Marca personal y Estilo Literario*

José Díaz- Díaz

 

“Cuando uno se aburre escribiendo, el lector se aburre leyendo”

 Gabriel García Márquez

 Esto de conquistar lectores no es nada fácil sobre todo ahora que la gente lee menos. Por ello  los expertos en marketing de libros han recomendado tomar muy en serio lo que han llamado el sello de autor o marca personal, cuyo objetivo es el de diseñar, consolidar y exaltar  la imagen del escritor. Esa imagen no es otra cosa que el Estilo literario, tema abordado desde la antigüedad por autores consagrados, críticos y academias.

Flaubert, el famoso novelista autor de Madame Bobary afirmaba que “Escribir es una manera de vivir”, refiriéndose al compromiso solemne y total del escritor con su escritura. “El estilo es el hombre”, sentenciaba Buffon. Digamos, entonces, que El Estilo es el autor, su sello personal.  Ese sesgo propio, con todas sus características: psicológicas, intelectuales y estéticas, vertidas y vertidas en el texto. Es también el universo literario del autor, pobre o rico, transcrito de manera única y personal en sus libros.

 Es también ese conjunto de características que el lector descubre a través de sus escritos y que lo hace percibir como autor especial y único, distinto a los demás escritores, así coincidan en la elaboración del mismo tema. Vaya, de la misma manera como los gocetas de la pintura perciben ante un cuadro cuyos datos desconocen, como un Renoir o un Dalí.  No obstante— y pareciera una contradicción— lo que debe aparecer ante los ojos del lector es la historia narrada y no <<el estilo>>.

 Este es ingrediente esencial, aunque no el único, de la forma novelesca, dice Vargas Llosa (…) la única manera de saber si el novelista tiene éxito o si fracasa en su empresa narrativa es averiguando si, gracias a su escritura, la ficción vive, se emancipa de su creador y de la realidad real y se impone al lector como una realidad soberana.

 Así las cosas, coincido con el español Ángel Zapata quien en su libro La práctica del relato, indica que el Estilo descansa en cuatro pilares que confeccionan su unicidad: Naturalidad, Visibilidad, Continuidad y Personalidad.

La Naturalidad se refiere a evitar el estilo artificioso. A no dejarse llevar por el mero atractivo de las palabras, a evitar la forma de expresión amanerada y el vocabulario altisonante sin parentesco con la conversación normal. Dejemos esto bien claro: escribir bien no es escribir raro. En consecuencia, es imperativo buscar la autenticidad. El estilo natural es persuasivo, mientras que el artificioso nos hace sospechar de la verosimilitud de la historia. Hay que escribir con aire divagatorio y desvariar porque escribir es vivir. Entonces deberíamos evitar fingir y más bien esforzarnos por conseguir fiabilidad. Hay que luchar por conseguir una voz de timbre cálido, limpio y natural, sin estridencias, ni alardes, ni deslumbramientos. Así ganarás la confianza de quien dedica parte de su tiempo leyéndote. Fingir tramar una fabula es diferente a fabular de verdad.

La Naturalidad implica que en tu escrito debe prevalecer el estilo sobrio, conversacional y una temperatura emocional de contenidos directos sobre la prosa enjoyada de palabras. Definitivamente aléjate de esa verborrea atenta solo a la textura y el color de las palabras por encima de la narración misma. La escritura debe pasar a un segundo plano y utilizarse como herramienta para permitir que el interés recaiga sobre la historia contada por los personajes. La escritura natural favorece y determina la necesaria<<inmersión ficcional>> del lector y nos aparta de una narración sosa, cargada y sin magia. Así, pues, nos conviene narrar con claridad, contención y síntesis. Procuremos utilizar frases cortas y buscar la empatía del receptor subrayando situaciones emotivas. Esforcémonos por contagiar al lector con el estado de ánimo de los personajes y sus humores cambiantes. Y por sobre todo, evitemos la tendencia a escribir en registros que exageren la manera formal, enfática, retórica y asertiva, inclinaciones perniciosas que van en contravía con la escritura natural.

