Leyendo poesía en el Miami Daddy

Como en todos los encuentros de poesía, había poetas malos y otros peores, más el homenajeado que cabía en cualquiera de las dos categorías anteriores. Pero usted no empiece de perspicaz, también alguno bueno se logró colar y era cuando la multitud enloquecía (la hipérbole en estos casos es falsa, pero necesaria).

Me habían invitado a leer textos gratis y por supuesto que acepté. Explico: en Miami Daddy todo se cobra. Presentarse en una lectura de poesía de la Miami Book Fair puede costar hasta 85 dolarucos. Hace más de 15 años que no escribo poesía para ser expuesta públicamente, pero al igual que en el súper, en la vida hay que aprovechar las ofertas y Asta La Vista, baby.

Así fue cómo el capitalismo voraz regresó al hado de la poesía a mi pluma. Me inventé un proyecto que me quedó muy chingón y con el que mínimo gano el Premio Aguascalientes (tiembla Jorge Humberto Chávez) y me lancé a la cita.

En Miami Daddy no existe el ágora. La Plaza Pública ha dejado su lugar a la plaza comercial. Los ciudadanos sólo pueden encontrarse con sus iguales comprando entre tienda y tienda. Por tanto, la lectura pública no podía ser en otro lugar más que en el City Place del Doral. Zona que también es conocida como DoralZuela por la gran cantidad de migrantes venezolanos que ahí se han asentado tras el éxodo provocado por la dictadura y alimentado por la ignorancia.

En el centro de la plaza hay una rotonda donde se había colocado el escenario. Detrás, la fuente permeada de colores y una noche seductora del Miami Daddy hacían la combinación perfecta para subrayar el gran trabajo hecho por los integrantes de Milibrohispano. Es necesario destacar que, ostentando un espíritu quijotesco, la organización apoya, difunde y organiza la literatura en español que en este lugar cíclicamente se percibe como un páramo yermo para las letras en nuestro idioma. Da gusto hallar personas tan dedicadas a proyectos artísticos de esta índole.

En el acto había decenas de sillas inmaculadas, un sonido realmente bueno que dejaba escuchar claramente a los poetas (necesito uno para mi sala) y varias banderas latinoamericanas subrayando el origen de los participantes. Las bases de las banderas se movían de un lado a otro debido al aire hasta que las amarraron. Ver a tu bandera ondear en las entrañas del Imperio siempre causa orgullo. No estaba la de México.

En torno a la rotonda se ubican diversos bares y restaurantes, desde Salsa Fiesta hasta Martini Bar, cuya música aquella noche se ahogaba ante el sonido del evento. Nos la Pérez Prado con letra de Agustín Lara. Al igual que Belinda, los poetas: ganando como siempre. Nunca había vivido una experiencia similar, y el desmadre entre el agua, la poesía, las rolas a lo lejos y la gente comprando al mismo tiempo me pareció inigualable. Se trataba de un pandemónium que paradójicamente no dejaba de fluir de manera armoniosa. Por un segundo les creí a los padres del liberalismo económico: el mercado se rige a sí mismo.

Fue un segundo hasta que unos motociclistas rodearon el escenario. Los rugidos de sus Harley Davidson, con equipo de sonido incluido, opacaron la lectura. La primera vuelta posiblemente fue fortuita. Pero los hijos de la chingada se dieron cuenta que molestaban y lo siguieron haciendo una y otra vez. No se crea que junto a los caballos de acero se escuchaban las clásicas canciones de motociclistas como “Born To Be Wild” o “Bad To The Bone”.

Como buenos latinos, los chavorucos-rebeldes-sin-causa de Miami Daddy escuchan reggaetón cuando andan surcando las calles de la jungla de asfalto. Con sus chamarras de piel, su actitud de degenerados y sus lentes oscuros (eran la nueve de la noche) miraban el escenario, mientras el soundtrack de su travesura señalaba: “La noche está para un reggaetón lento, de esos que no se bailan hace tiempo”.

Ante tal atmósfera me entusiasmé sobremanera. Esta experiencia no se vive ni en la Feria del Libro de Frankfurt. Cuando me tocó leer nunca hubiera pensado que los plagios que hice de Gilberto Owen, Amado Nervo y Bukowski se escucharían tan mamalones acompañados con música de Maluma Bebé.