La industria musical y los amigos equivocados: Interrogatorio Punk a Víctor (Music Radar Clan)

Parece que hay algo de entrañable y natural en el hecho de vincular la música a la vida. Las dos se conforman y se enaltecen con este acercamiento. Se dice que una canción es verdadera, en acto seguido de la palabra, cuando refleja la autenticidad de la vida, y que una vida está lograda cuando por su intensidad alcanza los tonos de la música. Autenticidad e intensidad son grados de la más plena realización estética y humana. Valores reconocidos también en la personalidad de Víctor, una especie de enciclopedia personificada que comanda un vlog de divulgación musical dedicado a lo mejor de los últimos 70 años de música; un podcast visual donde el vasto conocimiento discográfico, bibliográfico y de coleccionismo de vinilos se dan cita. Así, es posible hoy reconocer que la virtualidad (virtuosidad) del conocimiento musical tienen un nombre: Music Radar Clan, donde el coleccionista adopta un don visionario anterior a la palabra; en este espacio, la música tiende a ser valorada además del hecho estético, sonoro y Lingüístico, como un orbe de revelaciones del mundo moderno.

Por eso y por más, Víctor de Music Radar Clan, debía contestar el Interrogatorio Punk de Underground en Suburbano.

 

Punk se trata de ser individual, de ir a la contra, de ponerse de pie una y otra vez y decir: “esto es lo que soy”; expresaba Joey Ramone. ¿Quién es Víctor de Music Radar Clan?

Pues si se lo tuviese que explicar a Joey Ramone en su propio lenguaje, básicamente soy un tipo que lee mucho de música y habla sobre lo que ha leído en Youtube, sin complicarme demasiado la vida. Intento que todo lo que hablo sea en un lenguaje sencillo y no pretendo impresionar a nadie.

 

Por otra parte, el doctor en zoología Greg Graffin (Bad Religion), afirma en A punk manifesto (2002), que esta ideología es el proceso de cuestionar y de comprometerse a la comprensión, que resulta en el progreso individual y por extrapolación, guiaría hacia un progreso social. ¿Qué tipo de argumentos cuestiona Víctor?

Es muy interesante uno de los pilares del libro A punk Manifiesto, que es justo el que comentas: por un lado es una llamada a cuestionarse todo y renegar de los principios socialmente aceptados, y a un mismo tiempo es una llamada comprometerse hasta el final con unos principios individuales que uno debe elegir por sí mismo, y que no tienen por qué encajar con los de los demás o con lo socialmente establecido. Yo hay algo que siempre me he cuestionado en lo relacionado con mi trabajo en la música, y es qué tipo de amigos profesionales quiero tener y actuar en consecuencia. Por poner un ejemplo, para mí es mucho más importante tener una buena relación con una agrupación sindical de artistas que con el departamento de marketing de una gran discográfica. Y es en lo que siempre me he centrado. En ocasiones, cuestionarte cosas que consideras que no están bien implica asumir que hay gente con la que posiblemente no te llegarás a llevar bien, y eso será un daño colateral. Si se están violando los derechos de los artistas en los festivales, o si está habiendo abusos contractuales en el sector musical y quieres hablar de ello, sabes que hay gente que ya no querrá tener una relación contigo, ni te ofrecerán patrocinios, pero es el precio a pagar por el camino con el que uno se compromete. Creo que, en la industria musical, mucha gente está eligiendo los amigos equivocados, al menos desde mi punto de vista.

 

Si bastantes personas se sienten libres y son animadas a usar sus habilidades de observación y raciocinio, grandes verdades emergerán. ¿Qué tan libre te consideras?

Yo tengo la suerte de ser extremadamente libre en mi trabajo de divulgación musical. Tengo mi trabajo al margen, que es de lo que vivo, y eso hace que mis objetivos cuando hablo de música sean más libres que si mi vida dependiese de él. En otros aspectos, pues por desgracia no soy tan libre, aunque tengo la suerte de trabajar en algo que me gusta y en buenas condiciones, que en cierto modo viene a ser una forma de libertad. Al final, cuestionarse aquello de lo que uno depende suele ser lo más difícil. Este es uno de los grandes problemas que ocurren en el sector musical, donde coartar la libertad y la capacidad de crítica es en muchas ocasiones una prioridad para ciertas compañías. Una banda de éxito lo primero que obtiene es un contrato que coarta su libertad y limita su capacidad de cuestionarse el propio camino que se le asigna, o incluso el funcionamiento de la industria de la que forma parte. Por décadas, muchos artistas que han creado grandes revoluciones lo han podido hacer en gran medida porque han sido conscientes de esto y han intentado proteger su libertad por encima de todo.

