Matemáticas de la novela breve

En la actualidad, casi todas mis historias están teniendo aliento de novela breve. Por eso, la definición de novela breve me ha estado rondando incluso por un sentido práctico: si quisiera participar en un concurso literario, ¿podría hacerlo con el texto que tengo esperando en el disco duro? Entre convocatorias y bases se puede llegar a una definición cuantitativa de la novela breve: es un texto de entre 30 y 150 páginas de extensión. Aunque pueda parecer una definición simplemente utilitaria, no son pocos los que opinan que la diferencia entre un cuento, una novela breve y una novela solo está en la extensión. En lo personal, no soy muy amigo de esta idea, le agrego 10 páginas y tengo una novela, le quito 15 y tengo un cuento, la aritmética literaria es un sueño de la razón.

Si la extensión es una característica meramente descriptiva pero no definitoria de la novela breve, responder a la pregunta de qué es una novela breve se complica.

Milan Kundera salvó a los escritores de dar mayores explicaciones cuando dijo que toda novela es metanovela, pues en ella está incluida la definición de lo que el autor entiende por novela. Pero un par de obras no parece cuerpo teórico suficiente como para que lo que entiendo por novela breve se explique por sí solo; para escribir y después existir es mucho lo que hay que escribir y, sobre todo, publicar.

No son tantas las reflexiones que se encuentran por ahí sobre la novela breve. De hecho, una de las definiciones más famosas sobre novela breve la dio Julio Cortázar mientras hablaba no de la novela breve sino del cuento. Cortázar definió la novela breve sencillamente como un género a caballo entre el cuento y la novela. Así puesta, pareciera una definición de aritmética literaria, pero Cortázar andaba más en la geometría del cuento, al que definió como esfera. También añadió que la diferencia entre el cuento y la novela breve es la implacable carrera contra reloj que se lleva a cabo en el cuento bien logrado.

Pero, insisto, a Cortázar le interesaba hablar del cuento, no de la novela breve, por eso, en la hermosa sentencia que él le atribuye a un escritor argentino muy amigo del boxeo: en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y el lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out, no sabemos cuál es la victoria a caballo entre la decisión por puntos y el nocaut. A mí me gusta decir que la novela breve gana por nocaut en el séptimo asalto, pero no estoy muy seguro de lo que eso signifique. Es el problema con los géneros híbridos, al final siempre están definidos por lo que no son: la novela breve, para Cortázar, termina siendo un relato sin una implacable carrera contra reloj que en el combate entre el texto apasionante y el lector no sabemos si siempre gana por puntos o gana por nocaut.

Para Juan José Saer, entre los autores jóvenes de los años 60 del siglo pasado la novela breve encarnaba el modelo de perfección narrativa, pero de alguna manera él suscribe ese carácter a dos aguas del genero al señalar que la novela breve tiene la atrayente singularidad de permitir cierto desarrollo narrativo al mismo tiempo que parecía surgir de una concepción intuitiva y repentina. Saer dijo esto en contraste con la novela, que a partir del boom latinoamericano se convierte en el género dominante de la región, pero sobre todo habla de la novela breve para abordar la obra de Juan Carlos Onetti, y con ello abandona la intención de definir y caracterizar el género más allá de esas luminosas reflexiones introductorias.

Cecilia Eudavequiere dar el siguiente paso, luego de señalar que esta dialéctica del péndulo que va del cuento a la novela y que si se detiene en el camino se obtiene la novela breve, hace pensar que estamos ante un cuento largo en exceso o ante una novela fallida. Para ella, las virtudes del conjunto novela breve se pierden en ese empeño de pensarla y analizarla por comparación. Eudave desarrolla en su artículo diferentes características narrativas que considera representativas de la novela breve, como la inmediatez en la narración, personajes en procesos y estados transitorios, espacios introspectivos incluso en planos abiertos, personajes secundarios cuyo objeto es definir o redefinir el yo narrado o narrador, entre otras.

Me surge la pregunta de si estas características narrativas se presentan a la hora de desarrollar la historia o si la historia se concibe ya con esas características, porque suelo saber desde el principio que estoy escribiendo un cuento o una novela breve; claro, ha pasado que en el camino cambie de género, quedo con la deuda pendiente de reflexionar sobre si el cambio se produjo por la presencia o la ausencia de las características mencionadas por Eudave.

Pero en este punto me gustaría dar una vuelta en U a riesgo de contradecirme. Siempre he pensado que esa gran novela que es Los detectives salvajes puede ser leída como tres novelas cortas, y de hecho Roberto Bolaño concibió 2666 como cinco novelas cortas independientes que fueron publicadas como un volumen unitario tras la que para mí fue una acertada decisión-traición de su editor. Cortázar escribió Rayuela como una suma de fragmentos que pueden ser leídos en cualquier orden y hasta desechando unos cuantos. Guillermo Cabrera Infante invita a leer Delito por bailar el chachachá como una unidad, con todo y que dos de los tres relatos fueron publicados previamente sin anunciar en ningún momento que se estaba ante una especie de novela corta por entregas pues esa idea fue posterior a la publicación de los relatos. La aritmética literaria se vuelve álgebra al hacernos pensar en cuántos cuentos se necesitan para formar una novela corta o cuántas novelas cortas hacen una novela.

Yo me bajo en este desvío-regreso pues al final El último New York Times puede ser leída como dos relatos y un ensayo ¿independientes? Para Orhan Pamuk la novela se define por su centro y habla de este como una opinión o idea perspicaz sobre la vida, como un misterio arraigado en lo más profundo.

Me gusta la idea de que primero está el centro de una historia, luego la forma que lo rodea, pero esa forma está ya contenida en el centro. Así, la historia comienza siendo novela breve antes de ser escrita. En general, las historias cuyo centro es la situación que viven los personajes suelen ser más breves que las historias cuyo centro es la biografía de los personajes. Comencé estas palabras diciendo que en estos momentos casi todas mis historias están teniendo aliento de novela breve; bien podría decir que casi todas mis historias se están centrando en la situación que viven los personajes en un momento dado, que esos personajes se ven sobrepasados, alienados por la situación, por ello sus arcos narrativos son cortos, son personajes que apenas están intentando salir del trance lo mejor posible, no hay epifanías, hay crisis, reacciones a cambios súbitos e inesperados pero que no se explican por sí solos, por eso narrar la reacción del personaje pasa por narrar la naturaleza del cambio al que reacciona. Es lógico entonces que esas historias terminen en forma de novela breve.