#LaBola: el yoyo

yo tenía un amigo que dibujaba garabatos, remolinos sonrientes, amapolas con pétalos hipodérmicos, mujeres-espiral donde uno podía girar y perderse o encontrarse para siempre en las antípodas de todo lo que le era cierto… yo tenía un amigo que dibujaba su muerte y era una casa de ventanas abiertas por las que salían olores-pájaros y una verjita breve al lado de la que señaló con una flechita a un perro y lo identificó como “el tiempo», había una fila de peces y nubes esperando para entrar, alrededor de ellos corrían cordones de zapatos imitando contornos de niños, besos y otros objetos veloces.
Mi amigo nunca pintaba el interior de la casa, decía que hubiera sido demasiado obvio…

Sin embargo, pintaba los cielos, cielos encerrados en cajas que dejaba en la puerta de la casa para que alguien los recogiera, los entrara y les diera un techo donde habitar. Esos cielos variaban, en tamaño, en color, en violencia. Las cajas no sé de dónde las sacaba. Solo sé que pintaba recuerdos de otros, olores mañaneros, huellas de enamorados acabadas de borrar por la marea.

El yoyo tenía una pasión exacerbada por lo efímero y esto lo hacía eterno…