 

¿Cuál fue la primera banda que viste en vivo?

He ido a tantos conciertos desde niño que sinceramente ni lo recuerdo. Con muy pocos años mi madre me fue llevando a muchos conciertos y la verdad es que es la mejor educación que me pudo dar al respecto. Muy pequeño mi madre ya me llevó a ver a los Rolling Stones y a James Brown, y nunca le podré estar lo suficientemente agradecido.

 

¿Cuál es tu constructo personal de anarquía?

Visto desde un punto de vista racional, más allá del extremismo primitivo de una anarquía que aspira a la ausencia de estructuras y normas sociales, creo que la anarquía es la defensa de los valores individuales frente a una imposición colectiva. Que existan unas estructuras sociales y estatales no significa que éstas no puedan ser cuestionadas por los individuos y en caso de ser necesario, hacerlas caer. Esto implica también el respeto a unos valores individuales que son objeto de una libertad personal que debe respetarse por encima de la imposición social. La gente muchas veces no es consciente de lo que las ideas anarquistas han aportado a la sociedad actual. El derecho al aborto y parte de las victorias sociales de las últimas décadas han nacido a partir de tratados anarquistas como la Huelga de Vientres que precisamente luchaban por las libertades individuales frente a la imposición colectiva.

 

¿Qué tema elegirías para ser escuchado al final de tus días?

Nunca lo he pensado, la verdad, pero me gustaría que el final de mis días fuese con la gente que me rodea pasándoselo bien y disfrutando de la vida. Que yo deje de estar aquí no significa que la vida sea en sí misma una oda a disfrutar. Me gustaría que fuese música apasionada y que refleje a gente que disfruta.

 

¿Qué es lo que convierte a un libro de memorias, como lo es Life de Keith Richards y James Fox (White Mischief), en un tratado filosófico?

Son libros que no narran la vida de sus personajes, sino que son el camino de personas que se cuestionan su propia vida. Son el viaje de unas personas que han pasado su vida encontrándose a sí mismas, actuando en consecuencia, y cuando lo habían conseguido, vuelven a cuestionarse a sí mismas una y otra vez. Son un proceso cíclico de replanteamiento de la vida y la felicidad y cómo actúan en consecuencia. Entienden la felicidad como un objetivo cambiante ante el que hay que estar alerta para tenerlo claro y no perder la perspectiva.

La visión de la muerte en los dos es muy interesante. En cierto modo lo ven como una meta que debería haber llegado y no llegó, lo que los hace ver la vida como un regalo con el que no contaban.

 

¿Qué es lo más tedioso de ser un videocreador o youtuber?

Que la parte que más disfrutas es irónicamente la que menos tiempo le sueles dedicar. La parte más reconfortante de crear contenido musical es elegir los temas interesantes, revisar documentación, estructurarlos, y armar un discurso que estructure y condense todas las ideas. El problema es que una vez hecho vienen horas de grabar, editar, procesar y pelear con la plataforma, que irónicamente acaban llevando mucho más tiempo.

 

Morrissey es una gran letrista, “This Charming Man”, “Suffer Little Children” y “Reel Around The Fountain” son grandes temas; ¿a qué crees que se deba el que su Autobiografía (Penguin Classics, 2013) sea tan mala?

Sinceramente, a que Morrissey es un personaje que miente más que habla, y que ha tenido toda su vida una extraña necesidad por venderse a sí mismo por encima de mostrarse a sí mismo. Es una biografía incoherente, a ratos contradictoria y que hace saña de partes de su vida que son muy reprochables. Es una pena porque es un personaje suficientemente interesante como para poder hacer una biografía increíble simplemente diciendo la verdad, pero sinceridad sea tal vez una palabra que nunca ha estado en su vocabulario.

 

Has dicho que vestir camiseta negra, jeans y tenis es todo un acto contracultural trabajando en una empresa de moda, ¿en qué empresa trabajas y cuál es tu puesto?

