Entrevista a la escritora Martina Broner

martina-bronerMartina Broner estudió cine en la Universidad de Columbia y escritura creativa en la Universidad de Nueva York. Publicó el libro de cuentos El ruido de la fiesta (Mancha de aceite, 2011) y forma parte de la colección 20/40 -autores latinoamericanos menores de cuarenta años en Estados Unidos-. En el 2013 recibió el premio Heineken Voces del Tribeca Film Institute. Actualmente cursa el doctorado de literatura hispánica en la Universidad de Cornell.

Pregunta común, pero que nunca dejamos escapar, ¿Podrías, por favor, contarnos acerca de tu trayectoria literaria? 

Vengo de otro ámbito, estudié cine y trabajé como guionista. Siempre escribí cuentos, pero diría que mi transición oficial a la literatura empezó con el taller de Félix Bruzzone en Buenos Aires; Esos cuentos conformaron mi primer libro, y después hice la maestría de escritura creativa en la Universidad de Nueva York. Ahora estoy cursando el doctorado de literatura hispánica en la Universidad de Cornell.

Participas en la colección 20/40 con el cuento ”Milú en la nieve”, ¿Nos podrías comentar brevemente de qué va la historia, por favor?

“Milú en la nieve” es la historia de un chico argentino que cuida a un gran pirineo llamado Milú, se hace pasar por poeta para conquistar a una chica, y roba bicicletas para sobrevivir en Nueva York.

De los temas que son comunes a los narradores que escriben en español en EE.UU. ¿cuál crees que toca en particular tu literatura? En caso que ninguno, ¿piensas entonces que migrar no ha afectado tu escritura?

No me gusta pensar que exista un imaginario colectivo omniabarcante de los escritores hispánicos; eso sería muy aburrido. Tampoco me gusta la idea de asumir el hispanismo como una postura literaria, así sea por un deseo de ser visto como algo exótico (en Estados Unidos) o simplemente por querer acceder a cierta sensación de pertenencia que pueda surgir de ese vínculo. No me interesa hablar de mí misma en lo que escribo y menos buscar afirmar mi propia singularidad a través de una identidad nacional. Más allá de Messi y el fútbol, no tengo ningún sentimiento nacionalista.

¿Qué crees que podría aportar el formato digital a tu carrera y a las de otros escritores emigrados?

El formato digital me genera cierta esperanza frente a las prácticas monopolizadoras de las industrias editoriales, en cuanto a la posibilidad de crear cierta multiplicidad de agentes de producción de valor cultural y expandir el espacio que ya existe, un poco más al margen del mercado, para la renovación literaria. Si somos optimistas, tampoco es menor el potencial que podría tener el formato digital, como forma de circulación, para borrar las distancias geográficas y disminuir la exasperante segmentación nacional de la literatura.

¿Te relacionas con otros escritores latinoamericanos en la ciudad en que vives? ¿Cómo son los lazos que se crean cuando estás lejos de casa?

Al estar lejos de la familia, los lazos son muy intensos y se van armando familias postizas. En Ithaca, donde vivo, Edmundo Paz Soldán y Liliana Colanzi han formado un grupo de escritores latinoamericanos y norteamericanos que es realmente especial. En Nueva York también se armó un grupo de gente querida, con escritores como Osdany Morales y Antonio Muñoz Molina y también Javier Molea en la librería McNally Jackson. El escritor latinoamericano con el que principalmente me relaciono es mi marido, Francisco Díaz Klaassen.

Cuando saliste de tu país, ¿tenías planes de regresar? ¿Los sigues teniendo ahora? ¿Te ves establecida a largo plazo en EE.UU.?

No pienso en términos de planes futuros, ahora estoy acá y estoy contenta. Tampoco siento añoranza de una patria, ni sabría a dónde regresar. Soy venezolana y argentina, tengo las dos nacionalidades; aunque en Estados Unidos tengo muchos lazos, aquí no soy más que un no-ciudadano, con derechos limitados a mi cualidad de extranjera. Mis bisabuelos, mis abuelos y mis padres fueron todos exiliados, así que mi concepto de país siempre ha tenido mucho más que ver con la gente que con el lugar.

Descarga la tercera entrega de 20/40 -20 autores latinoamericanos menores de 40 en EE.UU.

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Sinopsis: Un muchacho que cuida un perro, roba bicicletas y se desmorona emocionalmente con Nueva York de fondo; una mujer le confiesa a su esposo que se masturba, un esposo que se encamina a la locura y un psicólogo que nos cuenta el historial de esos dos pacientes (y sus culpas en todo esto); el nombre de Felisberto Hernández que –como una ampolleta– irradia literatura en un relato donde hay manos que tocan pianos y un ciego indescifrable; el enfrentamiento de un grupo de estudiantes y fuerzas policiales en una universidad, y un carnaval que incluye una competencia de camisetas mojadas en el auditorio Macondo del programa de Literatura.