Pasajeros en Tránsito: reseña a la segunda entrega de 20/40

María José Navia

Recibí encantada la segunda entrega de 20/40 (colecciones de cuatro cuentos escritos por autores latinoamericanos jóvenes en Estados Unidos). La primera entrega la había disfrutado mucho (especialmente el cuento de Fernanda Trías) y esta segunda ya la esperaba con ansias.

No me defraudó.

Se trata de cuatro historias que hablan de viajes, de tránsitos, de movimientos y transgresiones. Cada uno en su estilo (y son muy-muy distintos), los relatos ofrecen un panorama donde la angustia se esconde entre los pliegues de lo cotidiano; un viaje en avión es capaz de despertar todo tipo de reflexiones y asociaciones, o pesonajes salen de viaje a encontrarse, para perderse aún más.

En el primer cuento, “La mujer del jinete”, de Sebastián Antezana (escritor mexicano, hoy en Estados Unidos, pero que vivió gran parte de su vida en Bolivia), una mujer, Carmen, es testigo del progresivo deterioro mental de su marido luego de que éste tuviera un accidente. El cambio comienza de improviso, en medio de la rutina cotidiana: “Carmen se dio la vuelta y vio que su esposo la miraba desde una máscara de madera dura y ennegrecida, como si la mirara desde una enorme distancia”. El deterioro lleva a Juan al hospital y a entablar una curiosa relación con una enfermera, haciendo que Carmen se sienta más y más una extraña (“a esa hora el mundo estaba diseñado únicamente para herirla”).

El segundo cuento, “Fictio Legis”, de la mexicana Valeria Luiselli, construye una realidad compleja y ambiciosa, intercalando escenas de un viaje de avión y las interacciones de dos parejas, con información sobre juristas romanos y otras disquisiciones sobre el amor y las relaciones personales. El resultado es un relato astuto, elegante, en el que siempre hay espacio para el humor o la sonrisa: “Sigue el dibujo animado de las resbaladillas amarillas inflabes, que siempre han despertado en mí las ganas de que ocurra un desastre improvisto durante el viaje – un acuatizaje con final feliz.” La narradora reflexiona con agudeza sobre su vida con Hank, su marido, en su apartamento que queda sobre un cine, a medida que pasan las horas de vuelo: “…mientras cocinamos encima de ese cine cogen escandalosamente – como gatos – varios actores y actrices – a la vez. En realidad ni cogen ni cocinamos: se calientan y recalentamos – pues en la pornografía no hay lugar para el sexo y en nuestra cocina no hay espacio para una estufa. Tenemos eso sí, un buen microondas.”

El tercer cuento, “Ayer, un amigo y yo”, está a cargo del ecuatoriano Esteban Mayorga. En él, el protagonista y un amigo, deciden ir en busca de una vida en la naturaleza: “Buscábamos armonía entre mente, cuerpo y bosque porque nunca es tarde para quitarse los prejuicios de la modernidad”. A medida que se alimentan y aprenden a sobrevivir (no sin sufrir de picaduras y otros malestares) los personajes van escribiendo curiosas palabras y cuentos a su alrededor: historias que hablan de un marinero que lanza el cuerpo de su esposa por la borda, o dos astronautas enemistados. Las imágenes que abundan en este cuento están llenas de una extraña poesía: “había tantos peces que todo el arroyo era un pez grande que fluía y en el cual, si se tenía suerte, se podía atrapar agua”. En tiempos en que los cuentos suelen afirmarse más en escenarios urbanos, esta historia sorprende por la frescura de su acercamiento a nuevos ambientes e imágenes.

Por último, el volumen de cuentos cierra con el relato del escritor peruano Luis H. Castañeda, “La temporada del invasor”. En éste, se narra la historia de Ángel, un joven que es enviado a pasar una temporada con sus tíos, los Burstein, quienes llevan mucho tiempo recluidos del mundo, luego de la misteriosa muerte de su hijo. En una de sus muchas escapadas (el joven se aburre horrores en compañía de sus tíos), Ángel encuentra un hombre extraño, sucio, casi bestia, que lo sigue. El “invasor” encuentra su lugar en esta familia algo parchada, ayudando en ciertas tareas, para luego comenzar a incomodar e invitar a una decisión más radical.

La segunda entrega de 20/40 sigue demostrando el enorme talento y la inmensa variedad de miradas de los escritores latinoamericanos contemporáneos. Ahora sólo queda esperar la tercera entrega. Y seguir leyendo, claro.

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