#LaBola: Contracorriente

¿Te pasa que encuentras un árbol
como el de esta foto y te recuerda unos labios, un primer beso, un te amo perdido entre los gritos en un autobús camino a tu felicidad? Lo pasas caminando y vuelves la cabeza extrañado por la conexión tan aleatoria, para gritar sobre la deliciosa curvatura de los encajes, de las pieles superpuestas, del increíble roce de sus manos (te detienes, miras a los lados, gritas: EL ROCE DE SUS DEDOS!) y cierras los ojos para degustar su sexo, para oler esas palabras, esos gemidos y esos ardores que marcaron en tu recuerdo una huella indeleble… y solo entonces te das cuenta que es un árbol despeinado, un torbellino de hojas yendo contra la brisa… y caes, te despeñas, efímero(a), pero te despeñas y bien, contra una verdad sencilla: ella o él te pusieron a contracorriente desde el momento en que se separaron… como… qué se yo cómo, no hay símiles para pérdidas que te llevaron toda una vida darte cuenta que fueron irreparables…

y eso que no hablé de miradas, porque si te pido que recuerdes las miradas… te asesino.