La confrontación del cine. Imagen de resistencia.

El arte es difícilmente definible bajo un único concepto debido a la amplitud y subjetividad que se desprende del mismo. Su significado no evoca solamente la pieza artística y material en cuestión, sino también la abstracción y emocionalidad que la misma desprende. No se refiere únicamente al cuadro pintado, no únicamente al acto del baile – desde su punto de vista técnico y los movimientos corpóreos – sino que abarca intenciones e interpretaciones variantes con significados que comprenden desde la crítica intelectual, y pasando por la repercusión popular de un determinado público, hasta acabar en las impresiones individuales de cada sujeto y su relación con la obra desde la individualidad de quien la goza. Así mismo, el arte se ve atravesado por cuestiones asociadas a la historia, la política, la psicología colectiva, se entiende arraigado o desprendido de los conceptos y tabúes sociales indistintamente, pero siempre como elemento respuesta de la sociedad en la que nace.

El arte es cultura, significado, emoción, expresión, es materialidad y subjetividad en sí mismo, pero es al mismo tiempo, desde una mirada más práctica que pasivamente contemplativa, herramienta de control y, a la vez, mecanismo de resistencia.

En este sentido el cine se articula no solo como un medio de entretenimiento, sino como un dispositivo complejo de producción capaz de intervenir en la realidad social. Su dimensión estética propicia la incidencia política y social a través de la articulación de imágenes, sonidos, montaje y narrativas que construyen sentidos. Los cuales sirven tanto a la legitimación del orden dominante como a sus discursos denunciantes o ideologías adversas, y es precisamente en esta segunda dimensión, en la que el cine adquiere valor como herramienta de resistencia.

El cine desempeña un papel fundamental en la lucha político – social a través del arte, porque combina alcance masivo con capacidad técnica para alterar radicalmente la percepción humana. El cine permite representar aquello que otras formas discursivas no logran capturar con la misma intensidad.

A nivel teórico y preceptivo, el filósofo Walter Benajmin (1989) explica que la reproductibilidad técnica del cinematógrafo emancipó al arte de su antigua existencia parasitaria en el ritual mágico o religioso, para fundamentarse en una praxis distinta: la política. A diferencia de la pintura tradicional, que invita a la contemplación silenciosa y pasiva, el cine funciona como un “proyectil” que genera un “efecto de choque” táctil y visual.

En el ámbito de la lucha social, frente a las industrias culturales hegemónicas que monopolizan la imagen, la palabra y el sonido para inocular obediencia pasiva y embalsamar el pensamiento (Boal, 2009), el cine se erige como un frente de batalla para reconquistar la subjetividad. Néstor García Canclini (1990) destaca cómo ciertos movimientos latinoamericanos de vanguardia propusieron un “cine militante” o “cine de acción” para quebrar la pasividad del espectáculo de evasión y convertir la obra en un acto de agresión y de liberación nacional.

Este planteamiento cobra una veracidad tenaz cuando se analiza y pone en escena desde el contexto de la Revolución cubana donde el arte ha operado simultáneamente de estas dos formas.

Pese al Control del Estado y a través del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el cine logró abrir brechas de denuncia dentro de la Isla:

Memorias del Subdesarrollo (1968), dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y basada en la novela de Edmundo Desnoes (1965) constituye precisamente una de las piezas más complejas del cine latinoamericano, puesto que articula una crítica sociopolítica desde el interior mismo del proyecto revolucionario cubano. Edmundo Desnoes (1965). La obra introduce una mirada escéptica, fragmentada y profundamente ambigua sobre el proceso revolucionario. Una de las características más destacable de la misma radica en que su lectura no se sitúa en los márgenes del sistema, sino en su interior, conformando así un ejemplo claro de resistencia y crítica que emerge desde los propios espacios institucionales mediante estrategias de ambigüedad. Alicia en el pueblo de las Maravillas (1990) de Daniel Díaz Torres. Utilizó el tono satírico para cuestionar la hegemonía de la burocracia, la doble moral y los monopolios de poder en la Isla. El gobierno organizó a militantes para repudiar la película dentro de los propios cines donde se proyectaba, orientando que los revolucionarios debían llenarlos para “evitar que un material tan infame envenenara la conciencia del pueblo”.   Por su parte, Fresa y Chocolate (1993), Dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, constituye un hito de resistencia. Ha sido comparado a La cabaña del Tío Tom en la lucha contra la esclavitud, pero aplicado a la lucha contra la homofobia de Estado en Cuba. El filme presentó valientemente el conflicto de la represión, la intolerancia y la existencia de los campos de trabajo de las UMAP. La crítica académica la ha leído como una película que puso en primer plano asuntos sensibles como la homosexualidad y la libertad de expresión.

