La obra del artista venezolano Francisco Martínez explora las diversas grafías de lo que sea tal vez el último resquicio de comprobación de la identidad individual antes de que la era tecnológica consagre todo a la imagen: la huella digital. Como ha observado Katherine Chacón, en las esculturas de Martínez la geometría de la huella se concentra en su dimensión espiral que tiende siempre a lo abstracto. Por otra parte, se produce la elección del metal como material apropiado para “transformar lo plano en volumétrico”. En esta investigación de la huella —marca y signo de aquel que estuvo ahí y ahora está pero no está; palabra y señal asociadas al crimen, a la búsqueda detectivesca, al acierto y al error, a los documentos (cómo no reparar en ello) de identidad de los países latinoamericanos en otras épocas— Martínez despliega su imaginación y trabaja sobra las ondas concéntricas desde una variedad de colores (amarillo, rojo, negro, blanco, celeste) y continentes (una botella, la figura de Hitchcock, una cerradura, Magritte). Así, como ha señalado Josefina Núñez, la huella como soporte comienza a erigirse en un “código cifrado” que el intérprete u observador deberá develar para establecer el puente de comunicación necesario. De la abstracción a los objetos, los números y las figuras humanas, la exposición de Martínez sobre la huella digital adquiere contornos propios y varias de esas figuras dan la impresión de ser un animal intergaláctico o, quizá, uno de los que estamos creando ahora mismo en este siglo XXI: hermosos seres apocalípticos que encuentran en el filo de sus ondas expansivas de metal y plástico la razón de un ser que sólo Martínez puede crear.

 

             Y el pescador dijo: “Habla y abrevia tu relato

porque de impaciente que se halla mi alma

se me está saliendo por el pie”.

Las mil y una noches, “Historia del pescador y el efrit”.

© 2018, Pablo Brescia. All rights reserved.

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Pablo Brescia vive desde 1986 en Estados Unidos. Ha publicado los libros de cuentos Fuera de lugar (2012) yLa apariencia de las cosas (1997) y el libro de textos híbridos No hay tiempo para la poesía (2011), este último con el pseudónimo de Harry Bimer. Sus relatos han aparecido en revistas literarias, suplementos culturales y portales de Internet de España, Estados Unidos, México y Perú; participó, además, en antologías como Pequeñas resistencias 4. Antología del nuevo cuento norteamericano y caribeño (2005) y Se habla español: voces latinas en USA(2000), entre otras. Se desempeña como profesor e investigador de literatura latinoamericana en la Universidad del Sur de la Florida. Como crítico literario, es autor de la monografía Modelos y prácticas en el cuento hispanoamericano: Arreola, Borges, Cortázar (2011) y co-editor y contribuyente de varios libros, entre ellos El ojo en el caleidoscopio: las colecciones de textos integrados en la literatura latinoamericana (2006) y Borges múltiple: cuentos yensayos de cuentistas (1999).  Su blog es Preferiría (no) hacerlo http://pablobrescia.blogspot.com.