Huérfanos de Nobel

Alejados nos quedan los nombres de Camus o Sartre que no lo quiso aceptar. Más cercanos a estos tiempos nos suenan Saramago o Pamuk. De América Latina siempre recordamos a García Márquez y a Neruda, quien involuntariamente hace que nos olvidemos de Mistral, la única mujer de la región en conseguirlo. Pero ella nos indica el camino hacia otras inolvidables, como Jelinek que no quiso viajar para recibirlo o Lessing y su Oh, Crist cuando un periodista le dijo que era suyo o a Munro que confesó que en la primera persona que pensó fue en su padre cuando su hija la despertó para avisarle que le llamaban de la Academia Sueca.

Poquísimas mujeres en un listado de más de cien años de Premios Nobel de Literatura. Por eso quizá sea justo que en este 2018 nos quedemos huérfanos de autor premiado debido a un escándalo sexual dentro de una de las instituciones más reconocidas en el mundo. Porque podemos criticar que se lo dieron a Dylan o que Tolstoi se lo merecía más que Prudhomme en la primera edición, pero el Nobel sigue siendo sinónimo del más alto galardón al que puede aspirar cualquier escritor sobre la tierra.

Se dice que en 2019 se entregarán dos premios con el objetivo de paliar la ausencia de este año. Después de los sucedido, la elección parece una tarea más que complicada. ¿Se decidirán por dos mujeres como acto de contrición? ¿Apelarán a la tradición y concederán los premios en base a una carrera literaria inapelable, así se trate de dos hombres? ¿Optarán por una salomónica cuota igualitaria? Por ahora tienen todo un año para pensarlo, pero sin duda será una de las decisiones más esperadas y que dará mucho de qué hablar después de lo sucedido.

Por ahora nos quedaremos con las ganas de entrar a la web del premio y sintonizar desde minutos antes el anuncio, rogando porque una vez se abran las blanquísimas puertas de la Academia digan el nombre de uno de tus autores favoritos o por lo menos el de uno que reconozcas que se lo merece. En general nadie atina a las quinielas. Muchos se han dejado algunos billetes en las casas de apuestas creyendo que ahora sí se lo lleva Murakami. Y quizá este año lo era, y al final nada. No fue.

Tal vez estaba tan convencido que ahora sí era su momento, que por eso pidió que retiraran su nombre de la candidatura al Nobel de Literatura Alternativo concedido por una organización llamada La Nueva Academia. Encabezada por una conocida escritora sueca. La organización se conformó por bibliotecarios, artistas y por otros escritores del país nórdico. En total eligieron a 47 autores. Después de una criba, quedaron cuatro finalistas, entre los cuales se encontraba Murakami. Al final, el premio recayó en la escritora guadalupeña Maryse Condé, de quien parece no hay obras traducidas del francés al español. Así que habrá que esperar para conocer y apreciar su obra.

Y una vez cerrado este capítulo, el Premio Nobel de Literatura comienza una nueva etapa, como lo hizo hace cien años, cuando la Primera Guerra Mundial llegaba a su fin, pero el premio no fue concedido.

Ya lo dice otro de los candidatos al premio, Milan Kundera: el eterno retorno es misterioso.