No hablo nunca de la empresa en la que trabajo porque es una empresa que siempre ha hecho de la discreción su sello, y creo que es importante mantener la separación entre dos mundos en mi vida que en cierto modo no deberían mezclarse, pero digamos que trabajo en la empresa de moda más grande el mundo. Soy la persona que convierte las ideas de un diseñador en los millones de prendas que están en las tiendas. Lo más irónico es que vivo de vender un concepto que yo mismo no compro. Vendo un concepto de que la moda es una expresión individual, una forma de mostrarte mejor al mundo y verte mejor contigo mismo, pero sinceramente, yo hago todo eso de la manera exactamente opuesta.

Me visto igual todos los días, y esa es mi manera de mostrarle al mundo lo que soy: una persona que tiene mejores cosas que hacer y de qué preocuparse que de pensar en el color de la camiseta que se va a poner mañana. Es un acto de liberación que me ha ahorrado mucho tiempo, dinero, preocupaciones secundarias y sobre todo que me ayuda a mostrarme realmente mejor como lo que soy. Porque yo no soy una prenda de ropa.

 

Es muy triste la historia de amor frustrado entre la cantante irlandesa Sinéad O’Connor y Anthony Kiedis (Red Hot Chili Peppers), que el mismo músico narra en su autobiografía Scar Tissue (Hachette Books, 2004), co-escrita con Larry Sloman (On The Road whit Bob Dylan), y que dio paso a la hechura del tema “I Could have lied”, que compuso al lado de John Frusciante. Curiosamente, O´Connor no aparece en tu video Outsiders, talento y enfermedades mentales: una forma totalmente distinta de entender la creatividad. ¿Por qué nunca has hablado de esta artista y su trastorno bipolar, diagnosticado en 2003?

La relación entre la música y las enfermedades mentales es muy compleja y apasionante. No existe una división clara entre ambas y tampoco siempre existe una conexión entre ambas. Muchos artistas tienen problemas mentales, pero éstos no han formado una parte activa de su trabajo creativo, por lo que obedece a un ámbito meramente personal y sensacionalista. El caso de Sinéad O’Connor es complejo porque su producción creativa se desplomó tras el diagnóstico de su enfermedad y tengo dudas de que sus problemas mentales hubiesen influenciado su proceso creativo hasta el nivel de llevarla a hacer algo que se salga totalmente de los cánones generales de la música, como pudo ser el caso de Daniel Johnston o de Syd Barrett. Aunque digo esto con ciertas dudas, porque al final es todo mera interpretación personal.

A ella por desgracia su enfermedad mental le supuso una amalgama de episodios personales bochornosos con gente como Prince, pero sobre todo le supuso en gran medida el final de su trayectoria profesional.

 

El día mundial de las enfermedades mentales (10 de octubre), publicaste un video sobre El estigma de la enfermedad, algo crítico en la industria cultural. Eres uno de los pocos videorealizadores que no incitan a la romantización de las enfermedades mentales, una estrategia de consumo muy de vanguardia, que idealiza e incluso pone en pedestal de admiración los desordenes mentales y la depresión. Háblame de ello.

Es muy complejo porque hay una línea muy delgada que separa el estudio objetivo y la romantización. Por un lado tenemos cómo las enfermedades mentales han llevado a algunos artistas a procesos creativos únicos y fuera de los cánones generales, que es apasionante desde el punto de vista de la musicología. Por otro lado está la visión romántica y fascinada de las enfermedades mentales en los artistas que a veces se suele tener y que está más cerca del morbo que de la musicología.

Intentar comprender el trabajo de un artista implica intentar comprender lo que ocurre por su mente, y las enfermedades mentales son un elemento clave, pero es importante mantener cierta distancia en la medida de lo posible porque, no nos engañemos, detrás de todos estos personajes siempre hay lo mismo: gente enferma que sufre y que en muchas ocasiones es víctima de no recibir la ayuda que necesita.

La industria y la sociedad siempre han jugado un papel muy dañino en este aspecto porque por un lado espera de este tipo de gente enferma que no esté enferma, y por otro lado genera una opinión condescendiente como si fuesen víctimas de una enfermedad sin cura, cuando en el fondo muchas veces son víctimas de una mala atención psiquiátrica, de abusos laborales, o de un entorno que intenta exprimirlos económicamente. Y eso, no lo olvidemos, mata a la gente. Muchos artistas han muerto por esto, pero no han muerto víctimas de una depresión, o de un brote psicótico, o de una adicción descontrolada. Estos artistas han muerto víctimas de un entorno que no les ha proporcionado una atención médica correcta y un entorno seguro en el que trabajar y vivir con su enfermedad.

 

¿Tienes algún disco de Desechables, la banda de Punk formada en Vallirana, que terminó con 7 miembros del grupo muertos?

