Lo que seremos

Interrogatorio Punk a Aknez (Ex Massacre 68)

 2 de junio de 2020. Nueve de la noche en el municipio de Soledad. Doy agua a la higuera y al naranjo; le raciono la comida al dolor. Las efemérides de hoy dicen que hace 75 años se editó en por Emile Armand (1872-1963), el periódico mensual L’Unique, en Orleans, Francia, como continuación de la obra de propaganda anarquista individualista L’EnDehors. El teléfono suena en tono de llamada: es “Aknez”, ex líder de la banda de Hardcore/Punk Massacre 68. José Antonio Emmanuel solía decir que la anarquía intenta dar una constitución en la vida basada en los principios sacrosantos del amor universal y la solidaridad humana, pienso en ello y en las memorias del día, cuando deslizo mi dedo en la pantalla del smartphone para contestar.

Las palabras de Aknez viajan en ondas electromagnéticas de una estación base a una central de conmutación hasta dar con mi teléfono móvil en San Luis Potosí. 417 Km. de ingeniería telefónica y liturgia mágica. Reconozco en su voz la dicción de la amistad, aunque nunca hayamos hablado antes –“la amistad es uno de los grandes misterios de la Tierra”, escribe Julián Herbert en Canción de tumba (2011)–. Aknez habla fluido y jamás tartamudea, por momentos eufórico pero imperando siempre en él la serenidad. Es un hombre que actúa en base al Yoga, que está en plenitud con la palabra de la Fuente, cuando conversa conmigo, la Fuente también lo hace. En un principio era el Punk, y el Punk era el origen; tras la destrucción del cuerpo, la resurrección del Slam. Could be wrong, Could be right?

–No doy entrevistas. No me interesa acordar con nadie. No soy un personaje más; no estoy viviendo la vida de otra persona ni creando mi propia ficción, lo que escuchas es lo que Hay.

Frases separadas por explicaciones lúcidas y no por puntos o silencios, pero que yo uno para darle más fuerza al mensaje. No sabe mucho de redes sociales, cuando le mandé un mensaje por una de ellas, lo leyó por mera casualidad (causalidad): “perdón por no responder, es mi primera vez en este medio, no sabía que podía comunicarme por aquí”. Después, el timbrazo. Habíamos intercambiado teléfonos pero nunca se había concretado la conexión. Decidió comunicarse conmigo cuando descubrió mi amistad con Piro Pendas (“Piromaniac”), líder de la (primera) banda de Punk en México Dangerous Rhythm. Sabía que yo tenía conocimiento del documental Aquí no pasaba nada (2020), dirigido por Pilar Ortega, que narra el surgimiento de la banda de Piro y por ende del brote de Punk en nuestro país. Aknez quería hablar de ello, conectar un cable más al amplificador, hacer ruido en el debate sobre los organismos protozoarios de la rebeldía azteca.

Recuerdo una plática que sostuve con el artista visual Rubén Ortiz Torres, en un sillón del living del Foro Larva en Guadalajara, durante el Doña Pancha Fest 2017; Rubén discute conmigo sobre los primeros punks en México, me lanza dos palabras: Xipe Tótec, el dios de la enfermedad y los sacrificios, el bebedor nocturno, el protector de los lapidarios, la máxima representación de la sarna y la resaca, la muerta piel; ese ser supremo que se despellejó vivo para dar de comer a los hombres.

Es curioso que para el líder de la banda más representativa de la escena Hardcore en México, su primer referente del Punk sea un personaje de la Commedia de los años 70′: un niño huérfano creado por Roberto Gómez Bolaños.

La historia de Massacre 68 tiene velos particulares que nos impiden leerla y escucharla con claridad, en parte por el hermetismo de Aknez y por el poco registro o el bajo interés mediático que se tenía de este tipo de bandas en los años 80′. Las producciones musicales y los demos de grabaciones caseras eran muy escasas, por no decir que nulas, muchas de las bandas que tocaban en esos años nunca llegaron a dejar testimonios de su música, y las pocas grabaciones que surgían por lo general eran de muy baja calidad, ya que no se contaba con los recursos para rentar un estudio de grabación; situación nada comparable con las producciones de ciudades como Nueva York o Londres.

