J. J. Armas MarceloEl notable escritor Juan Jesús Armas Marcelo (España) pasó unos días por la ciudad de Miami, y nos concedió una entrevista excelente. Este es el resultado de aquella tarde en un café de Biscayne Boulevard frente a la bahía de Miami.

Juan Jesús, los periodistas te cambiaron de nombre…

Sí, muchos me decían Juan José y yo me cansaba de decirles Juan Jesús. Mi familia me decía Juan Jesús, pero luego vinieron mis primos venezolanos a decirme Juancho y me quede así. En la literatura y en Barcelona me llaman Juancho o J.J. De esta manera hemos caminado hasta los casi 70 años y vamos a seguir… A mí me da igual, no me preocupa como me llamen, lo que importa es lo que uno siente.

Entremos en calor, vamos a hablar de Réquiem Habanero por Fidel. El personaje principal de la novela, Walter Cepeda, es un tipo que creyó fervientemente en la revolución cubana durante toda su vida, pero luego muestra un cierto desencanto en ello, hay cierta nostalgia de lo perdido. ¿Walter Cepeda podría ser como tantos que se enamoraron de la revolución y después se desencantaron?Requiem-habanero-por-Fidel- Armas-Marcelo-portada

Así es. Es un personaje muy personal, pero también es un personaje colectivo, como un arma colectiva, que siempre tuvo una certeza absoluta en la revolución y en Fidel Castro y todo eso se fue desmoronando con el tiempo, con las traiciones, con el proceso de depauperación de lo que fueron la revolución cubana en sus orígenes y de lo que fue con el tiempo volviéndose. Me parece que es parte del horror y de la inmoralidad de la política universal. Ese personaje pudo haber sido cualquiera de nosotros. Cuba para mí es un territorio literario, una geografía literaria obsesiva, si me preguntas por qué te puedo dar varias explicaciones, pero creo que ninguna es válida. El asunto está que realmente se me metió en la cabeza Cuba desde pequeño.

Y Cuba está muy recurrente en su obra literaria

Son tres obras, una trilogía, compuesta por Asi en la habana como en el cielo, El niño de luto y el Cocinero del Papa y la última Requiem habanero pon Fidel, que aquí en Miami, ya me lo contaron ayer dos o tres personas, los cubanos llaman a la novela “Requiem habanero por el hijo ‘e puta” (risas)

La prosa de la novela tiene mucha vitalidad, mucho calor, es una prosa casi en ebullición. Quizá me atrevería un poco ha compararlo con el carácter de los cubanos.

Creo que si algo he conseguido en esa novela es meter el alma de los cubanos a través del lenguaje literario. Siento que los cubanos están muy presentes en la obra. Una de las buenas cosas de esa novela es que según he leído que han escrito los críticos, es que tú oyes a los cubanos hablar en Cuba, luego los oyes en la novela y los sientes reales. Tú oyes a unos hablar de una manera y a otros de otra; por ejemplo oyes a Walter Cepeda y a mami también que habla de otra manera, luego a la doctora Galarza, incluso a Raúl Castro dando órdenes, ese escenario de voces yo creo que salió bien. Ese fue uno de los logros de la novela.

Es un sin número de voces que se juntan y que dan una.

Pero a que te suena leyendo la novela a varios cubanos hablando, te suena a vida, otro de los logros de la novela sin duda desde mi punto de vista es haber logrado plasmar el sentido del humor de los cubanos, que también está en la novela. Mira, yo estoy muy contento con esta novela porque creo que es la consecuencia de haber estudiado mucho el lenguaje: el lenguaje gestual, el lenguaje de barrio, de haber oído mucho, de haber ido mucho a la Habana a oír a hablar a los cubanos populares y ahí están todas las clases sociales “entre comillas“ de la revolución. Desde un coronel de la seguridad del estado, hasta episodios de gente que parece marginal, como la avioneta que aparece ahí, elementos de pastiche que juegan en la Habana cotidiana y que realmente hacen patética la ciudad al mismo tiempo que la llenan de humor.

Hay un personaje que a mí me cautivó que es Isis Belinda, la hija de Walter Cepeda. ¿Crees que ella es como aquellos cubanos que se van pero es como si nunca se hubieran ido?

