El viento en tu cara

El viento en tu cara - Portada webEn una época caracterizada por la sobreproducción literaria y en la que cualquier persona se cuelga, quizás con el desparpajo del exhibicionismo y la falta de pudor, el rótulo de escritor ; en una época de saturación informativa y consumo veloz y acrítico de los diferentes géneros literarios y en la que algunos escritores buscan espasmódicamente el « imprimatur » o la bendición, el padrinazgo o la membresía en grupos de poder del sistema literario ; en una época en la que la mediatización tentacular y la mercantilización a cualquier precio pretende imponer que se debe escribir para y por el « fetiche mercado » con el fin de generar abundantes réditos sin preocuparse que los resultados sean de dudosa calidad; en una época surcada por lo banal y trillado que muestra los abundantes límites de las propuestas, hay por fortuna una literatura que sigue apostando por la calidad, una literatura que revela fe en el oficio, convicción en la escritura, desarrollo fecundo en las ideas. Es la « literatura de los intersticios » que respeta al lector, lo seduce a través del buen narrar y satisface las expectativas que nos hacemos de ella. Una literatura que rechaza de por sí la impostura y los impostores, que nos reconforta por el hecho de que nos percatamos que existen autores que siguen creando, guiados por la calidad, que nos conducen a experimentar el goce del hallazgo cuando los descubrimos y los leemos. Ésta es la consecuencia de la pericia y de la honradez del escritor, el cual nos revela, a través de su modo de narrar y de su mirada ante el mundo, la solidez de sus lecturas y la elegancia de su estilo. Sin temor a exagerar y manteniendo la sobriedad, me atrevería a decir que es, sin duda alguna, el caso de Félix Terrones (Lima, 1980), joven escritor y crítico quien ya ha incursionado en géneros como la novela corta con A media luz (2003), la novela con El silencio de la memoria (2008) y el cuento con Cenizas y ciudades (2014). Esta vez, Terrones ha frecuentado un género muy fecundo en las letras latinoamericanas de las últimas décadas : el microrrelato. Ya la elección del título : El viento en tu cara es eficaz y estimula la curiosidad, animando al lector a adentrarse en un universo en donde prevalece el gusto por el buen narrar. La obra es un conjunto de microrrelatos divididos en tres partes : « Criaturitas angelicales », « Ellos y ellas » y « Periferias del silencio ».

En la primera parte, « Criaturitas angelicales », el autor nos narra el complicado e imaginativo mundo de la infancia y de la adolescencia y su mirada es abarcadora por la riqueza de temas y situaciones tratadas. Ya desde el principio aparece la literatura y la escritura vistas como aspiración de la vida en « Vocación ». La ironía del título del presente volumen nos acompaña en la lectura del conjunto de microrrelatos y pareciera que el autor pusiese de cabeza el lugar común que pretende que la niñez y la adolescencia estén representadas por una ingenua y romántica visión « angelical ». Los personajes que habitan en los mundos ficcionales del autor nos muestran lo contrario, es decir, la inconsciente crueldad del mundo infantil, una crueldad que aleja cualquier concepción idealizada que sigue habitando en el imaginario. Gracias a la visión atenta y desencantada del autor, nos podemos dar cuenta que el mundo infantil y adolescente está construido por una copiosa trama hecha de sensaciones, intuiciones, observación y sentimientos intensos y contradictorios que, no por el hecho de vivir ese período de la existencia, son simples como las buenas fábulas al uso quisieran seguir proponiéndonos. La inconsciente crueldad que puebla el mundo infantil la encontramos en « El columpio » y « En el jardín », o en la percepción de la diferencia y su incomprensión en « La bicicleta ». La crueldad se traduce en el terror generado por la desbordante fantasía en « Imaginación infantil » y « Casa de muñecas », microrrelato en el cual, son los adultos a percibir su propia visión del terror. La amistad, pese a las barreras de clase y no exenta de ambigüedad, está vista por el autor como algo muy presente en la realidad social cuyas rígidas jerarquías emergen y son parte integrante de una cultura discriminadora que, tal vez, nos hace sentir el eco de un cuento bryceano. El tránsito de la niñez hacia la adolescencia es un viaje entre la curiosidad y el descubrimiento del cuerpo en « Madres e hijas » y « Juegos familiares ». La sobriedad con la cual el autor narra la nostalgia es un recurso poco frecuente en cierta narrativa peruana donde se encuentra, más bien, un tratamiento patológico de la nostalgia. Así, « Mi barrio », y « Los fondos marinos » son evocaciones, un llamado a la Memoria como tentativa de reconstrucción del pasado. El autor observa también la adolescencia con un tono melancólico en las relaciones entre padres e hijos, relaciones marcadas por la decadencia física de la figura paterna en « Cumpleaños de mi padre », la corrupción de menores en « El señor Gamarra » y la fuerte carga simbólica que integra la relación padre-hijo en « El secreto de la montaña ».

