#LaBola: Piña

Sobre una mesa, justo en el centro, descansaba en una posición algo desacostumbrada. En el centro, haciendo converger en su carne punzante y ofrecida todas las líneas, todas las miradas, todo el espacio y el tiempo y el deseo.

El olor, su olor, deformando la perspectiva en sí misma como una fechoría inacabada: el manjar, el aroma desquiciante, arrastrador, obligatorio.

La vista, el impacto, el color, el centro: su centro en el centro del centro del mundo en aquellos instantes… el olvido, el hambre, las paredes hipotéticas sin puertas ni respuestas, solo el hambre irresistible haciendo a un tiempo de cebo guloso y apócrifo: la fruta, el jugo y sus carnes hipnóticas:

Los ojos ávidos, las bocas grotescas y seductoras chorreando una baba incomprensible y exacta: los dientes en hipotéticas hilachadas, las lenguas, el paladar, los ácidos: la obsesión por degustar ese sabor conocido y premeditado:

Allí, en el centro del centro, oliendo a químicas efectistas, engañando, se limitaba a ocupar su espacio predispuesto, aquel adorno plástico.