El estreno generó una reacción emocional colectiva muy fuerte, descrita como “una catarsis entre aplausos y lágrimas” (NW Noticias, 2023). Fue castigado por las autoridades manteniéndolo censurado en la televisión nacional durante diez años.

El cineasta Eduardo del Llano realizó el cortometraje Monte Rouge (2004) independiente que ridiculizaba el aparato de la Seguridad del Estado y el miedo sembrado a los cubanos. La cámara muestra a dos agentes que instalan micrófonos en la casa de un artista, desnudando el absurdo del control policial.  Un año más tarde, llega a escena Habana Blues, una película que sigue a dos jóvenes músicos en La Habana que intentan desarrollar su carrera artística en medio de la precariedad económica de la Isla, la falta de oportunidades y la presión por emigrar. La película fue leída desde adentro y desde afuera como un relato de pobreza, incertidumbre, y falta de horizontes para los jóvenes. Incluso una sinopsis crítica europea subraya que el filme trata la emigración clandestina como “la única salida”, mientras lecturas posteriores la han vinculado al imaginario de artistas que sienten que el país les reduce el futuro profesional y vital.  (Cineeuropa 2005).

Dirigida por Ernesto Daranas la película Conducta (2014) ha sido descrita por la crítica académica como una obra maestra y como una acusación de los contrastes entre hogar y escuela en la Cuba contemporánea, y el propio Ernesto Daranas ha insistido en que su cine está atravesado por temas sociales profundamente personales. La película no se limita a “mostrar problemas”, sino que hace visible una Cuba de violencia doméstica, marginalidad, burocracia, vulnerabilidad infantil y fractura institucional. Esta película destaca por obligar al público a reconocer en pantalla una sociedad real que el discurso triunfalista suele desdibujar.  

José Martí: El ojo del canario (2010): Dirigida por Fernándo Pérez. No se trata, ni se suele analizar este filme como un ejemplo de crítica al sistema, tampoco como parte del activismo o disidencia social, por el contrario. Esta película recrea la infancia y juventud de José Martí, enfocándose en su despertar político y su formación moral. Sin embargo, considero oportuno señalar que la atmósfera histórica y psicosocial (que trasciende la mera recreación biográfica), permite establecer paralelismos con problemáticas contemporáneas relacionadas con la libertad de expresión y los límites del discurso público. En particular, la escena del juicio a Martí ha sido interpretada en lecturas críticas como un momento susceptible de resignificación, en tanto evoca tensiones entre poder, palabra y disidencia que continúan vigentes en la realidad cubana (Pérez, 2010; Chomski, Carr, Prieto, & Smorkaloff, 2019).

Hace poco, en una entrevista realizada en redes sociales el actor Daniel Romero Pilaín (quien representa el personaje de José Martí en la película), regresó sobre la icónica escena:

« ? No tiene usted derecho a la palabra entre tanto no le sea…

? ¿De qué derecho a la palabra usted me habla? Mi derecho a la palabra no ha existido nunca. Me he pasado la vida entera viendo cómo por culpa de ustedes mi familia tiene que sobrevivir en la miseria, viendo cómo las personas que yo quiero tienen que ser humilladas, alejadas, delante de mí, por tener ideas que a ustedes no les convienen. Y todo eso yo lo he tenido que clavar aquí   ? Añade mientras presiona el puño cerrado contra su pecho   ? sin que ninguno de ustedes me dé nunca el derecho a la palabra. A yo poder expresar lo que siento. Pero lo que siento y lo que pienso es que yo no soy …

? ¡Cállese! ¡Que se calle!

