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La segunda patria de Bob Marley

The stone that the builder refused
Will always be the head cornerstone
-Bob Marley-

Los que cortamos lazos con nuestros países, sentimos que la “nueva patria” se convierte en aquel lugar en el que están los seres que amamos, y es por eso que si tuviéramos que elegir donde morir, sin duda sería allí, rodeado de aquellas personas.

Bob Marley alcanzó la cumbre de su carrera en Europa entre los años 1975 y 1977, mientras vivía en Londres. Logró ser el primer músico tercermundista con una repercusión internacional igual o mayor que artistas del nivel de Mick Jagger. La cúspide llegó con el tour del album Exodus: fue sold out en Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Francia, Bélgica, Alemania y Suecia. Estados Unidos no era indiferente a su música, aunque en comparación con Europa tenía una notable desventaja. La gran gira estadounidense de Exodus estaba programada al finalizar la europea, pero las cosas no siempre salen según lo previsto: en Francia, jugando fútbol contra un equipo de periodistas, se rompió una uña del pie. La herida fue grave: su médico encontró células cancerígenas y recomendó amputar el dedo para prevenir la propagación del cáncer. La gira por América se canceló, y ese año —1977— Marley volaría a Miami a escuchar una segunda opinión.

La ciudad que recibió a Marley era bastante diferente de la que conocemos ahora: no estaba poblada de latinoamericanos del extremo sur del continente, pero sí de habitantes del tercer mundo caribeño: Bahamas, Haití, Jamaica, Aruba. La inmigración legal y las lanchas con contrabando humano desde Haití y Bahamas eran el plato de cada día. La dictadura de Fidel Castro consolidaba cada vez más a una comunidad cubana que si bien siempre tuvo presencia en el sur de la Florida, eran otras las razones que la desplazaban afuera de la isla: la inconformidad con el gobierno de Batista o el lujo que podía permitirse cierta élite de vivir con un pie acá y otro allá. Miami llevaba acuñado el imaginario de “tierra prometida” desde entonces.

En Miami el panorama no fue muy alentador: los médicos en el Cedars of Lebannon Hospital (hoy Jackson Memorial del Downtown) confirmaron el diagnóstico. Había que remover las células cancerígenas de inmediato, y lo mejor era amputar el dedo. Esa no era una opción para el credo rastafari, pero sí que le removieran las células. Marley compró una casa para reposar el período post operatorio y establecerse con su esposa Rita y con Cedella Booker Marley, su madre, que vivía en Delaware y se mudó con ellos. Un par de meses después, ya algo recuperado, terminó de gestar el album Kaya en los estudios Criteria de Biscayne Boulevard. Su famoso hit Buffalo Soldier también se grabó ahí. Teniendo esposa, madre, casa e hijos en Miami, los planes continuaron. Fueron casi dos años de gloria con los álbumes Kaya —esta gira culminó con el concierto en la Arena del Jai Alai de Miami—, Survival y Uprising. Y en New York, en la gira Uprising, el cáncer hizo eco nuevamente. Marley viajó donde su médico en Alemania, pero esta vez no hubo tregua: le quedaban muy pocos días de vida. El viaje de regreso fue a Miami, a su casa, a pasar sus últimos momentos junto a su familia. A las 11:45 am del lunes 11 de mayo de 1981, Bob Marley falleció de la mano de su madre en el Cedars of Lebannon Hospital.

Que los textos biográficos y documentales le dediquen pocas líneas y contextualicen más su vida entre Londres, Alemania, New York, y sostengan que su muerte en Miami fue circunstancial, son argumentos son totalmente rebatibles: el máximo exponente rastafari era habitual en estas calles. Incluso una de las fotos más divulgadas en la que aparece jugando fútbol fue tomada en un parque de Miami. Y a pesar de que en Alemania le dieron pocos días de vida y pudo quedarse ahí, abordó un avión y “apagó la luz” en la capital mundial de los bikinis y las siliconas. Actualmente varios de sus hijos viven acá, y Cedella, su madre, que se quedó desde finales de los setenta, murió en 2008.

Marley apenas vivió 36 años, por eso no se estableció más en la ciudad, pero no debería resultar impensable que quizá, como nos sucede a muchos, esta tierra pudo haber sido una “patria” para el Rastafari.

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