Es que el cubano nunca se termina de ir de la isla. Siempre aconsejo a los escritores jóvenes de mi tierra que lo primero que tienen que hacer si quieren ser escritores antes de leer y de escribir, es aprenderse de memoria el horario de los aviones para poder salir en el que te dé la gana y poder regresar en el que quieras, pero lo que hay que hacer es quitarse de encima la isla chiquitita… ¿Y qué hace Isis? Isis se quita de encima la isla chiquita, se quita de encima las asociaciones de la revolución de su padre, se quita a su madre, a todo el mundo, como hizo Alinda Fernández, la hija de Castro que se mandó a mudar… eso tiene una reflexión porque comienzas a decir: “ tanta Revolución para acabar con que tus hijos sean exactamente igual que aquello contra lo que luchas”. Alina Fernández salió caminando delante de todos, y yo creo que a Alina la dejaron salir, de esa isla no sale nadie si la seguridad no quiere. Los que se van es porque los dejan salir, es más, hasta les facilitan la salida a la gente que se quiere ir, porque a esa gente es más fácil manejarla desde afuera que manejarla dentro.

Evidentemente, Walter Cepeda es un personaje único porque en la novela está cerca de personajes como Vázquez Montalbán, Jorge Edwards, Norberto Fuentes y García Márquez. La novela recorre gran parte de la vida cultural que se movió en Cuba.

A aquellos escritores notables, había que cuidarlos y al mismo tiempo había que vigilarlos.

De manera que sí: este es un policía que se mueve en un ámbito más o menos literario y que vigila y al mismo tiempo atiende, es simpático con los escritores que vienen de fuera y algunos como a Heberto Padilla tiene que someterlo a algo más que un interrogatorio, pero en el fondo también lo quiere, es decir, ocurren una serie de episodios que son realmente psiquiátricos, mezquinos y sórdidos. En eso es en lo que se convirtió la revolución cubana. Esto no quiere decir que este sistema sea el mejor del mundo, yo a este sistema le hago las mismas críticas, solo por la diferencia que aquí podemos hacer las criticas y allá no.

Juan Jesús acabas de mencionar a Heberto Padilla, que dicho sea el paso es un personaje que habla y respira y camina en la novela, ¿Crees que el caso Padilla fue el desencantamiento de los intelectuales de América latina?

Heberto Padilla es un episodio que descubre un escenario que estaba tapado, velado a la gente y él comete la maravillosa acción de desvelar una cantidad de miserias morales que ocurren dentro de la revolución, eso es quitarles el fuego a los dioses, éso es un acto de enfrentamiento contra un Dios totalitario. Es decir, él es un ángel que se ha convertido en demonio y que debe ser castigado en el infierno que fue exactamente lo que hicieron con él. Pero son dos los episodios capitales para desenmascarar a la revolución: el caso padilla y el caso Ochoa. Cuando mandan a fusilar al general Ochoa los que tenían todavía alguna admiración y cariño por la revolución cubana, perdieron toda simpatía. Todo eso se viene abajo. Hoy nadie ya le da ninguna esperanza a esa revolución que se ha traicionado a sí misma.

Ahora, esa revolución fue una promesa que hoy no existe, sin embargo fue muy atractiva para los escritores y los intelectuales de aquellos años que estaban muy esperanzados en ella: ¿Crees que un escritor joven de hoy puede tener un ideal similar al de la revolución?

Puede, por qué no, puede con todo derecho, pero lo que no puede es defender una revolución que sabemos que no es digna de ser defendida. Ahora se puede tener perfectamente los mismo ideales que tuvimos nosotros cuando éramos jóvenes y que nos hemos ido tragando a lo largo de la vida, ¿por qué no? Un escritor joven puede ser comunista, puede tener la idea de que el comunismo es la mejor solución para el mundo, si eso lo defiende legítimamente y lo defiende moralmente y lo defiende éticamente yo no encuentro ningún reparo en que lo haga, pero el problema es cuando mienten, cuando para sostener sus argumentos tienen que agarrarse de la mentira, agarrarse de la burda farsa y empezar a argumentar con estupideces que todos sabemos que son mentiras.

Uno de los temas que salta a relucir dentro de la novela es la Habana, como una ciudad que se comunica con el lector, que le habla. Una Habana que es casi un personaje.

Es un personaje, en realidad. La Habana le disputa ser el gran protagonista en la novela a Walter, él mismo dice “yo conozco todos los ruidos de la Habana, yo conozco todas las calles de la Habana como buen policía”. La Habana es una ciudad muy habladora en donde empieza aquí un rumor y por la tarde ya está al otro lado de la ciudad convertido en otro episodio, es una cosa sumamente divertida, por todos lados el Caribe es muy hablador. Caribe es Cartagena de Indias, es Barranquilla, las ciudades están llenas de lo que se llama mamadera de gallo, están todo el día haciendo bromas. Pero me importa mucho que también supieras que la Habana es también la catedral del sentido del humor. Siempre hay un humor como una coraza de resistencia frente al totalitarismo y al mismo tiempo que están tratando de resolver su vida todos los días, siempre se están inventando un chiste que si cobra distancias se convierte en parte de la historia secreta de la ciudad que, además, es secreta para todo el mundo.