Ya me gustaría, la verdad. Sus trabajos originales fueron muy pocos, y apenas estaban despegando cuando comenzó la serie de tragedias. Hoy son objetos de culto y especulación que alcanzan precios en cierto modo desproporcionados. La escena Punk que hubo en España muy a primeros de los 80’ era increíble y podía haber dado muchísimo material bueno de no ser porque la escena entera acumulaba tragedia tras tragedia. Hubo desde censura desproporcionada, como el caso de Las Vulpes, a tragedias como la de Eduardo Benavente, a crónicas de una muerte anunciada como fue el caso de Miguel González, el guitarrista de Desechables y un poco el punto que marca la serie de tragedias de la banda. Al final muchos eran heroinómanos en una España que en cuestión de dos o tres años había sido invadida por una oleada de heroína que arrasaba con todo. Su Maqueta de primeros de los ’80 creo que es una buena muestra de lo que podían haber sido y no fueron.

 

Has conversado un poco en tu canal sobre las rarezas en plástico que más atesoras, y una de ellas es de Loco Mia, pero no has ahondado mucho, ¿puedes hablarme un poco más del Taiyo (Hispavox, 1989)?

Creo que tenemos una visión muy distorsionada de lo que fueron algunos artistas españoles de los ’80 y ’90 que en cierto modo eran unos vanguardistas. Loco Mía son un buen ejemplo de ello. Para el inicio de los ’90, uno de los puntos más vanguardistas de Europa estaba en Ibiza, y de hecho venían artistas de toda Europa a esta isla, que estaba a la vanguardia del concepto de ocio nocturno, de música de baile e incluso en cierto modo de la moda. La Ibiza de primeros de los ’90 inspiró a cientos de artistas de todo el mundo, aunque por desgracia aquí en España muchas veces no somos conscientes de ello. Loco Mía son el ejemplo perfecto de que en Ibiza estaba ocurriendo algo diferente y que todo el mundo lo estaba viviendo mientras el resto del país lo veía con cierto recelo.

Ese disco de Loco Mía trae influencias de la escena electrónica británica de lugares como Mánchester, de la escena holandesa, una visión del Technopop distinta al sintetizador de los ’80.

Luego toda su escenografía es realmente interesante. Es reflejo de una moda Ibicenca fresca y exótica que estaba influenciando a mucha gente en todo el mundo. En el Ibiza de la época había una extraña indefinición entre vestirte y disfrazarte, y su estética es un buen reflejo de ello. Esto en moda es un concepto que se conoce como “moda Adlib”, y se define como la moda que se desarrolló en Ibiza en los ’90, basada en tejidos naturales, color blanco, bordados, dorados, joyería artesana y maximalismo. Es un concepto reconocido en todo el mundo y que por desgracia los españoles en muchas ocasiones desprecian.

 

¿Hay algo más fuerte que la música?

Más que la música, en mi opinión sería la actuación en directo en sí. La música es potente, pero al final es en directo cuando un artista muestra su talento y su energía de verdad. Es la prueba de fuego que no engaña, y que muestra la verdadera vocación y la fuerza interior que puede tener o no tener un artista.

 

¿Qué es la paternidad para Víctor?

Si la tuviese que definir desde mi experiencia, es la oportunidad de que tu hija tenga todo lo bueno que tú tienes e intentar que nunca tenga todo aquello de lo que no te sientes orgulloso. Nunca había sido consciente de mis carencias y de muchos aspectos de mi vida y mi infancia hasta que tuve a mi hija y empecé a pensar: bueno, no quiero que ella viva con esto con lo que yo viví, ni hacerle pasar por eso por lo que me hicieron pasar, ni inculcarle esto que me inculcaron a mí.  Por otro lado revives sin darte cuenta todo lo que te hizo feliz en tu infancia y en cierto modo vueles a vivirlo desde otra perspectiva.

 

¿Qué es lo más punk que has hecho en toda tu vida?

Nunca he sido una persona especialmente combativa ni revolucionaria en las formas. Es algo de lo que no me siento del todo orgulloso y viéndolo ahora con perspectiva me hubiese gustado volver atrás y luchar más activamente contra cosas contra las que podía haber hecho más. Supongo que no todos estamos hechos para luchar con esa actitud tan confortativa y explosiva que es el punk, y a algunos les funciona mejor la lucha de una forma más reflexiva. En cierto modo creo que es mi caso.