La primera vez que la vi, no pude contener el aliento y la sorpresa. Había previsualizado el esbozo de un personaje femenino durante una reunión en mi casa hace más de cinco años. En aquella ocasión, mi amigo el pintor Alfonso Delgadillo hizo una referencia hacia una pintura de una mujer con cabeza de perro, de su autoría. De manera inconsciente, la imagen resultó confabularse con mi personaje. El simbolismo más abstracto dio como fruto un relato extenso: Memorias de una psicótica.

Pasaron algunos meses y el sedimento creativo permaneció quieto; sin embargo, luego el personaje comenzó a cobrar fuerza y a ratos se rebelaba con furia, tal como si estuviera dentro de un saco cerrado queriendo liberarse. En este sentido, hay un espacio temporal en la creación de una historia que tiene matices singulares, pues resulta inestable el proceso en que se gesta un relato. Comenzaré diciendo que la escritura, o el acto de escribir un texto literario, varía según las circunstancias del escritor. ¿Cuáles son ellas? Sin duda, tiempo, dedicación a la obra y decisión para ejecutar. Éstas están ligadas a algo muy importante: la creatividad del escritor para enrolar y materializar un personaje dentro de una historia.

En Memorias de una psicótica hay un personaje principal y un antagonista, los cuales están en una pugna constante por lastimarse; sin embargo, un tercer personaje, de gran peso en la historia, aparece para ejercer un cierto equilibrio o desequilibrio. La idea particular es ver qué tan profundamente afecta su inserción en los otros dos personajes.

Ahora bien, en una parte del relato hay una marca o indicio fundamental, que desemboca acciones muy borgianas.

Cito:

Recuerdo fugazmente la noche en que perdí la inocencia, fue una feroz mordida de la naturaleza y un encuentro con la otra persona que ya se formaba en mí desde hacía algunos meses, sobre todo después de cursar la secundaria. Yo no estaba preparada para salir al mundo, aquella vez me atrapó el destino o la causa, no sé, de un modo imprevisto, y por miedo a ser yo, opté por matar todas aquellas cosas que componen a un ser humano.

La anticipación sugerida de los hechos provoca la dramatización del personaje, así como una sublimación hacia su objeto de deseo, el cual, en este caso, es el antagonista. Si esto lo ejemplificamos, sería así:

A: Protagonista 1 | B: Antagonista | C: Protagonista 2

A + B: problema

B = objeto de deseo = ¿Qué desea A para B? La destrucción

C = ¿Qué es? = equilibrio o desequilibrio

B = ¿Qué desea? Acabar con su remordimiento

Memorias de una psicótica constituye una creación inconsciente que desea salir y gritar todo su odio al mundo a través de un personaje femenino, el cual fue marcado por una agresión muy grave en su adolescencia. Por tal motivo, este eje triangular hace girar los goznes de la historia. Si analizamos, es una trama simple que tiene tres personajes fundamentales; no obstante, lo anterior no significa que el grado de tensión sea llano. Desde luego, hay otros elementos que construyen la densidad y estiran hasta el clímax el relato.

Ahora bien, todo esto no hubiera surgido sin la gestación de aquella pintura de mi amigo. Su apreciación fue el detonador. Una mujer con cabeza de perro de raza pastor alemán resulta simbólico. Un perro es fiel, según la tradición y la experiencia lo indican; sin embargo, no se puede decir lo mismo de un humano. La infidelidad y la traición están ligadas a su naturaleza. ¿Qué podemos argüir? La combinación de factores nos arroja un resultado contundente:Memorias de una psicóticaes indefinible porque la literatura no es asunto de matemática o física. Al contrario, el simbolismo es lo que cambia la percepción de cada lector posible.

Hay una reminiscencia en este personaje femenino: Emma Bovary. Es el primer esbozo para escribir una obra monumental, que requerirá tiempo y estudio. Para los que no conocen quién es ella, platico brevemente un dato: es un personaje que inventó el escritor francés Gustave Flaubert en el siglo XIX en su obra Madame Bovary. Obviamente, como novelista no diré el por qué hasta que la historia esté escrita en su totalidad.

De circunstancia, encuentro que mi fascinación por los perros no es de hoy, sino de toda la vida; y es, hasta este entonces, que surge la inquietud de escribir. Me resulta, cómodo, pues, desarrollar un relato en donde la ficción pueda caber y extenderse a lo largo de los cuatro puntos cardinales. En este sentido, recuerdo una frase de Enrique Vila-Matas, cuando dice: “Tengo tanta imaginación que no resisto mucho leer un libro entero con mucha seriedad; es decir, necesito escaparme de aquello para imaginarlo yo”.