¿Dirías que el sentido del humor salvó a los cubanos?

Los salva el sentido del humor, el sexo, el ron y la guitarra. La música juega un rol fundamental en la vida de los cubanos. Todo eso los salva de las tres grandes necesidades que tienen los cubanos todos los días: el desayuno, el almuerzo y la cena. Entonces ¿cómo palian todas esas necesidades? con el sentido del humor, con resistencia, con un poquito de ron, bastante música, un polvito de vez en cuando.

Ahora, una cosa que puede llamar mucho la atención de los lectores es que en Réquiem Habanero por Fidel, Fidel no aparece.

No aparece porque está muerto en la novela, el que aparece mucho es Raúl Castro. Yo escribí la novela pensando que Fidel Castro se iba a morir pero no se muere. Yo pensé que Fidel Castro se moriría e imaginé la novela con Fidel Castro muerto ¿qué pasaría? Era el final de la trilogía que yo me propuse escribir sobre él, pero claro, el cabrón no se muere, es inmorible, no es el término, pero es inmorible. Lo que yo no podía esperar como tú comprenderás era no publicar la novela hasta que se muriera. Por ejemplo, en la novela Chávez está vivo porque cuando yo escribo la novela, Chávez está vivo, ni se me pasa por la cabeza que Chávez se va a morir porque quien tiene que morir es Fidel Castro.

Ahora, la pregunta probablemente más importante y que le puede mucho interesar a los lectores que nosotros tenemos aquí en nuestra ciudad de Miami ¿Qué va a pasar con Cuba? ¿Qué va a pasar después de todo esto?

Ya está todo arreglado, aquí hay un status quo entre Estados Unidos y Cuba que la gente trata de ignorar y es que nada se moverá hasta que se muera Fidel Castro. Después intentarán unos y otros un acercamiento a algo que podrá parecerse en principio a China, es decir: un capitalismo de estado que permitirá que los hijos y los herederos del Castrismo se apoderen de todo, impactará la llegada de los dólares de los cubanos de Miami pero ya está. El principal ingreso en Cuba son las remesas para los familiares que están dentro. Cuando ocurra eso habrá familiares afuera multimillonarios y también se harán millonarios y otros que están dentro ya millonarios que son los hijos de los Castros y los hijos de la dictadura. En la novela hay una pregunta que yo creo que hace Walter ¿Cómo cambió eso en Polonia? Y la respuesta fue: se apagó la luz el viernes, y cuando se prendió el lunes ya no había comunismo, había capitalismo. Eso se lo pregunté yo a Adam Michnik, el sociólogo y periodista polaco y me dijo: mira se apagó la luz el viernes y el lunes cuando salió la luz ya estaba todo a nombre de quien tenía que estar y todo caminó perfectamente. ¿Será posible eso en Cuba? Yo creo que ya lo han arreglado todo con la luz apagada y ya lo tienen todo preparado.

El Fidel Castro que está en el titulo no es Fidel Castro es la revolución porque él es la revolución, hay gran metáfora y una transposición de uno por el todo.

Ahora, un poco para cerrar este tema y pasar al tema del escritor ¿eres optimista con respecto a Cuba?

Yo soy optimista con respecto a la vida. Pertenezco a la oposición que se llama la vida, como decía Balzac. Balzac para mí es un genio maravilloso y claro que soy optimista, soy optimista con el mundo se vive mejor que en el año 45 del siglo pasado. Sabemos más, tenemos mejor medicina, vivimos con más satisfacción, hay más gente que come en el mundo y naturalmente el capitalismo no es la panacea porque el capitalismo también se ha degradado y se han olvidado que el capitalismo tenía otros principios que no eran los que tiene el capitalismo hoy, de modo que la crítica que se le hace a la revolución también se le puede hacer al capitalismo. Yo creo que todos los sistemas políticos son malos, pero el menos malo es la democracia, aunque la democracia está lejos de ser perfecta. Está llena de sinvergüenzas, de ladrones, de gente sin moral, de corruptos de cualquier especie. De modo que no es tampoco la gran solución. Ahora, lo que está claro, es que la revolución cubana es un fracaso promovido por la traición de Fidel Castro, que hizo todo con tal de tener el poder absoluto sobre la isla y sobre los cubanos.

