Los sacerdotes suicidas

Esta historia tiene sus vueltas como una buena novela policial, pero de tan cierta, se convierte en una ficción macabra.

Los colombianos Rafael Reátiga y Richard Píffano eran sacerdotes. Se conocían de casi toda la vida, y eran amantes.  En el último tiempo una noticia los había devastado, por eso el intento de suicidio. Pero no eran buenos para terminar con la vida, si ellos ofrecían fe, esperanza. Difícil entonces toda voluntad de ir contra la otra: la divina…

La noticia que había desmoronado el amor de la pareja había sido que uno de ellos, Rafael, era portador del virus VIH. Antes de ver el cuerpo y el alma carcomidos por una enfermedad fascista, la muerte era el mal menor.

Por intermedio de un conocido, Reátiga y Píffano se reunieron con dos sicarios en un local del centro de Bogotá. El plan era sencillo: ellos los mataban a cambio de 15 millones de pesos.

El 25 de enero del 2011 a la madrugada los sacerdotes recibieron al menos 5 balazos en la cabeza. La policía encontró los cadáveres adentro de un Chevrolet Aveo negro.

Reátiga sostenía en sus manos un rosario; Píffano la estampita de un santo. El motivo del crimen parecía sencillo: otro robo en Bogotá.

Pero como a los amantes de hoy, los sicarios cayeron por los celulares. La policía rastreó las llamadas que los asesinos hicieron desde los teléfonos de las víctimas. En poco tiempo se descubrió el motivo del crimen. A la fecha, la Iglesia Católica de Colombia no sale de su asombro…