I

Toco tu boca, con mi pene toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi sexo, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi escroto elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi glande por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de mi vientre.

Me miras, de lejos, con mis piernas como tenazas, me miras, cada vez con más movimiento y entonces jugamos al vaivén. Yo a la mitad de tu cuerpo, tú en la mitad del mío. Nos miramos cada vez con más movimiento y mis ojos se agrandan, se acercan entre tus muslos, se superponen y los amantes se aman, respirando confundidos, las bocas se encuentran con los pliegues y luchan tibiamente, mordiendo, chupando, lamiendo con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando con el sexo contrario donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.

Entonces mis manos buscan hundirse en tu vulva, acariciar lentamente la profundidad de tu centro mientras nos besamos y gozamos nuestras bocas llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del sexo, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar, a ti y a tu vagina en mi lengua, contra mí, como una luna en el agua.

II

El sexo oral es fuente de energía. Los egipcios cuentan que Isis unió los fragmentos de su hermano destrozado, Osiris. Pero olvidó su miembro. Le moldeó uno nuevo de barro y para darle vida lo chupó. El sexo oral es fuente de energía.

En La Ilíada aparece el término mujeres de Lesbos. Se supone que se refería a las féminas mejor dotadas para la felación. El verbo griego “lesbiázein” significa “felar”. En la Grecia Clásica, la isla era famosa por la habilidad de sus habitantes para realizar esta práctica. El significado se modifica con matices homosexuales por la interpretación que le dan posteriormente los cristianos, seres aburridos por antonomasia.

En Roma, las prácticas sexuales tenían matices sociales y de poder. El sexo oral estaba ligado a la pasividad y, por tanto, lo realizaban mujeres, esclavos o discípulos a sus esposos, dueños o maestros. Marcial escribió:

Me sentía mal:

pero en seguida viniste a verme tú, Símaco,

Junto con cien discípulos tuyos.

Me tocaron cien manos heladas por el cierzo:

No tenía fiebre, Símaco, y ahora la tengo.

La Biblia no ofrece ningún pasaje específico sobre la felación o el cunnilingus. Su rechazo por la comunidad cristiana, aburrida por antonomasia, está basado en el pasaje de Sodoma y Gomorra, donde se narra que la perversidad humana nace de la contaminación sexual. En cambio, en el Islam, en estos días tan criticado, no hay ninguna prohibición al respecto.

En el capítulo número dos del Kamasutra se habla sobre los tipos de besos. El mejor, el beso de los besos, es donde los labios descubren el sexo del amante. Aplicarlo a la mujer, menciona, es fuente de un placer extremo. Hay que estar atento a sus reacciones, recomienda el texto, para saber por los movimientos si el gozo llena su alma. La mayor de las señales que indican que uno va bien, es la humedad que brinda la amada, esa fuente de dichas que se desborda entre sus muslos y nuestros labios. El sabor de la victoria.

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XALBADOR GARCÍA (Cuernavaca, 1982): Doctor en Literatura Hispanoamericana, escritor y periodista mexicano. Es autor de Paredón Nocturno (UAEM, 2004) y La isla de Ulises (Porrúa, 2014), y coautor de El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015). Ha publicado las ediciones críticas de El campeón, de Antonio M. Abad (Instituto Cervantes, 2013); Los raros. 1896, de Rubén Darío (Colsan, 2013) y La bohemia de la muerte, de Julio Sesto (Colsan, 2015).