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¿Qué concepción del arte se esconde detrás de los discursos de aceptación de los premios Nobel de literatura? Esta es mi octava entrega.

En 1923, la academia sueca otorga el premio a William Butler Yeats. Curiosamente, el poeta y dramaturgo irlandés es premiado mayormente por su producción teatral y no por lo que sería reconocido en el canon de la literatura anglosajona: su poesía lírica. Con obras como La condesa Catalina (1892), El umbral del palacio del rey (1904) y Deirdre (1907), Yeats estimuló el establecimiento de la dramaturgia nacional irlandesa (en 1901 fundó el Teatro Abbey y la Compañía de Teatro Nacional Irlandés). En contra del naturalismo y siguiendo el modelo griego y japonés del teatro, Yeats apostó por lo poético, lo místico y lo hermético en estas composiciones que exploran las leyendas y los héroes de la historia y mitología irlandesas. Aprovechando la joven independencia de Irlanda, Yeats eligió para su discurso de aceptación hablar del “movimiento dramático irlandés”. Es un recuento histórico de las dificultades y logros de su compañía y el teatro de su país. Sin embargo, nos deja joyitas como estas: “En el campo, uno está solo con su propia violencia, con su propia pesadez y con la tragedia de la vida, y si tiene alguna capacidad artística desea una emoción bella aunque no sea fantástica su expresión, ya que las estaciones serán siempre las mismas. En la ciudad, donde todos los seres humanos se acumulan, uno no se odia a sí mismo: odia al otro. Y así, si no quiere amargarse la vida y amargar la de su vecino, si trata de evitar asesinar a alguien en nombre de una frenética revolución, alguien debe enseñar lo que es la realidad y lo que es la justicia”. Compositor de baladas populares, de poemas cósmicos, de textos filosóficos y de reflexiones oscuras, en Keats la poesía aparece como una brisa que nos toma desprevenidos. Póngase como ejemplo “Paz”: “¡Ah!, si el Tiempo pudiera moldear una forma/que pudiera mostrar aquello que/cuando Homero cantaba/se tenía por la paga de un héroe./‘Si su vida hubiera sido siempre /tormentosa, los pintores no pintarían/ formas con líneas de tal nobleza’, dije,/‘tal su cabeza, altiva y delicada/, esa severidad junto al encanto,/tanta dulzura en medio tras esa fuerza’. ¡Ah!, pero la paz que diligentemente viene/llegó cuando el Tiempo ya había tocado su forma” (El Yelmo verde y otros poemas en traducción de Roque Puel de Cristo; regalo de Víctor Ruiz Velasco).

Y el pescador dijo: “Habla y abrevia tu relato
porque de impaciente que se halla mi alma
se me está saliendo por el pie”.
Las mil y una noches, “Historia del pescador y el efrit”.

© 2015, Pablo Brescia. All rights reserved.

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Pablo Brescia vive desde 1986 en Estados Unidos. Ha publicado los libros de cuentos Fuera de lugar (2012) yLa apariencia de las cosas (1997) y el libro de textos híbridos No hay tiempo para la poesía (2011), este último con el pseudónimo de Harry Bimer. Sus relatos han aparecido en revistas literarias, suplementos culturales y portales de Internet de España, Estados Unidos, México y Perú; participó, además, en antologías como Pequeñas resistencias 4. Antología del nuevo cuento norteamericano y caribeño (2005) y Se habla español: voces latinas en USA(2000), entre otras. Se desempeña como profesor e investigador de literatura latinoamericana en la Universidad del Sur de la Florida. Como crítico literario, es autor de la monografía Modelos y prácticas en el cuento hispanoamericano: Arreola, Borges, Cortázar (2011) y co-editor y contribuyente de varios libros, entre ellos El ojo en el caleidoscopio: las colecciones de textos integrados en la literatura latinoamericana (2006) y Borges múltiple: cuentos yensayos de cuentistas (1999).  Su blog es Preferiría (no) hacerlo http://pablobrescia.blogspot.com.