Una pelea de multimillonarios

Justo en el momento en que el impeachment o juicio político contra el presidente Donald Trump empieza a tomar forma, un multimillonario, Michael Bloomberg, salta a la palestra anunciando que desafiará al polémico mandatario en las elecciones del año que viene, postulándose como demócrata.

Como señala David Brooks en el diario mexicano La Jornada, la decisión de Bloomberg abre “la posibilidad de que la pugna por la Casa Blanca sea entre un multimillonario contra otro multimillonario, ambos afirmando que representan los mejores intereses del pueblo”.

En el caso de Trump, ya sabemos muy bien cuáles son los intereses que representa, no precisamente los del pueblo, a menos que considere “pueblo” solamente a los integrantes de su clase social. Los ejemplos están a la vista, y el que no los vea es porque padece de un grave síndrome de trastorno de la atención o porque está muy distraído con el constante bombardeo publicitario en los medios, siempre decididos a convencernos de que vivimos en un mundo feliz de consumismo compulsivo.

Trump, un empresario acaudalado, consiguió una descomunal rebaja de impuestos para los ricos a costa de socavar programas sociales de extrema necesidad para millones de norteamericanos que viven por debajo del nivel de pobreza. El índice de empleos ha aumentado, pero en su mayor parte son trabajos de magro sueldo, de jornada parcial o temporales. La precariedad laboral se mantiene, para espanto de los millones de ciudadanos que tienen que echar mano a una aritmética muy cuidadosa para llegar a fin de mes y que sobreviven de cheque en cheque. Sí, la economía ha mejorado, pero para algunos mucho más que para otros.

Trump ha cerrado las puertas a la inmigración proveniente del sur. Ha separado a familias inmigrantes en la frontera, y actualmente hay niños perdidos en el laberinto de los centros de detención. Algunos no volverán a ver a sus padres.

En el plano internacional, Trump desdeña acuerdos para evitar la proliferación nuclear, entabla una guerra comercial con China que perjudica a los consumidores norteamericanos, traza e implementa políticas intervencionistas por todas partes, y saca a los Estados Unidos del Acuerdo de París y de otras iniciativas para paliar el cambio climático, manteniendo una absurda postura negacionista.

Sí, sabemos muy bien cuáles son los intereses que Trump representa.

¿Qué traería una postulación de Bloomberg frente a Trump? Bloomberg, fundador de la compañía de información financiera que lleva su nombre, dijo en 2011 que “el sueño americano no sobrevivirá si seguimos diciendo a los soñadores que se vayan para otra parte”. Como alcalde de Nueva York, cargo que ocupó de 2002 a 2013, añadió 1,6 kilómetros cuadrados de áreas verdes a la ciudad y 724 kilómetros de carriles para bicicletas. El pasado junio, Bloomberg lanzó la campaña Beyond Carbon (Más Allá del Carbono), una iniciativa para tomar medidas contra el cambio climático, entre ellas el cierre de plantas de carbón y el respaldo electoral a candidatos defensores del medio ambiente.

Bloomberg tiene una fortuna estimada en 53.000 millones de dólares, que lo convierte en el noveno individuo más adinerado de los Estados Unidos y el decimocuarto en el mundo. Desde esa altura, los problemas sociales se ven a través de otro prisma. Bloomberg, por ejemplo, se opone a la medicina socializada y al plan de Medicare para todos por el que aboga el candidato demócrata socialista Bernie Sanders. Pero está a favor de aumentar el salario mínimo federal todos los años, ajustándolo a la inflación. Es, obviamente, un tipo de multimillonario diferente a Trump.

Bloomberg consideró lanzarse al ruedo electoral después de ver que el candidato demócrata Joe Biden, el vicepresidente durante los años de Barack Obama en la Casa Blanca, no ha conseguido subir tanto en las encuestas como se esperaba, mientras la izquierda del partido sigue a la cabeza. Quizá la consigna sea evitar un triunfo del ala más liberal de los demócratas, porque entonces la plutocracia norteamericana podría comenzar a resquebrajarse. ¿Se convertirá la contienda electoral en una pelea entre dos multimillonarios?