Para algunos Charles Willeford es el padre de la literatura de Miami y para otros otros el del nuevo noir. ¿Qué había detrás de Willeford antes de tanto reconocimiento?


El festival de cine de Venezia de 2019 cerró con la proyección de The Burnt Orange Heresy, film clasificado como “neo noir thriller”, que cuenta con la breve participación de Mick Jagger. La cinta estuvo dirigida por Giuseppe Capotondi y los créditos de reparto anuncian que está inspirada en la novela de Charles Willeford que lleva el mismo título.

A Charles Willeford se le identifica en el mapa literario por la saga de novelas del inspector Hoke Mosely, personaje que debutó en las páginas de Miami Blues y desdibujó por completo la figura del clásico detective privado y nos presentó a un antihéroe del Miami Police Department, que vivía en moteles de mala muerte y le costaba encajar en el Miami, cada vez más cubano y menos anglo, de los ochenta. Aunque el universo literario de Willeford viene de antes, y no precisamente desde su etapa Moseley, y el pequeño círculo de lectores que lo leían como a un autor de culto, probablemente coincida con que su obra más notable sea The Burnt Orange Heresy, libro surrealista que resulta una vuelta de tuerca a su propio estilo, quizá su trabajo más personal, cuya trama va de un crítico de arte puertorriqueño que vive en condiciones precarias a pesar de sus vastísimos conocimientos. Willeford paladeó el éxito tarde, luego de darse de baja del ejército y llevar una vida errática por Francia, Perú y ciudades de Estados Unidos buscando abrirse camino en el arte, la pintura y la literatura y su destino final fue Florida, West Palm Beach, y después Miami hasta el último día de su vida. En su periplo lidió con la marginalidad, la pobreza, el rechazo editorial y el atropello de los minúsculos editores que le abrieron sus puertas y solo veían por sus intereses y no por los del autor, y el rechazo de los lectores que encontraban su literatura absurda y en casos inverosímil, incluso una vez en su mailbox encontró un ejemplar de su novela Sideswipe, con seis agujeros de bala, una nota que decía que era una estafa pagar $15.95 por ese libro, y cuando le preguntaron qué pensaba acerca del incidente, respondió que siempre era bueno recibir feedback.

Charles Willeford ambientó su primera novela en Miami en 1958, titulada Made in Miami, pero llegó a los bookshelves de las librerías como Lust is a Woman, con un sello que tan poco se ocupó del autor, que en el cover aparece como Williford y no Willeford. Made in Miami es la novela previa a la saga de Hoke Moseley que más conecta con ellas, a excepción, comprensiblemente por la época en la que se escribió, de que se desarrolla en un Miami rubio y de ojos azules. Es una historia en un hotel de lujo en Miami Beach, el dueño es pornógrafo y recluta a las jóvenes que se hospedan en él para shows nocturnos con sujetos posicionados en la cúspide de la pirámide social y quien lo desenmascara, haciendo un remedo de investigación detectivesca, es el consierge que sube y baja a los huéspedes en el ascensor durante el night shift. Algunos de los otros libros de Willeford dentro de ese mismo contexto, que toman como escenario a Miami, son The Shark Infested Custard y Understudy for Death, que si bien mantienen ese pulso del autor por lo creepy y el suspenso, distan del hardboiled que esbozó en Made in Miami y cultivó en los años ochenta.

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