asturiasMiguel Ángel Asturias

Editorial Cátedra

428 pp

 

¿Cómo envejecen los libros? ¿Se hacen viejos, como los hombres, con el paso cronológico de los años? ¿Y mueren?

Hay libros fundacionales que repetimos de generación en generación para entender los orígenes de la literatura, de la expresión humana, primero oral, luego escrita. La Ilíada, La Odisea. Libros tradicionales que marcan momentos de la Historia de la Humanidad. Y hay otros tantos, miles de ellos que tienen una vida efímera, totalmente pasajera.

Miguel Ángel Asturias escribió El Señor Presidente con muy poca prisa, a lo largo de muchos años. Fue primero un cuento (“Los mendigos políticos”) y luego una serie de narraciones que contaba a sus amigos latinoamericanos de exilio en Francia. Narraciones orales que repetía a menudo y que después transcribía y pulía minuciosamente hasta que “se oían bien”. Todos esos años de trabajo de filigrana se perciben notoriamente en el enjoyado del lenguaje, en las descripciones minuciosas de los paisajes, de las calles, de los personajes, de los atuendos y en la sucesión de palabras determinadas para lograr un efecto acústico tal, que el lector necesariamente debe leer en voz alta el texto para apreciar mejor la onomatopeya, como en el primer capítulo, el sonar de las campanas: “¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre!…” Para los lectores de hoy, a los que cada vez más los autores nos acostumbran a escuetas descripciones que dejan tanto a la imaginación, este libro puede parecer muy pesado de leer o de una riqueza excepcional. Los que nos decantamos por la segunda opción, ya empezamos a ver en esta novela un clásico para atesorar y releer.

Pero además del estilo, Asturias inserta en este trabajo de tantos años una síntesis de los temas que más le apasionaron: los asuntos indígenas de su natal Guatemala (de tradición maya) y que exploró también en sus conocidos títulos “Leyendas de Guatemala” y “Hombres de Maíz”; pasajes que podemos inscribir en lo que luego se llamó Realismo Mágico y Real Maravilloso Americano; pasajes del todo surrealistas producto de sus años en la Europa de la primera mitad del siglo XX; y por supuesto la denuncia social. Esta última, en el caso de El Señor Presidente, no se inserta explícitamente en un contexto histórico específico, pues el autor omite la precisión geográfica, temporal y por supuesto el nombre del tal presidente. Tiene, eso sí, claras líneas con el tipo de sucesos bajo una dictadura, y una investigación somera de la historia de Guatemala nos arroja de inmediato la dictadura de los años 40 en esa nación. Sin embargo, y aquí está la clave para que este libro se siga reimprimiendo, el tema central de esta novela no es el hombre dictador, sino el miedo de los hombres ante la autoridad, el temor universal ante los poderes centralizados, la lucha por sobrevivir y permanecer: “Tuve miedo y lo peor es que no encontraba la puerta para salir”.

Las historias de Cara de Ángel, Camila y el General Canales, para no nombrar a los personajes menores que también se abren camino entre el miedo y el poder, son historias comunes de amor, de fuga, de los muchos disfraces que el ser humano adopta para pasar desapercibido o para obtener favores que protejan a los suyos de la garra del poder y el terror del autoritarismo. Y estas historias se hablan con las de muchos lectores porque lo que las hace trascendentes es la universalidad del sentimiento. No hemos cambiado mucho en poco menos de 100 años: sufrimos de los mismos temores y nos relacionamos fácilmente con los personajes. No importa cómo se llame el poder de turno.

El Señor Presidente es una novela fundacional de la tradición literaria latinoamericana. En la edición de la Editorial Cátedra que leímos, es todavía de mayor valor. Incluye un extenso trabajo analítico de Alejandro Lanoel-d’Aussenac, un glosario y, como apéndice, “El Señor Presidente como mito” del propio Asturias. Para su biblioteca.

Ainara Mantellini

© 2014, Ainara Mantellini Uriarte. All rights reserved.

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Venezolana para siempre, pero fuera de Venezuela por propia decisión. Vivir en Miami me convierte en un poquito de todos lados. Licenciada en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y con estudios de posgrado en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. La lectura me atrapó desde que aprendí a leer y ya no hay remedio para ello. Mi otra pasión: mi esposo y mi hija.