Maria Bethânia: Canción para un día de otoño

Hay canciones que te marcan el ritmo de un día cualquiera y se te quedan grabadas para siempre.

Es un miércoles de otoño neoyorquino, estación en la que los días se hacen más cortos, las noches más largas, se empieza a acumular el trabajo y el tiempo se acelera, precipitando la llegada de las fechas de entrega de proyectos a fin de año.

Me despierto un poco aturdido pues pasé mala noche y dormí poco. Abro los ojos lentamente. Me duele la cabeza. Me quedo quieto y respiro. Mi mente se va aclarando y sé que el dolor pasará rápido. Me levanto, pongo el agua a hervir para hacer el café y leo los textos en mi celular. Rachel, filósofa carioca y gran amiga, me ha enviado un video y me ha escrito desde Lisboa: Perfeita para uma quarta-feira ordinária de outono.

Es una canción que la artista brasileña Maria Bethânia interpreta en la intimidad de su hogar, acompañada apenas por una guitarra. Los primeros versos ya me gustan pues me invitan a desacelerar el ritmo, sonreír y encarar con fortaleza este día que se inicia:

Ando devagar porque já tive pressa
E levo esse sorriso porque já chorei demais
Hoje me sinto mais forte, mais feliz, quem sabe

Subo las persianas y miro el cielo brillante a través de la copa del plátano de sombra frente a mi ventana. Incluso las nubes resplandecen. La bahiana ahora canta:

É preciso amor para poder pulsar
É preciso paz para poder sorrir
É preciso chuva para florir

Los versos me acompañan toda la mañana, mientras camino al campus universitario e incluso mientras doy clase: se necesita amor para palpitar, paz para sonreír, lluvia para florecer.

A la hora del almuerzo escucho de nuevo la canción, mientras busco el título en internet: “Tocando em Frente” de los compositores Almir Sater y Renato Teixeira. Esta vez me repito otros versos:

Penso que cumprir a vida seja simplesmente
Compreender a marcha e ir tocando em frente

¿Cómo comprender la marcha de la vida? No estoy seguro pero hoy voy de frente, sintiendo el palpitar del día, y le doy de frente al trabajo con mis estudiantes. Tiene razón Rachel: la canción es perfecta para un miércoles ordinario del otoño.

Por la noche voy a la Brooklyn Academy of Music a ver una puesta en escena de la obra Request Concert, del dramaturgo alemán Franz Xaver Kroetz. El escenario es un apartamento estilo estudio: cocina-comedor, baño, sala-dormitorio. Los muebles y los aparatos electrodomésticos son modernos. Podría ser un estudio de Park Slope o Brooklyn Heights, por ejemplo. Una mujer (Danuta Stenka) llega a casa después de trabajar y hacer sus compras. Acomoda los víveres, se cambia de ropa ejecutiva a ropa deportiva, enciende la televisión y luego escucha radio, mientras lava ropa, cocina, come. Vive sola. No dice nada. Ni una sola palabra. Por ratos baila, por ratos se queda muy quieta. Escuchando una canción se queda pensativa y luego llora. Se sobrepone, recoge la mesa, lava los platos. Pero no dice nada. No tiene con quien hablar. Ni siquiera consigo misma. Su silencio es angustiado. Se distrae viendo revistas, navegando por internet. Se prepara para dormir, se acuesta, tiene insomnio, se levanta, se toma una pastilla, va a tomar agua pero se lo piensa y abre una botella de vino blanco y se toma dos vasos llenos. Se vuelve a acostar. Se levanta y sale del apartamento.

Mientras regreso a casa pienso que hace algunos años la obra me hubiera golpeado anímicamente. Pero hoy me siento en paz. Vuelvo solo a casa pero no me siento solo.

Siento amor por la gente en el metro, aunque no la conozca. É preciso amor para poder pulsar.

Llego a casa y en mi viejo y querido equipo de sonido toco una vez más la canción, hasta escuchar los últimos versos:

Cada um de nós compõe a sua história e
Cada ser em si carrega um dom de ser capaz
E ser feliz

Cada uno escribe su historia y lleva dentro de sí el don de ser capaz y de ser feliz. Me lo canta Maria Bethânia con su voz serena y poderosa. La escucho con gozo sosegado mientras afuera el otoño parece haber detenido su carrera hacia el invierno.

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