La epidemia de la violencia en Estados Unidos: un problema de salud pública

En solo un mes la nación sufrió tres matanzas cometidas con armas de fuego que dejaron un saldo de más de 25 muertos.

El doctor Anthony Fauci, principal especialista en enfermedades infecciosas de Estados Unidos, dijo el domingo 18 de abril que la espantosa serie de tiroteos masivos en las últimas semanas en el país demuestra que la violencia con armas de fuego es un problema de salud pública.

La declaración de Fauci tuvo lugar en el programa de CNN State of the Union (Estado de la Unión), a raíz de la matanza en un centro de FedEx en Indianápolis. Un joven ex empleado de esa empresa de envíos, Brandon Scott Hole, mató a ocho personas con un arma automática adquirida legalmente, a pesar de que Hole había tenido roces con la justicia. Después utilizó el arma contra sí mismo.

Cuatro de las víctimas eran miembros de la comunidad sij de Indianápolis, por lo que se investigaba si la xenofobia contra personas de origen asiático fue uno de los móviles del crimen múltiple.

El pasado 16 de marzo, otras ocho personas fueron asesinadas en tres salones de masajes del área metropolitana de Atlanta. Siete eran mujeres y seis de ellas eran de ascendencia asiática. El sospechoso, un joven de 21 años llamado Robert Aaron Long, fue detenido tras una agitada persecución policial. La octava víctima era un veterano del ejército que se dedicaba a instalar sistemas de seguridad.

Seis días después de la masacre en Atlanta, un tiroteo mortal tuvo lugar en un supermercado de Boulder, en Colorado. Un hombre también de 21 años, Ahmad Al Aliwi Alissa, residente de Arvada, en ese mismo estado, mató a 10 personas, entre ellas un policía, en un supermercado King Soopers, utilizando un fusil AR-15 que había comprado seis días antes. Familiares de Alissa dijeron que creían que el joven padece de problemas mentales. De momento se ignoraba el motivo del crimen.

Tres matanzas espantosas conmovieron a la nación norteamericana en el lapso de un mes. Pero no fueron los únicos episodios de horror. Hasta la fecha, 147 tiroteos han ocurrido este año en los Estados Unidos, 45 de ellos en abril.

Estados Unidos está sufriendo una epidemia de violencia con armas de fuego. En el país hay más de 330 millones de armas en manos de civiles, más que la cantidad de habitantes. La posesión de esa artillería se justifica habitualmente con la Segunda Enmienda de la Constitución, que data de finales del siglo XVIII. La enmienda dice: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se infringirá el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.

La confusa redacción de la enmienda ha dado lugar a un largo debate sobre su interpretación, pero no hay duda de que en esos tiempos iniciales de la república norteamericana, la posesión de armas estaba vinculada a la pertenencia a una milicia ciudadana para defender a la nación. Hace mucho tiempo que ese objetivo ha perdido su vigencia. Hoy, la invocación de la Segunda Enmienda es un pretexto para mantener el lucrativo negocio de la venta de armas a la población civil, que en 2018 tuvo un volumen de venta al detalle de unos 11.000 millones de dólares. Un negocio que no tiene en cuenta la relación directa entre la facilidad de adquirir armas de fuego y la violencia cometida con esos artefactos.

Unos 36.000 estadounidenses mueren cada año por armas de fuego. En comparación con otros 22 países de altos ingresos, la cantidad de homicidios con armas de fuego en los Estados Unidos es 25 veces mayor, a pesar de que su población es la mitad de la población combinada de los otros 22 países.

Según la BBC, en Estados Unidos hay 120,5 armas de fuego por cada 100 residentes. El país que está más cerca en esa estadística, Yemen, desgarrado por un largo conflicto, tiene 52,8. En el vecino Canadá, la proporción baja a 34,7. La comparación matemática es clara: mientras más armas se venden, más homicidios se cometen.

Al momento de terminar este artículo, leo en las noticias que el domingo 18 de abril hubo otro tiroteo con un saldo trágico. Esta vez fue en un concurrido bar de Kenosha, en el estado de Wisconsin. A altas horas de la noche, a un cliente lo echaron de la taberna. El individuo se marchó, pero regresó poco después y abrió fuego con una pistola. Mató a tres hombres y dejó heridos a otros tres, antes de ser apresado por la policía.

Estados Unidos es devastado por una epidemia de violencia, un grave problema de salud pública, como lo ha afirmado el doctor Fauci. Y las medidas para contener esa plaga deben tener en la mira un control estricto de la venta de armas, una vigilancia mayor de los delincuentes y los psicópatas, y la derogación de la Segunda Enmienda, una cláusula obsoleta y nociva para la paz social.

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