La relación entre Miami y la cultura ha sido una de encuentros y desencuentros. La ciudad suele venderse al mejor postor.


Hace unas semanas, la comunidad artística de Miami leyó en la prensa la desalentadora noticia de que la sala de cine independiente O’Cinema, en Wynwood, y el chill out bar Wynwood Yard, cerrarán y en su lugar levantarán dos edificios modernos. Algunos años atrás, los artistas mudaron sus talleres a la zona de Wynwood y la tomaron como suya, su bastión fue el complejo de panaderías abandonado Bakehouse Art Complex. El barrio de Wynwood, fundado en 1917 por Josiah Chaille y Hugh Anderson -antes Wyndwood-, en sus inicios fue un barrio de clase media, donde se concentró la producción y comercio de prendas de vestir –más adelante se conocería como el Fashion District–, la Coca Cola operó una planta embotelladora y tras la Segunda Guerra mundial, se ganó el nombre de Little San Juan por ser un enclave para la población de Puerto Rico. Pero Wynwood corrió con la misma suerte que el resto de Miami en los ochenta: el tráfico de drogas y el crimen la degradaron y trajeron su decadencia. Su renacimiento llegó recién en este siglo, en que el refinado businessman, Tony Goldman, redefinió el área apostando por una perspectiva artística con los impresionantes murales, galerías y Art Walks que dieron cierta personalidad cultural a una Miami que andaba en busca de ella. La estancia de artistas, sin embargo, a la fecha es cada vez menor, acaso en el Bakehouse, el crecimiento desmesurado de Wynwood trajo comercios, restaurantes y proyectos similares al que construirán sobre los escombros del O’Cinema y Wynwood Yard, que han elevado los alquileres a niveles inaccesibles para el bolsillo bohemio. Y esta, lamentablemente, es una historia ya repetida.

La contracultura de los sesenta causó eco local en el barrio de Coconut Grove, cuna del hipismo, coffe shops de poetas y tertulias literarias, y música folk. Tennessee Williams y Samuel Beckett pasaron más de una temporada trabajando en el legendario teatro Coconut Grove Playhouse –Beckett puso en escena su magistral Waiting for Godot–, cerrado en 2006 y a la espera de que los bulldozers lo reduzcan a tierra, piedras y polvo*. La banda The Doors realizó el polémico concierto en el Dinner Key Auditorium, demolido en 2014, en el cual Jim Morrison hizo obsenidades sobre el escenario que terminaron con su arresto y una demanda que marcó el fin del grupo musical. Desde su tienda de pipas y accesorios para fumar marihuana, y bajo los efectos del LSD, Michael Lang ideó y gestó el Miami Pop Festival, con Jimi Hendrix y Frank Zappa de invitados, y al cabo de un año se mudó de ciudad y lo convirtió en el festival de música más grande de todos los tiempos: Woodstock. El aire de barrio bohemio dominó Coconut Grove un par de décadas, e incluso alguna vez se vio a Bob Marley y Bob Dylan por allí. Pero los años ochenta, se sabe, lo opacaron todo, y después, en los noventa, inauguraron el mall de Coco Walk y restaurantes trending, y los artistas cerraron sus ateliers e hicieron maletas (muchos optaron por el Bakehouse Art Complex de Wynwood).

La llegada de GAP y Burger King a Lincoln Road fue una mala señal para aquellos que tenían sus talleres en esa arteria peatonal, lo siguiente fueron boutiques de diseñadores y comercios exclusivos, y hacia finales de los noventa recogieron sus lienzos, pinturas, utensilios, cámaras fotográficas y se mudaron a lugares de menor costo. Durante los ochenta, cuando a South Beach ni siquiera se le llamaba Sobe, Miami Beach sufrió la violencia más que cualquier otra ciudad, porque además de la que generó el narcotráfico, fue allí donde se refugió la mayor cantidad de los inmigrantes cubanos provenientes del éxodo del Mariel, y la “relación” entre anglos y latinoamericanos tuvo un desenlace amargo: la convivencia se tornó insostenible y ocasionó la partida definitiva del anglo hacia ciudades o estados del norte. Entonces el precio del metro cuadrado cayó, nadie quería vivir en Miami Beach, excepto escritores, pintores y escultores que encontraron en Lincoln Road un espacio razonable para su economía. El reconocido visual artist Carlos Betancourt inició aquí su Carrera, en su studio Imperfect Utopia, recordado hasta hoy porque se volvió el punto de encuentro, un referente, un paso obligado para artistas, y en 1984 el Art Center/ South Florida abrió sus puertas, con programas de residencia y actividades culturales donde participaron David Byrne y Celia Cruz, y el premio Nobel de literatura, Octavio Paz, compartió sus poemas con el público.

*Algunas iniciativas se oponen a la demolición del Playhouse, aquí + info

© 2018, Pedro Medina León. All rights reserved.

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Nació en Lima, Perú, en 1977. Es autor de los libros Streets de Miami, Mañana no te veré en Miami, Lado B y Varsovia. Es editor de las antologías Viaje One Way y Miami (Un)plugged. En el año 2017 se produjo el cortometraje The Spirit Was Gone, inspirado en los personajes de su novela Lado B. Además es creador y editor del portal cultural y sello editorial Suburbano Ediciones. Como gestor cultural ha sido co-creador de los programas #CuentoManía, Miami Film Machine, Pido la palabra y Escribe Aquí –galardonado con una beca Knight Arts Challenge por la Knight Foundation Center-. También es columnista colaborador en El Nuevo Herald y ha impartido cursos de técnica narrativa en el Koubek Center de Miami Dade College. Estudió Literatura (Florida International University) con una especialización en Sociología y en su país Derecho y Ciencias Políticas (Universidad de Lima).
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