Si una característica personal es digna de elogio en la vida del presidente de México, Enrique Peña Nieto, es su imaginación. Es un tipo con tanta creatividad que aún imagina que la gente le va a creer sus mentiras sobre la transformación positiva del país en los últimos años, o sobre las ventajas de sus Reformas Económicas o sobre el respeto a la libertad de expresión.

Peña Nieto aseguró en los días previos a su 6to Informe de Gobierno que está seguro de que los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa en septiembre de 2014 fueron incinerados por el crimen organizado en el basurero de Cocula. Y lamentó que las madres y padres de las víctimas no quisieran aceptar esa información. Pero no se trata solo de que afirme disparates como ese, sino de que seguro imagina que alguien confía en su palabra. A él no le importa que expertos de diferentes países determinaran que no hubo tal incendio en Cocula, no le importa que la Procuraduría General de la República haya sido acusada de fabricar pruebas para ocultar los verdaderos motivos y culpables de la desaparición forzada. Peña Nieto es un hombre de mucha imaginación, y le gusta imaginar que lo que diga en televisión nacional será tomado como cierto.

Peña Nieto también imagina que él es un incomprendido. Imagina que nadie entiende su talento para la política, imagina que nadie entiende todos esos cambios favorables que ha promovido por el destino de México al neoliberalizar la economía. Hasta podría decirse que su desbordada imaginación es su peor enemiga.

Ahora lleva varios días retomando esos papelazos masivos a los que tiene tan habituados a México. Las cápsulas audiovisuales que formaron parte del 6to Informe de Gobierno, presentaron sus nuevas versiones sobre la adquisición de la Casa Blanca, sobre el éxito de la Reforma Educativa, sobre su relación con Estados Unidos. Durante aproximadamente minuto y medio, va mintiendo cada día sobre logros que sólo él percibe y seguro imagina, por qué no, que luce bien haciéndolo. Eso tiene en común con su admirado Donald Trump. Los dos suponen que reiterar mentiras en público podrá dar a la luz algunas verdades.

No solo la imaginación de Peña Nieto merece ser elogiada. También su postura como padre de familia. Con total desinterés, el presidente de México ha criado a sus hijos y a los hijos de su esposa, la ex actriz de Televisa Angélica Rivera. No tienen hijos en común, pero los hijos e hijas de cada uno parecen ocupar el mismo lugar en la familia de Peña. Todos tienen acceso a vacaciones millonarias en París, todos comparten al tatuador Jon Boy, que cobra 400 dólares la hora; todos viajan juntitos a ver al Papa y a la Reina de Inglaterra y todos se compran ropa de más de 7 mil dólares la pieza para lucir en esas visitas como dignos frutos de un México que muy pocos conocen. Hijas e hijos de Peña y Rivera comparten esas necesidades tan de nuevos ricos, que nunca precisan de libros ni carreras universitarias, pero que aman a Calvin Klein y a Instagram como a la Virgen de Guadalupe.

Quizás por eso Peña Nieto está seguro de que México ha mejorado tanto desde que él es presidente. Es probable que, antes de que ocupara Los Pinos en 2012, ninguno de sus hijos pudiera comprarse ropas de 7 mil dólares; ni viajar en un Boeing 787-8 que escandalizó a no pocos por su precio millonario. Quizás, al final, no tiene tan buena imaginación Peña Nieto y de verdad cree que las condiciones económicas de su país han mejorado mucho en los últimos años, sencillamente porque su prole puede vivir mejor, comer mejor y disfrutar mejor de un erario que él ni trabaja ni comprende. Quizás a Peña Nieto más que elogiarle su imaginación, entonces haya que elogiarle un cinismo e hipocresías sin precedentes.

“Ya se va, ya se va,” dirán con el consuelo de la esperanza quienes saben que Andrés Manuel López Obrador ocupará la presidencia el 1ro de diciembre, con la mayoría de la bancada en el Senado. Pero un tipo con tanta imaginación, o con tanto cinismo, como Peña Nieto, seguro se va a imaginar unos cuantos cambios más antes de dejar el cargo.

© 2018, Dainerys Machado. All rights reserved.

Compartir
Artículo anteriorEl mejor escritor ruso olvidado
Artículo siguienteKnockemstiff: feo, sucio y malo
Dainerys Machado Vento (La Habana, Cuba, 1986). Es licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana. Máster en Literatura Hispanoamericana por el Colegio de San Luis, México y doctorante en Lengua Moderna y Literatura en la Universidad de Miami, Estados Unidos. Es una de las compiladoras y prologuistas de la edición anotada Las palabras de El Escriba. Artículos publicados en Revolución y Lunes de Revolución (1959-1961), del escritor cubano Virgilio Piñera (Unión, La Habana, 2014). Recibió el Premio Estatal de Periodismo San Luis Potosí 2016, en México. Se ha desempeñado como editora en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y en la Casa Editorial Tablas-Alarcos, en Cuba. Lleva el blog personal letrasqueves.wordpress.com
Loading Facebook Comments ...
Loading Disqus Comments ...