Libros a ciegas y libros de oídas

El oficio de librero cuenta ya con varios siglos sobre sus hombros, pero como cualquier actividad en esta época, también se revoluciona día a día. Los tiempos lo demandan y no queda otro camino que renovarse, poner a trabajar la creatividad y buscar nuevas formas para que los libros lleguen a los lectores de alguna u otra manera.

Hace ya algunos años apareció en internet una fotografía de una librería que envolvió algunos de sus títulos para que los lectores se los llevaran sin saber qué título encontrarían debajo de aquel envoltorio. Y lo que parecía una ocurrencia, con el tiempo se ha convertido en toda una forma de distribuir y adquirir libros.

Ejemplo de ello es la empresa Bookish.es, creada en Barcelona hace apenas un par de años y que a últimas fechas ha anunciado el inicio de sus operaciones en México. La compañía ofrece una caja con un libro sorpresa al mes (comúnmente una novedad literaria). También incluyen un mapa para guiarte dentro de la obra y complementos de lectura, ambos para amplificar la experiencia lectora.

El anuncio de su expansión del otro lado del océano Atlántico hace suponer la buena salud del consumo de libros a ciegas. Pero, además, demuestra que los lectores están ávidos no sólo de ser sorprendidos, sino también de ser guiados por alguien que ha dedicado un tiempo a la selección de los títulos. Es decir, en estos tiempos modernos, la figura del librero de toda la vida sigue vigente, aunque las formas y los canales sean distintos.

Pero esta forma de llegar a los lectores no es privativa del mundo virtual. La librería La Central, presente en Barcelona y Madrid, también ha abierto un espacio en sus sedes con una mesa de “Libros escondidos”. La única guía para saber qué hay detrás del papel opaco es una pequeña frase que indica que podría gustarle a una persona aventurera, romántica, divertida, etcétera.

Otro fenómeno de nuestro tiempo en este ámbito son los audiolibros. Si tan sólo hacemos una búsqueda general por Google, aparecen cientos de formas de adquirir este tipo de obras, ya sea de pago o gratuitas. Y aunque el audiolibro es un producto eminentemente anglosajón, en los últimos tiempos, donde precisamente el tiempo escasea y los móviles han ocupado un lugar central en la vida cotidiana, han comenzado a tener una mayor penetración a nivel global. Ejemplo de ello es Storytel, compañía dedicada por completo al mundo de los audiolibros y que opera en países tan diversos como Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Polonia, Holanda, Rusia, España e India. Y todo parece indicar que pronto llegarán a América Latina, también a través de México.

El consumo de audiolibros ha crecido tanto, que los dos grandes grupos editoriales en español han abierto sus propios canales, como son la Audioteka de Random House o el Planeta de Libros de Grupo Planeta.

Los modernos libreros exprimen su imaginación para lograr llegar a los lectores, lo cual tampoco es un buen síntoma. Los libros deberían estar incluidos en la canasta básica, pero no es así. Y en el futuro, todos estos esfuerzos serán infructuosos si no se crean nuevos lectores, no importa la edad, sexo o estrato social. Si no hay interés, no hay consumo.

Quizá también ya es tiempo de desarrollar la imaginación no tanto para vender, sino para fomentar el interés por los libros. Que el mundo dé una vuelta y sean los lectores quienes vayan a buscarlos, de alguna u otra manera, no importa si es a ciegas para ser sorprendidos o quieran disfrutarlos de oídas, cuando no es imposible tener la vista sobre el texto. Eso da igual. Lo importante es que la gente desee leer y nada más.

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