El presupuesto de Trump no hará a América ‘grande de nuevo’

Como era de esperar, el presupuesto que el presidente Donald Trump presentó al Congreso el lunes 12 de febrero contiene fuertes recortes a los programas sociales.

Al mismo tiempo, Trump quiere disparar el gasto de las fuerzas armadas a más de 680.000 millones de dólares. Propone un plan de reparación y modernización de infraestructura –carreteras, puentes, etc.– que consumiría $200.000 millones en diez años. Y destina $23.000 millones a contener la inmigración, incluido el famoso y anacrónico muro en la frontera con México que se empeña en construir.

¿Recuerdan cómo los conservadores lanzaban furibundas críticas contra el presidente Barack Obama cuando no lograba controlar el déficit? Pues el presupuesto de Trump aumenta el déficit del gobierno hasta casi un billón. ¿Qué les pasó a los republicanos que cuando Obama estaba en la Casa Blanca no podían conciliar el sueño pensando en el gasto gubernamental, y ahora les importa un pepino que el nuevo mandatario derroche miles de millones y dispare la deuda nacional? Deberían explicar a qué se debe ese cambio de actitud, cuál es la razón –que no dicen– por la que censuraban a Obama cuando excedía el presupuesto en un puñado de dólares, mientras ahora ni siquiera señalan que Trump está endeudando el gobierno a un nivel sin precedentes. ¿A alguien se le ocurre cuál puede ser esa razón?

El presupuesto presentado el 12 de febrero es la última evidencia del plan de gobierno de Trump, un esquema para favorecer a los ricos, a la clase minoritaria a la que pertenece, y contentar a la mayoría con migajas y promesas demagógicas.

El pasado diciembre, Trump implementó una rebaja de impuestos de $1.5 billones que beneficia sobre todo a las empresas y a los acaudalados, mientras concede una pequeña reducción en los tributos que paga la clase trabajadora. Ojo: el recorte fiscal para los adinerados y las corporaciones es permanente, pero la rebaja para el resto de la población solo dura unos años. Y todavía hay muchos que no pertenecen a la clase rica y sin embargo están saltando de alegría.

Esta receta fiscal que Trump implementa con tanta confianza no es nueva, y su ineficacia está probada. El presidente Ronald Reagan puso en marcha el concepto neoliberal del trickle-down economy, que consiste en favorecer financieramente a los ricos y a las empresas con la idea de que algo caerá desde las alturas como un maná sobre la clase trabajadora. Pero la política económica de Reagan resultó ser un fracaso: los acaudalados incrementaron sus cuentas de banco mientras los trabajadores aumentaban la deuda en sus tarjetas de crédito. A la larga, las políticas neoliberales que comenzaron en la era de Reagan y se mantuvieron durante las presidencias de Bill Clinton y los dos Bush, padre e hijo, condujeron a la crisis económica de principios de este siglo, que Obama a duras penas consiguió aliviar.

No hay nada que permita afirmar que el plan económico de Trump –un remake de una política fracasada– genere una bonanza duradera: la historia reciente demuestra lo contrario.

La euforia de sus seguidores ante un alza sostenida de la bolsa de valores se deshizo como una pompa de jabón con la estrepitosa caída del Promedio Industrial Dow Jones a principios de febrero. Y es posible que veamos más trastornos en la economía, al aumentar el costo de la vida mientras los salarios –aunque Trump haya afirmado otra cosa en su discurso del Estado de la Unión, el pasado 30 de enero– solo suben muy tímidamente, menos que cuando Obama era presidente.

Pero la base de apoyo de Trump se niega a ver objetivamente la realidad. Trump es un multimillonario que llegó a la presidencia para favorecer a su clase y deshacer los avances sociales que había logrado su antecesor, el primer presidente negro en la historia de una nación desgarrada por el racismo. Ese era el plan detrás del lema populista de “hacer a América grande de nuevo”, como si los Estados Unidos hubieran perdido su grandeza con Obama, un mestizo, en la Casa Blanca. El proyecto de Trump –con su desenfrenado gasto militar para imponer una nueva versión de la diplomacia de las cañoneras, su cuantiosa asignación para que no entren más inmigrantes hispanos mientras el presidente quiere inmigrantes de la blanca Noruega, y su reforma fiscal para beneficiar sobre todo a los ricos– pretende imponer una versión de grandeza solo para unos cuantos, mientras sume a la mayoría en la incertidumbre y la desesperanza.

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Andrés Hernández Alende

Andrés Hernández Alende

Andrés Hernández Alende (La Habana, 1953) es escritor y periodista. Ha publicado las novelas El ocaso (2013) yEl paraíso tenía un precio (2011). El ocaso quedó entre las cinco finalistas del Premio de Novela de Concurso Latino de 2013, y se presentó en la Feria Internacional del Libro de Miami de ese mismo año. Escribe una columna de temas sociales y políticos en El Nuevo Herald (Miami) y tiene un blog, llamado El Blog de Alende.

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