Paterson, NJ: Un universo peruano a las orillas de Nueva York

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Es un día soleado en la ciudad de Nueva York. A un par de cuadras de ese cúmulo de luces y gente llamado Times Square se detiene a recoger pasajeros un pequeño bus color verde y blanco. El conductor solicita seis dólares por cada persona y una vez que los asientos se agotan iniciamos el recorrido de 30 minutos rumbo a la capital de la peruanidad en Estados Unidos: Paterson City, NJ.

Nuestros compatriotas llegaron a esta zona en el siglo pasado, precisamente en momentos de gran demanda por mano de obra. Hasta el día de hoy, casi todo lo que consume Nueva York es envasado o preparado en Nueva Jersey: comida, medicamentos, herramientas, etc. El puerto de Jersey y el aeropuerto de Newark son vitales para este fuerte intercambio comercial. En consecuencia, Paterson resulta un lugar muy pujante.

El bus me deja cerca a la calle Market, próxima a la zona conocida como Little Lima (Pequeña Lima), que según dicen se trata del lugar más peruano de todo el país. Quería pensar en un equivalente para Miami, tal vez la intersección de la avenida 137 y la Kendall Drive en el suroeste de la ciudad, pero ocurre que Paterson es un espacio más caminable, y la gente abarrota las calles con sus amigos y familias. En una esquina se hallaban personas conversando al lado de un carrito de raspadillas. Me acerqué a uno de los señores y le pregunté por un restaurante peruano. “Sígueme”, me dijo. Mientras caminábamos otros compatriotas aparecían; entre ellos se saludaban, se silbaban, se bromeaban hasta que llegamos a Los inmortales y ahí se despidió. Este restaurante y panadería es guarida legendaria de los fanáticos del fútbol. Su dueño, natural del Callao, le da preferencia a los banderines del equipo del Sport Boys, pero también los hay de Alianza Lima, Universitario o Cristal. Las paredes están decoradas con viejas fotos de la selección peruana, así como de equipos aficionados de los residentes de Paterson. De hecho, viejas glorias de nuestro fútbol vivieron (y aún residen) en esta ciudad. No es la única tienda peruana; al lado existen bodegas, pastelerías, pollerías. Se le suman también academias de baile y no es tan raro encontrar un anuncio para aprender marinera o huayno por la calle. El consulado peruano esta ubicado a unas cuadras.

Paterson es mucho más que un enclave peruano, es una sociedad dinámica en donde las segundas generaciones adoptan su identidad cultural con orgullo. Aquel día el museo de la ciudad organizaba una tarde en donde los niños, la mayoría hijos de peruanos, aprendían junto a sus padres cantos y danzas en Quechua así como a dibujar paisajes de Sudamérica.

Ya oscurecía en Paterson y era hora de volver a Nueva York. Al partir, las luces de un edificio residencial de nombre San Martín de Porres se despedían a lo lejos.