Massacre 68 surge en las inmediaciones del Tianguis del Chopo en la Ciudad de México, de cadáveres de bandas como Kaaoos, Subterráneo y descontrol ­–de la que proviene Aknez­–. Entonces era el año de 1987 y la banda estaba formada por “El Pelón” (batería), “Virus” (guitarra y voz), “Thrasher” (bajo) y Aknez (voz), alineación que logró editar un demo homónimo con diez temas de calidad muy aceptable, mismo que se haría circular por toda la Republica Mexicana, autogestión que los transportaría por ciudades como Tijuana, Monterrey, Estado de México, Querétaro y San Luis Potosí.

El primer desbalance de la banda se da de la mano de Thrasher, quien comienza a fecundar otra agrupación, lo que genera conflictos en Massacre 68, y éste sale de ella. “Chompis” (Ex–Decadencia) toma su lugar y la banda comienza a tomar nuevos matices, pero la gente que les rodea comienza a aprovecharse de su nombre (organizadores y empresarios), que obtienen provecho y patrocinio personal del profesionalismo de la “Massacre”.

Para explicar la primera salida de Aknez, éste me lo ejemplifica con una película de Bruce Lee: El furor del Dragón (1972). Filme en donde un mafioso visita la familia de Tang Lung (Bruce Lee) en su restaurante de Italia, y tiene que ayudarlos a defenderse contra brutales hampones que los fastidian. Me invoca parte del monologo más importante de esta cinta:

“Por su culpa todo se ha complicado. Piensa, no es tan complicado, no tengo nada en absoluto, toda mi vida he trabajado duro y no tengo nada, absolutamente nada, mi familia me está esperando”.

Aknez concluye su respuesta con otra frase del Dragón: “la vida nunca es estancamiento constante. Es movimiento constante. Las cosas viven moviéndose y ganan fuerzas mientras lo hacen”.

La conversación se amplifica, más de cincuenta minutos, es en este punto donde surgen –con mayor confianza– sus comentarios relativos a los primeros reflectores del Punk azteca: “el primer Punk en México no tiene rostro. Estuvo, está o estará allá afuera, en las calles, en el gran canal de desagüe, la colonia San Felipe de Jesús o en otras más aisladas, sin buscar farol alguno. Nadie lo conoce, se conoce a sí mismo. Sabe que el Punk es redención y no Channel sobre estoperoles. Pero si buscas un nombre, yo te podría mencionar a Javier Baviera (Rebel D´Punk), que trabajaba como rotulista en el barrio de San Felipe, pintaba fachadas; en este contexto comenzó a codearse con personas cercanas al movimiento, quienes le inculcaron los caminos del Rock. Aunque quizá los que verdaderamente le dieron sentido a este movimiento fueron los chavos banda, que sin tener conocimiento de lo sucedido en Londres, utilizaban la palabra Punk como un grito de guerra y no como una moda, hasta que eso comenzó a recobrar un sentido distinto, el de la marginación, y lo adoptamos como una nueva forma de vida, porque la calle tiene siempre una razón de ser.

Están también los indígenas, verdaderos guerreros sin rostro de la palabra, la tierra y el amor. Habría que voltear hacia ellos para ver el auténtico semblante del Punk en México.

En el sentido de indagar el perfil, El Chavo del Ocho fue uno de los primeros –me lanza de una manera partidaria–: “su estética, su lenguaje y su procedimiento lo delatan. Un chavo degradado del que todos se burlan por su condición pero que aporta más –en la fibra de lo sensible– que todos los personajes. Tenía ya todo el atuendo: el gorro estilo militar con orejeras, la playera a rayas Rockabilly, los pantalones cortos a la altura de las rodillas y las botas de obrero que hablan bien de la estética de aquellos años. Ni el Flánagan de Héctor Suárez supo representar bien ese ornamento social ni la separación con el mundo que sufrían los protagonistas más desprotegidos de las grandes vecindades de nuestro país”.

 ¿Qué hay del llamado Punk mongoloide, te parece ofensivo el término?

