Kirk Douglas, la leyenda del cine que desafió al extremismo político

Uno de los legendarios actores de la época dorada del cine, Kirk Douglas, se nos fue el 5 de febrero.

Tenía 103 años. Una vida larga y fructífera, que deja un legado de filmes trascendentales en los que Douglas interpretó los papeles más diversos: policía, gángster, cowboy, vikingo, soldado. Fue el atormentado pintor Van Gogh en A Lust for Life (Sed de vivir), un ambicioso boxeador en Champion (El ídolo de barro) y un coronel francés en la cinta antibélica Paths of Glory (Senderos de gloria). Entre paréntesis, Douglas, nacido con el nombre de Issur Danielovitch en Amsterdam, Nueva York, hijo de emigrantes judíos de Bielorrusia, hablaba francés y también alemán.

Una de sus actuaciones más recordadas fue como protagonista de la cinta de carácter histórico Espartaco, dirigida por Stanley Kubrick en 1960, sobre el rebelde gladiador tracio, líder de una sublevación de esclavos que puso en jaque al poderío de Roma.

Douglas fue también un rebelde en su vida personal. Al filmar Espartaco, el actor le dio un golpe demoledor a la política infame de cerrar las puertas de Hollywood y poner en una lista negra a los sospechosos de ser subversivos, en el clima de histeria anticomunista desatado por el senador Joseph McCarthy. Douglas insistió en que el guionista y novelista Dalton Trumbo, un hombre con un pensamiento de izquierda, escribiera el guión de Espartaco. Trumbo, que pasó 11 meses en una prisión federal por sus ideas y por negarse a declarar ante el Congreso, estaba en la lista negra de la industria del cine. Pero a Douglas no le importó: también exigió que Trumbo –que escribía guiones con un seudónimo– apareciera en los créditos de la película con su nombre real.

Poco antes, el cineasta Otto Preminger, que en el mismo año filmó la monumental cinta Éxodo, también se había enfrentado al macartismo: contrató a Trumbo como guionista y lo incluyó en los créditos del filme.

Douglas no se amilanó ante las críticas que recibió de personalidades de Hollywood como el actor John Wayne y la columnista de la farándula Hedda Hopper por su empeño en reivindicar a Trumbo. En 1996, cuando Douglas recibió un Oscar honorífico por los logros de su carrera, el director Steven Spielberg le dio las gracias públicamente por su valor al enfrentarse al temible extremismo macartista.

En su vejez, tras dejar de hacer películas, Douglas se convirtió en un ávido usuario de Internet y una estrella del medio social MySpace, donde tenía miles de seguidores y compartía opiniones con los jóvenes.

Al cumplir los 90 años el 9 de diciembre de 2006, Douglas expresó: “Tengo un mensaje para la gente joven de los Estados Unidos. Cumplir 90 años es algo especial. En mi caso, este cumpleaños no solo es especial sino también milagroso. Sobreviví a la Segunda Guerra Mundial, un accidente de helicóptero, una apoplejía y dos rodillas nuevas. Es una tradición que cuando un «chico cumpleañero» se para frente a su torta, pide en silencio un deseo para su vida y después apaga las velitas de un soplido. He seguido esa tradición por 89 años, pero en mi 90 cumpleaños, he decidido rebelarme. En vez de pedir en silencio un deseo para mí, quiero pedir un deseo en voz alta para el mundo. Veamos la realidad: el mundo es un desastre y ustedes lo están heredando. Generación Y, ustedes están al borde. Ustedes son el grupo que afronta muchos problemas: pobreza abyecta, calentamiento global, genocidio, SIDA y terroristas suicidas, entre muchos otros. Estos problemas existen y el mundo está en silencio. Hemos hecho muy poco por resolver estos problemas. Y ahora se los dejamos a ustedes. Tienen que arreglarlos porque la situación es intolerable. Deben rebelarse, alzar la voz, escribir, votar y cuidar a la gente y al mundo en que viven”.

En nuestra época peligrosa, en la que resurgen y se aplican ideas y políticas fascistas, la desigualdad social es escandalosa y criminal, y no se hace lo suficiente por salvar al planeta y a la humanidad de la crisis climática, Kirk Douglas nos deja un poderoso mensaje de rebeldía. Su civismo, su pensamiento humanista y su valiente oposición a la injusticia perduran entre nosotros. ¡Gracias por tu coraje, Espartaco!