simple: en 1942, las tropas nazis, comandadas por el general Rommel, ocupaban el puerto de Tobruk, en el norte de África, y se envía un comando de sabotaje inglés, cuyos miembros iban disfrazados de soldados y oficiales alemanes para así infiltrarse en las líneas enemigas. Lo comandaba el personaje que interpretaba Richard Burton, un oficial de inteligencia. En el transcurso de la misión llevan con ellos a una muchacha francesa que capturaron. El comando cumple su tarea pero sacrificando sus vidas.
Como los actores andaban por San Felipe con sus uniformes de soldados alemanes eran muy fácilmente identificados por la población del puerto. Como todos los que trabajaban en la filmación se albergaban en el Motel Reubens, el sitio de reunión era el bar-restaurante del mismo. Al contrario de Mexicali, en San Felipe las multitudes de curiosos se agolpaban alrededor de los sitios donde se filmaba la película. Muchos de los sanfelipenses únicamente reconocían a Richard Burton. En su diario, el actor señalaba que aquel equipo de trabajo era de lo más excéntrico. La noche del 4 de julio, fue testigo de un episodio chusco: “Hathaway le gritó a un estadounidense en el bar que fuera a cortarse el pelo: ¿cuántas veces no te he dicho?, le espetó. El aludido no era un actor sino un atónito turista”.
El domingo 5 de julio de 1970, Burton ya estaba de nuevo en Mexicali, en el Hotel Lucerna, en la habitación 114, la misma que antes ocupara y que según su descripción era un cuarto “bonito, con aire acondicionado, servicio a la puerta e indistinguible de sus contrapartes en los Estados Unidos”. Burton aseguraba que Hathaway abusaba del actor alemán Karl Otto, haciéndolo que repitiera una escena hasta 57 veces y decía de la actriz Danielle De Metz, que hacía de la chica francesa, que era agradable, pero no muy despierta. El hotel Lucerna estaba abarrotado de turistas estadounidenses por el feriado del 4 de julio, el aniversario de la declaración de independencia del país vecino. Era, para Richard, una pesadilla el tener que soportar un fin de semana “en un hotel repleto de visitantes en medio de un pueblo horrible, en un clima de calor asfixiante, donde la única forma de escapatoria era estar metido en tu cuarto con refrigeración o meterte a la alberca junto con un montón de gente”.
Un día después, el 6 de julio, Burton recibió la noticia de que Elizabeth iría a visitarlo a San Felipe. Mientras tanto, Hathaway no daba respiro a nadie con tal de filmar la película en el tiempo previsto. El actor británico debía estar en locación, ya todo listo, a las 10:40 de la mañana y no terminaba su jornada de trabajo hasta las 5 de la tarde. Téngase en cuenta que la filmación de la cinta se realizaba en pleno mes de julio, el mes más caluroso del verano mexicalense, en unas condiciones por demás terribles porque buena parte de la trama sucedía en andar por carreteras y llanuras arenosas, a pleno sol. El 8 de ese mes, escribió: “El calor del desierto es insufrible. La mitad del día yo me la pasaba tirado en la arena y con la boca abierta, pretendiendo estar inconsciente, a la vez que la arena volaba en la dirección equivocada y se metía en mi nariz y boca”. Pero Burton todo lo soportaba porque su único anhelo era que la avioneta con Elizabeth y los niños se apareciera pronto, pero como él mismo lo reconoció: “Como todas las cosas que mucho se desean, el encuentro fue un fiasco”. Y lo fue porque Richard llegó sucio y sudoroso, después de un arduo día de trabajo, y Elizabeth se le ocurrió hablarle de su amigo Marlon Brando, encelándolo. Por mientras, Hathaway decidió que era mejor filmar de 8 a 3 de la tarde y evitar los calorones de julio. Burton le pareció un alivio.
Para el domingo 13 de julio, la presencia de Elizabeth lo tranquilizó: leyó por la mañana, por la tarde le hizo el amor a su esposa y por la noche fueron a cenar y siguió leyendo una novela policiaca de John D. MacDonald. Ante el calor, la mayoría de los que trabajaban en la película se la pasaban borrachos. El martes 14 de julio, hubo novedades en la producción: “Hoy la película se calienta con disparos de armas, lanzallamas y granadas de mano”. Para este momento sólo pensaba en las pocas semanas que le faltaban para que la filmación terminara. Mientras se desesperaba por las interminables repeticiones de Hathaway y por el choque de éste con el actor alemán que hacía del general Rommel, Wolfgang Preiss. Durante el tiempo de la filmación, se estableció una rutina: entre semana todo era trabajo para él y Elizabeth cuidaba a sus hijas en Los Ángeles. Los fines de semana, Taylor volaba a Mexicali-San Felipe para que toda la familia estuviera reunida. Con el transcurso de la producción, Burton se percató que Raid on Rommel no iba a ser una obra cinematográfica importante. El 16 de julio calificó a algunos de los actores participantes como regulares e incluso como malos. Un día más tarde apuntó que: “La actuación en este filme es muy mala y sólo espero que haya suficientes explosiones como para eliminarla o, al menos, para desviar la atención sobre ella”. Ese mismo 17 de julio señalaba que muchos de sus colegas actores no aguantaban el calor de México y se la pasan lamentándose, mientras que él se sentía más fuerte que ellos. Lo cierto es que Richard Burton se crecía ante las dificultades de la filmación: eran un reto a vencer que aceptaba con la disciplina de un actor profesional. Su ordalía en el desierto lo hacía entender mejor al personaje que interpretaba en un entorno de trabajo a destajo.




