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Escribir a contrarreloj

Unos se tiran en paracaídas, otros van de safari, algunos bucean con tiburones. Yo, escribo a contrarreloj. Puede parecer una aventura menor, pero lo cierto es que escribir es arriesgarte. Porque todo lo que escribes te representa, muestra un lado de ti. Aun cuando el tema no tenga nada que ver contigo, la mirada, el enfoque y tu estilo, e incluso tus erratas y tus faltas, hablan de ti.

Ahora imagina que lo tienes que hacer con una rapidez inusitada, teniendo cuidado de no resbalar entre cada palabra, que cada línea te compromete y que un error o una falta, te castiga.

Cuando conocí el mundo de los Slams de Escritura: inventar historias a partir de la nada, con el tiempo en contra y con cientos de ojos mirándote. Sí, mirándote, porque leen lo que escribes. Jamás imaginé que se convertiría en mi sino en los meses siguientes.

Primero participando, y ganando en un pequeño pero muy divertido slam por equipos, y luego participando en la primera eliminatoria del Gran Slam de manera individual. Me quedé a un paso de la final, pero la experiencia me sirvió para darme cuenta, en primer lugar, de que la escritura puede ser espectáculo emocionante. Y en segundo, que escribir a contrarreloj puede ser un deporte de alto riesgo.

Las pulsaciones se aceleran, las manos tiemblan sobre el teclado, dudas en cada línea, imaginas en cada frase y buscas, si es necesario, una coherencia en la trama, intentas, como puedes, darle cierta tensión. Pero, sobre todo, buscas una complicidad con el público, una reacción que te indique que están contigo, que te siguen, que leen al tiempo que escribes.

Después de quedar segundo en la eliminatoria, decidí seguir, sin embargo, el destino es caprichoso, y recibí una oferta de trabajo, en otro país, en una ciudad histórica. ¿Para hacer qué? Algo parecido. No se trata de escribir, pero sí de corregir. Corregir textos que leerá un periodista frente a una cámara en un noticiero.

Cuando ha comenzado, como las noticias deben ser frescas, por aquello de la esclavitud de la inmediatez, no todo está corregido. Así que debo leer, con cuidado, en fracciones de segundo, detectar las erratas, los datos erróneos o las frases incoherentes. Luego escribir, con rapidez, sabiendo que eso que estoy plasmando, una persona tendrá que leerlo frente a miles de personas que lo observan.

Dos mundos completamente distintos, pero las mismas sensaciones. Y ahora que el curso termina, miro hacia atrás y comprendo que la vida es tan inteligente que nos va mostrando el destino mientras andamos el camino. Pero jamás nos damos cuenta.

Seguro que más de uno pensará que exagero, que enfrentarse a un tiburón genera más adrenalina que todo lo que les he contado. Bien. Pues atrévanse a experimentarlo por placer o por trabajo. Estoy seguro que cuando lo hagan pensarán lo mismo que yo: quiero volver a hacerlo otra vez.

 

 

 

 

 

 

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