? … Porque yo nací en Cuba, soy un hijo de Cuba y como la mayoría de los cubanos lo único que quiero es la libertad de mi tierra y de la gente que piensa como yo, y en esa carta no fue él, fui yo, y en ella están mis principios, mis pensamientos y pienso que el cubano que esgrime las armas contra Cuba no tiene otro nombre más que traidor ¿Y pueden condenarme por eso? ? Un oficial lo sostiene por detrás, intentan retirarlo de la sala   ? ¡Déjame! Que no van a impugnar la libertad de mi pensamiento ? El juez golpea furiosamente el martillo sobre la mesa ? ¡Vamos, Condénenme! ¡Pero es que ustedes son los verdaderos condenados! ¡La razón no se puede imponer por la fuerza!  ? Los oficiales lo sacan a la forzosamente de la sala, lo arrastran hacia la puerta, él grita ? ¡Viva Cuba!  ¡Viva Cuba!  ¡Viva Cuba Libre!»

 

Sobre la escena narrada anteriormente, el actor declara: «“(…) Y Fernando me dijo: Mira, que tú sientes cuando tú no tienes qué comer y tu abuela tiene que agarrar un pan que no es suyo para que te alimentes. Y qué tu sientes, qué tu quisieras decir como artista, como adolescente a esta sociedad que te está ahogando. Escríbelo, y mañana me lo improvisas. (…).

 

Habanastation (2011), Dirigida por Ian Padrón; relata la amistad entre dos niños de contextos sociales muy diferentes. Ha sido considerada como una película importante precisamente porque pone en escena tensiones sociales y materiales que el relato igualitarista había tendido a atenuar. Llegando a ser discutida como una obra “revolucionaria” desde la academia, por su crítica al estilo de vida burgués, mientras otros análisis la leen como parte de una comparación entre filmes infantiles cubanos que exponen tácticas de supervivencia, desigualdad y negociación en el espacio urbano. La película reintroduce la estratificación social como tema visible.   Vestido de Novia presentada en 2014 y dirigida por Marilyn Solaya, presenta la historia de una mujer trans en Cuba enfrentando rechazo social, violencia institucional y conflictos familiares. En esta película la resistencia se desplaza hacia el cuerpo, el género y la violencia estructural. Explora la transexualidad en Cuba y expone la violencia de un contexto patriarcal y excluyente; también ha sido leída como continuación o relectura queer de debates que Fresa y chocolate había abierto antes.   En Santa y Andrés (2016) Carlos Lechuga condensa de manera especialmente clara los mecanismos de vigilancia y exclusión que atraviesan el universo cultural cubano. Ambientada en 1983, la obra narra la historia de un escritor homosexual considerado ideológicamente problemático, quien es sometido a vigilancia por parte del Estado. La exclusión del filme de la competencia oficial del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana ha sido interpretada como un acto de censura institucional, evidenciando la persistencia de mecanismos de control sobre las narrativas incómodas dentro del panorama cultural (14ymedio, 2016). La película articula así una representación condensada de los ejes centrales del conflicto: el cuerpo disidente, la palabra vigilada y la imposibilidad de expresar libremente una subjetividad no alineada con el discurso oficial.

La completitud del cine como herramienta subversiva radica en su capacidad de funcionar como un “detonante” o “catalizador”. Intelectuales como el director Tomás Gutiérrez Ales concebían que la película no debía consumirse pasivamente en la oscuridad de la sala, sino que debía incitar al pueblo a debatir, a actuar y a desarticular la burocracia que amenazaba con convertir el proyecto social en una triste farsa (El 71, 2013). El cine logra denudar los absurdos del control institucional, como lo hizo la sátira Alicia en el País de las maravillas apuntando a todo tipo de hegemonía de masas (Valle, 2016), o confrontar graves injusticias instauradas por el poder, como logró Fresa y Chocolate al cuestionar la homofobia de Estado con una eficacia política magistral según asegurase Rodríguez Rivera (2017).

El cine constituye una forma de resistencia artística y política contundente; no se limita a representar la realidad, sino que posee la capacidad de desmantelar el aura intocable del poder, reeduca el aparato perceptivo de las multitudes y devuelve a los ciudadanos su capacidad de acción y examen frente a los dogmas impuestos.

El cine en Cuba, es baluarte de la nueva lucha independentista cubana, la que llevamos librando de diferentes formas y desde distintos frentes, en el pueblo y a través de la resistencia cotidiana por sesenta y siete años al día de hoy.

 

 

Suburbano Ediciones Contacto

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
WhatsApp
Reddit