La segunda parte, titulada « Ellos y ellas », es rica y abundante por el abanico de temas tratados, en los que destacan, por una parte, la indagación de las relaciones amorosas en las que prevalece una melancolía sobria y una cierta tendencia al estupor. Pareciera que el autor fuese un maravillado testigo de las situaciones probables e improbables de la vida. Estas impresiones, que nos seducen mientras vamos descubriendo paso a paso las historias, nos sugieren, asimismo, una mirada escéptica que relativiza la ideología del amor, elemento éste que existe en las narraciones tan ancladas en la realidad, tan vividas en lo cotidiano, poniendo en evidencia la capacidad de exploración del autor por lo que se refiere a la psicología de sus personajes y a la multiplicidad de las voces narrantes. Prueba de ello son : « Bolero de Ravel », « Carmina Burana », « Viaje a Italia », « Adiós », quizás el mejor homenaje a Monterroso y al género : « Encontró la aspiradora encendida, apenas entró en el apartamento vacío » (pág. 52), una de las piezas maestras del conjunto en donde el ruido, el silencio y el vacío, tres conceptos integrantes de lo contemporáneo, están viviendo en las otras narraciones. La identidad, a través del doble y de las máscaras, es otro campo de indagación en el cual el peso del enigma y de la paradoja nos revelan cuán eficaz puede ser la dialéctica de la impostura en las historias narradas de « El espejo delator », « Doppelgänger », « Dos mujeres » y « Máscaras javanesas », por ejemplo.

La tercera parte, titulada « Periferias del silencio », inicia con lo patológico y ese concepto puede ser abarcador en el sentido de la multiplicidad de significados que se desprenden. La locura, la enfermedad, la decadencia física, la pérdida de la Memoria en « Algunas patologías », « Sala de espera », « Dentaduras postizas » y « Curiosa enfermedad » donde se ahonda en el misterio de la fragilidad de la vida. Lo patológico también puede ser narrado en lo político representado como la « herida nacional », a través de la « peruanidad malograda », amarga y real constatación, exenta de cualquier retórica celebrativa o patriotera, de los endebles conceptos de Nación y de nacionalidad, desprovistos de valores y vaciados de sentido en « Madrid-Barajas, 35° ». Lo político hace referencia a la Historia y sus peligrosas derivas demagógicas contadas valiéndose del recurso a los símbolos y a la afabulación en « Historia del hombrecito y de las masas »,  « El desierto de los tártaros » de buzzatiana memoria en los que la barbarie del colonialismo y de los siniestros « destinos manifiestos » nos recuerdan que el peligro está siempre latente y son, por otro lado, un saludable ejercicio de la Memoria.  El compromiso con la literatura cierra el volumen y los últimos seis microrrelatos que lo componen son una suerte de « manifiesto » del autor y de su visión sobre la literatura y los escritores. Así, Terrones desmonta mitos y esto resulta muy reconfortante en una época de conformismos hegemónicos como la que describimos líneas arriba. Pone de cabeza las múltiples veleidades de aquellos que están convencidos de escribir obras maestras que permanecerán inconclusas e inéditas para siempre en « La obra maestra desconocida » ; la retórica y el vacío de la crítica en « Congreso literario ». « Sobre el arte de escribir » es quizás la mejor denuncia del « estado del arte » de la literatura de nuestros tiempos, de esa literatura de la sobreproducción y de la banalización en la que muchos se autodefinen, con poco pudor y máxima satisfacción de los « yoes hipertróficos », « escritores » : « Mi libro, repleto de lugares comunes, era en resumidas cuentas un ejemplo de cómo los jóvenes de ahora piensan más en ser escritores que en escribir. Para escribir era necesario, antes que nada, ser un buen lector, haber leído a los clásicos . » (pág. 122).

Por todo lo dicho, concluyo celebrando un libro y un autor pocas veces visto por lo refinado de su lenguaje y por la convicción que emerge de su escritura. Un autor que revela su fe en el oficio y en su autonomía. La buena literatura se sigue praticando en los intersticios, a pesar del « mainstream » fetichista de la mercantimización hegemónica. La buena literatura nunca necesitará de ello. La buena literatura existe, vive con la fuerza de las ideas que logra transmitir. Lo demás, es silencio.