Yo soy uno de ellos. No creo en los medios de comunicación; soy de los que piensan que sólo pueden traer desinformación, incluyendo el libro. No leo ni sigo a ningún autor de manera devota. Nunca he terminado de leer un texto. Creo que el libro más importante es la vida, y se escribe sola, no sabemos cuando viene el punto o la coma. En esos términos, soy un fiel lector. Llevo ese conocimiento en mi cuerpo.

¿Alguna vez hubo una vena fascista en México con los primeros skinheads?

Si la hubo, yo nunca me vi involucrado en ello. Yo también soy un pelón. Los primeros skinheads en México al Igual que en Reino Unido (con los Mods), surgen a partir del contacto con otras culturas, de los ritmos de otros países con connotaciones positivas, de apoyo y admiración al otro, a la comunidad extranjera; sin clasicismos ni fascismo alguno, sino todo lo contrario. A partir de 1962 con la independencia de la isla, muchos jamaicanos emigraron a Inglaterra y llevaron su música y su estética Rude-boy con ellos; con la correspondencia de los ingleses, surgieron los sharps –la unión entre ambos–, y se afeitaron la cabeza. En México sólo nos denominamos pelones. Alguna vez cometí el error de colgar en mi cuarto una bandera nazi, pero al igual que Sid Vicious, yo tomé ese símbolo para ir a la contra, a la contra de todo, obviamente sin tintes fascistas; todos sabemos que la esvástica ya estaba ahí mucho antes que los nazis.

¿Alguna vez conviviste con Illy Bleeding (Size) y Ullalume Zavala (Casino Shangai), en el bar El Nueve?

No, porque mi religión no me lo permite. Illy (Jaime Keller) me parecía un personaje sobreproducido, su estética y su estilo fueron diseñados para causar temor y furor; su comportamiento era ficticio, todos lo sabemos; a mí sólo me infundía ternura. Yo vengo de abajo, de lugares que todos ellos desconocían, pero nunca cree ficción a mi alrededor, siempre fui honesto con mis principios y los principios del Punk: el amor, la libertad, la autogestión, muy lejos de las grandes cámaras y los grandes escenarios. También toqué en El Nueve, como muchas otras bandas, pero con cuantiosa distancia de todo lo que estaba sucediendo ahí.

Comentarios tuyos aparecen en el documental Nadie puede vivir con un monstruo (2015), de Mario Mendoza, que describe los inicios de la banda Size.

Efectivamente, yo siempre colaboro con las buenas causas, pero tengo siempre mi punto de vista. Y para mí Size era un producto de una noche, con todo lo que la noche atrae. Poco tenían que ver con el Punk, su música era más New wave o Electro-industrial, aportado todo por Carlos Robledo; estaban más cerca de The Cure que de los Sex Pistols. Nunca vi que comulgaran con la ideología, pero sí con la moda. La banda fue sólo una fiesta de pocos días. Sexo, drogas y frivolidad. Eso no es Punk. Las bandas de aquél entonces que pasaron por la televisión, como Ritmo Peligroso en Cachún Cachún Ra Ra!, no dejaron de desfilar por la producción de Luis de Llano, es decir, no se escaparon de ser personajes de telenovela. No creo que esté mal el hecho de salir en televisión, sobre todo cuando esa producción ayuda a la banda para que el mensaje llegue más lejos; pero había que ser un poco más selectivos con los medios, para no degradar lo que se tenía que decir. Creo que el mensaje de Dangerous Rhythm es honesto –y lo sigue siendo con Ritmo peligroso–, aunque en un principio, no se podía desligar a la banda con el concepto de moda. Aún así, sufrieron persecución policial y aunque venían de la clase alta, también fueron muy marginados. A mí me gustaba mucho la banda, Javier Baviera me regaló el disco de Electroshock (1980), era un vinilo rojo y me parecía hermoso; lo disfruté mucho hasta que me lo robaron.

Massacre 68 también hizo apariciones en medios de comunicación, como el mítico programa radial Con los pelos de punta.

Aparecieron mis compañeros pero no yo, ni siquiera me avisaron porque sabían que iba a declinar. Yo voy a todos lados, a donde me inviten, siempre y cuando la gente sea honesta. Voy a XV años y a celebraciones marginales. Ahí está la vida, el hambre, las ganas de bailar.

¿Por qué te rechazaste a salir de gira con Eskorbuto?