En el camino de la escritura, uno encuentra situaciones que te obligan a cambiar. Pasa que al estar redactando y piensas en el personaje que ya trazaste en el borrador, diagramaste en una libreta o definiste en una presentación de Powerpoint o Keynote, te encuentras que ya perdió todo sentido, se cayó el asunto planeado y nunca podrás volver a la historia porque ya no cabe. La imaginación de la que habla el escritor catalán es una pieza fundamental, variando el estilo de éste, por supuesto.

Ahora bien, ¿cómo hacer para que la imaginación, esa gaviota quisquillosa que planea en aguas bajas en la playa para después irse sin dejar rastro, sea constante y pueda ser arrojada en un texto? Tengo un método: escribe todo lo que puedas y no pares hasta tener un buen corpus de historia. Después, aparece la razón y la edición de un texto, el famoso tallereo, el acercamiento al detalle. Cuando me preguntan que cómo hago para escribir con poco tiempo para la producción de textos, respondo “uso mi imaginación”, y eso implica darse a la tarea de escribir la página al vuelo, como va saliendo, porque en mi experiencia puedo decir que si interviene la razón en la creación realmente literaria, un texto pierde el alma y la sustancia. Más conveniente es decir que un relato tendrá -con la salvedad de la calidad literaria con que se ejecute- más de ti cuanto mayormente escarbes en tu interior. Por eso, recomiendo usar el impulso de la idea y desarrollarla al límite. En este sentido, discrepo de los métodos timoratos de escritores que piensan tanto una obra que se les va la vida. Quizá sea por mi carácter obsesivo que me arrojo y voy a la batalla… si hubiera sido soldado, no dudaría ni un céntimo en ganarme la gloria en el combate, por usar una analogía.

El hecho es que el tiempo es vital para cuando estás escribiendo un texto. Piensa en cuánto tiempo invertirás en tu obra, en las horas sentado frente al ordenador o la libreta, o donde te plazca escribir; analiza si estás dispuesto a acelerar el paso cuando sea necesario y qué tan conveniente es para tu historia y personajes esta situación. En ocasiones, los factores externos influyen en los actos internos de la creación. Por ejemplo, está el caso de García Márquez. Cuando escribía Cien años de soledaden el Barrio de San Ángel en CDMX, hubo un momento en que se bloqueó. Para encontrar el cauce, decidió salir al patio y ahí, entre un instante cualquiera y otro, tuvo la idea de una metáfora acerca de la mujer más hermosa del mundo, cuando se desaparecía por su belleza. En la realidad, vio cómo las sábanas que estaba tendiendo la persona que se encargaba de lavar la ropa, la extendía en el aire y las ondas que provocaba el viento, aliteró su imaginación. Cayó la bomba en su mente y decidió irse a continuar la novela. Circunstancialmente, este tipo de situaciones pueden surgir en cualquier momento de nuestras vidas. Cuando vas en el coche, en el camino hacia la tienda o yendo hacia el parque… la interrogante es el cómo. Resulta un misterio que no podemos entender. En lo personal, creo que es mejor dejar las cosas como se originan y no quitarles ese velo insólito que nos asombra. 

Fuentes

TV UNAM. (2011, Junio 22.) Café con Shandy. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=qjmd1tI1dCg

García Márquez, G. (2007). Cien años de soledad. Madrid: Alfaguara.

 

Ilustración: Lek Chan

© 2018, Luis Estrella. All rights reserved.

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Luis Estrella (Ciudad Mante, Tamps). Es escritor y poeta, licenciado en Letras Hispánicas por la UANL. Figura en el libro de cuentos Calidoscopio (2005), publicado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, con el cuento “La muerte de Emilio”. En poesía con La vida que pasa (Diáfora, 2013). Ha publicado las novelas Después de la niebla (Nómada, 2015) y Los 70´s después de Cristo (Resolana, 2016). Trabaja en su tercera novela. Ha colaborado en diversas revistas y periódicos, así como en diversos proyectos culturales que difunden la lectura; fundó la revista literaria La Llave (2014-2015). En la actualidad es redactor editorial en la revista Diario Cultura, donde mantiene una columna. Labora en Playful, una agencia consultora de business innovation como Copywriter creativo y redactor de contenidos.