En cuanto a la Visibilidad, debo puntualizar, que se trata de hacer un esfuerzo para que la narración devenga en un muestrario de imágenes. Es decir, que apostamos por una escritura visual. Se refiere a las cualidades plásticas y sensoriales que debe caracterizar a una buena prosa narrativa. Debe ser figurativa y concreta. Dibujar con palabras, detalles cosas, acciones breves. Evitar los conceptos abstractos que dicen pero no muestran. Construir y dibujar un mundo de personajes, escenarios, objetos y eventos. Poner ante los ojos del lector el contenido de la historia, poniendo los personajes en acción. Hay que despertar el apetito por lo visible y lo concreto. Por algo estamos en el siglo de la imagen y agregaría que en la era de la imagen visual pues ya se fue el siglo veinte y todavía seguimos en lo mismo. Así lo demuestra el impacto progresivo de la televisión, del cine y de los videos. Tendremos que optar por proyectar la historia en la retina de los lectores. Huir de las descripciones previsibles porque le restan visibilidad al relato. La descripción visual utiliza el acercamiento y el close-up con engolosinamiento como la técnica de cine lo hace, sacándole excelente provecho a la descripción.

 La Continuidad se refiere a la consistencia y reforzamiento en el tratamiento de un tema para consolidar la unidad del mismo. El secreto consiste en repetir. Así, pues, que vamos a conquistar la atención del lector e implicarlo. A repetir para captar la atención. No olvides, amenidad siempre. Evita los textos pesados y plomizos. No le temas a las Redundancia temáticas ni a las Reiteraciones (leit-motiv, anáforas, catáforas), porque estas constituyen el hilo del discurso y le da continuidad. La redundancia es el tronco del texto que es el árbol.

La Personalidad implica trasladar a la escritura el poder de la pasión artística del autor. Se debe evitar la actitud perfeccionista. El escritor con personalidad escribe desde sí mismo, desde sus vivencias y sus experiencias, desde su modo de estar en el mundo; desde lo que ha imaginado, lo que ha amado— y lo que es más trágico— desde lo que ha perdido. Desde lo más auténtico de su ser. El escritor con personalidad debe descararse y exponerse.

Valga la pena anotar aquí que el Estilo literario se estructura a partir del manejo que se le dé a tópicos tales como el tono, el ritmo, la musicalidad.

El Tono es el tipo de Voz que el lector siente a través del la narración. Y puede ser: épico, intimista, nostálgico, melancólico, alegre, triste, violento, sosegado, humorístico, sarcástico, etc., o el registro de varios. Es necesario conseguir un Tono para la obra que se escribe porque este elemento define la calidad y el impacto sobre el lector. Se consigue a partir de diversos recursos. Te aconsejo leer la Filosofía de la composición de Edgar Allan Poe, donde nos cuenta como escribió El cuervo, una de sus obras más conocidas. Borges dice que la entonación, la cadencia es más importante que las metáforas o los epítetos. La voz es el vehículo por medio del cual el escritor manifiesta su fuerza.

El Ritmo puede ser exterior o interior. El exterior se refiere a la musicalidad y a la presentación ágil o farragosa que se le imprima al texto con la utilización de la puntuación, la rima de las palabras y las frases; el sonido de las letras, la entonación fónica del texto que si está bien elaborado fluiría  sonoro como las aguas de un río.

El Ritmo Interior es el más importante y definitorio de la fuerza y el aliento poético de la escritura. Se apoya en el ritmo exterior y lo conjuga con la emoción psicológica que le imprime a la narración. El ritmo acelerado y enloquecido de un fluir de conciencia dentro de un Monólogo Interior puede salvar una obra. El salto de una escena a otra, o de una escena dentro de otra escena, como si se tratara de un paneo que realiza una filmadora, consigue efectos positivos en el lector. Hay que permitir que la pluma se vaya y que el fluir de pensamiento avance sin desbordarse o desbordándose si es del caso, es un recurso para que el ritmo se sostenga.

En cuanto a la musicalidad debo decir que si el texto no tiene música, es obligante inventársela. Hay que decir el cuento con música. En literatura importa mucho el cómo se dice (forma), y no solo el qué se dice (fondo). No olvides que el idioma español es musical por excelencia. Debemos explotar su sonoridad, su cadencia, su vibración, su eco. Hay obras narrativas estructuradas en formas musicales como es el caso de la novela 1Q84 de Haruki Murakami, para nombrar alguna, y que al decir de su propio autor, sigue la línea formal de El clave bien temperado de Bach con dos ciclos de 24 preludios (24 capítulos) y fugas compuestos en todas las tonalidades, tanto las mayores como las menores, del amplio abanico cromático en una estructura repetitiva que va aumentando en intensidad a medida que avanza.

Bueno, espero que estas notas sirvan de algo a alguien. Los comentarios son bienvenidos.

*Texto tomado del manual de mi autoría: Todo lo que debe saber un escritor amateur, de próxima publicación. www.arandosobreelagua.com