Yo lo rechacé; porque de tocar en esa gira seríamos utilizados nuevamente por los organizadores que con el pretexto de coadyuvar con la escena, buscaban el beneficio económico personal. Además de que había mucha droga alrededor y yo me opongo rotundamente a ello. A nosotros nos anunciaban en todos lados sin siquiera yo tener conocimiento de los eventos ni de sus organizadores.

¿Comulgas con la ideología anarquista de Sex Pistols?

La historia siempre es injusta. Aquella banda no fue la marioneta de Malcom McLaren, como mucha gente piensa. Poco importa si estoy de acuerdo o no, lo significativo es que Sex Pistols nos ofreció la palabra como arma contra los políticos. John Lydon es un defensor de la palabra como mejor arma, y sobre todo, nos inició a ser auténticos; nunca tuvo la necesidad de vivir en una mentira, siempre ha vivido con la idea de que lo que hacía y hace es siempre desde la verdad. Eso se admira. A Sid Viciuos lo veo como un arquetipo de inmolación, pero nunca de víctima, fue la salvación para futuras tendencias autodestructivas. Murió para que muchos punks entendieran la muerte. Vi a Glen Matlock (ex bajista de Sex Pistols), en su última visita a México y tuve contacto con él.

¿Con qué personaje del Punk de Reino Unido concuerdas?

Quizá con el más ecléctico de todos, Joe Strummer, a quien sí podríamos definir como un Punk intelectual, alguien que nunca se estaba quieto, siempre estaba creando, debido quizás a sus condiciones geográfico-familiares, pues su padre fue un diplomático que viajaba mucho por el mundo, de ahí su eclecticismo musical y cultural. No se casó nunca con ningún género ni con una etiqueta, convivió muy bien con el Reggae, el Ska y otros tantos géneros musicales de Latinoamérica. Pasó parte su niñez en México, antes de entrar en un internado inglés, de ahí el nombre y el sello distintivo de una de sus bandas: Joe Strummer & the Mezcaleros.

¿Has dejado de estar enojado?

Nunca he dejado de estar inconforme, y no creo que deje de estarlo. Simplemente entré en contacto con la Fuente y vivo en sintonía con Ello. A partir de esta conexión con mi espiritualidad, me he convertido en una persona mucho más sensible y abierta a todo tipo de manifestaciones. He tenido avistamientos de ovnis, inclusive he podido registrar algunos. Todos los días tengo revelaciones poéticas de la vida y recibo mensajes del Universo. Me siento en plenitud, pero aún inconforme con algunas injusticias terrenales.

¿Cómo es que alcanzaste este estado de plenitud, has estado en una ceremonia de Ayahuasca?

Yo decidí irme por el camino difícil. Hacerlo por mí mismo. No obstante, “La Abuela” (como se le conoce al Yajé por los taitas colombianos) me visita por las noches y me transmite mensajes; también la marihuana lo hace, pero no las consumo. Soy yo el que les pregunta cosas, ellas acceden cariñosamente a contestarme. Busca el video de Ex Massacre 68 en La Casa del Lago, concierto celebrado el 10 de marzo de 2018, ahí estoy en contacto con Dios. Se me ve sonriente y yo nunca reía arriba del escenario. En esa ocasión incluso subí a niños al tablado, pequeñitos que lloraban por el temor de ver a los punks autodestruirse.

La carrera musical de Massacre 68 transcurrió de 1987 a 1999, dejando un socavón muy grande en territorio mexicano. La banda había formado parte de una avanzada bien reconocida en países como Japón, Estados Unidos, Finlandia, España y algunas ciudades de Sudamérica. Después de algunas tocadas esporádicas en reverencia a punks caídos, un homenaje a la banda organizado por Zine Mexcore e integrantes perdidos por Finlandia, la banda se reúne después de 16 años para concretar un proyecto, la grabación del disco “Zonas Marginadas” (2007); posteriormente, Aknez decide desligarse por completo de esta masacre.

Poco interesa si fuimos los pioneros en algo, expresa antes de colgar: los últimos siempre serán los primeros. Me indica que tiene un mensaje para mí: “Tú ya estás fuera de la oscuridad y al final, lo que importa, es lo que seremos”.