Pasemos a una parte muy interesante, J. J. Armas Marcelo escritor: tienes una obra muy prolífica, más de 20 libros publicados.

Tengo 15 novelas y la que yo llamo la novela mía del Perú que es la biografía de Vargas Llosa.

¿Te pones un método estricto de disciplina y horas para escribir?

No. Por ejemplo, si no tuviera que ir a presentar ahora la novela a la feria, acabaría contigo aquí, me subiría a la habitación y fumaría otro cigarro, me daría un baño y me pondría a escribir. ¿Estaba previsto que escribiera? No. ¿Cómo es mi día? Mi día es así: me levanto a las 7, desayuno a las 7:30, me acuesto otra vez a las 8, me levanto a las 10, si no voy a la cátedra, me quedo escribiendo hasta las 2, si no tengo ganas de escribir, no escribo, me pongo a leer o a oír música; tengo una casa plácida, llena de paz, vivo con la mujer que más he querido en mi vida, por lo tanto estoy feliz, tengo mis hijos del primer matrimonio, no me preocupa su modo de vida porque está perfecto, vivo literariamente, rodeado siempre de mis libros, al lado de mis libros, al lado de mis discos. Ahora, si estoy escribiendo una novela como Requiem Habanero por Fidel, de repente cojo una carrerilla y no hago ninguna otra cosa más que escribir por 8 horas. Ahora estoy escribiendo 2 horas como máximo, yo no soy marcial escribiendo, no tengo una disciplina, tengo que escribir todos los días y tengo que leer todos los días, pero no horas, no diez horas de escritura y 4 horas de lectura esa cosas que se ponen como soldados los vargasllosas. (risas)

Y ¿qué opinas de ese tema? porque hay muchos escritores que son muy disciplinados con los horarios y rigurosos con la rutina…

¿De qué se trata? ¿Del tiempo? muy bien, hay escritores que le echan tiempo y creen que el trabajo es lo fundamental, a lo mejor el trabajo de un folio es más fundamental que el trabajo de 6 folios. A Philip Roth le preguntaron un día que cuál era su método y dijo, un folio al día, ¿pero no es poco?… sí son 365 folios al año, eso es por lo menos una novela o una novela y media al año. Es que depende, porque yo puedo encerrarme ahora y escribir. García Márquez bebía mucho y se divertía mucho cuando no escribía, no tenía ninguna disciplina para nada cuando no escribía, pero cuando escribía, dejaba de beber, dejaba la noche, dejaba todo, y se dedicaba exclusivamente a escribir y escribió en 18 meses Cien años de Soledad, angustiado porque habían pasado muchas cosas en el mundo y habían pasado muchos libros suyos, cuatro exactamente y no había ocurrido nada y de repente estalló la bomba nuclear con esa novela. Hubo un tiempo que conocía más a García Márquez que a Vargas Llosa en Barcelona, porque con Vargas Llosa no se podía salir de noche, cuando sonaba la trompeta se iba a dormir, porque al día siguiente se tenía que parar a escribir a las 7, Gabo no, con Gabo nos íbamos a fumar y a beber ron, pero cuando se ponía a escribir se podía caer el mundo, se podía ir la luz, y él estaba escribiendo y a él le importaba un pito el mundo. Hemingway, que decían que era un borracho, que decían que era un aventurero, muy mujeriego, todo eso es verdad. Pero cuando se ponía a escribir, se ponía a escribir, y nunca, ni un día, se tomó una copa antes de escribir 3000 palabras. Su teoría era: 3000 palabras al día. Unos escritores tienen un párrafo, otros tienen un folio, otros tienen unas horas, otros tienen 3000 palabras y yo que sé. ¡Coño! puedo estar trabado en un folio durante 3 meses y al otro mes salen 20 folios en un día, yo qué sé, la literatura es una larga digestión de la memoria, y tu puedes tener todas las palabras del mundo a tu disposición, pero si no tienes el orden de esas palabras te puedes ir al carajo. Muchas veces hay que estar pendiente más que de las palabras, del orden de las palabras, muchas veces se traban las palabras de la historia, pero hay otras muchas que se traba el orden de las palabras de la historia y la literatura depende del orden de las palabras.

¿Existe algún momento específico que Juan Jesús Armas Marcelo dice cuando es muchachito: “voy a ser escritor”?

Existe un momento específico sentado con mi padre, después de acabar la carrera de latín y griego, que me sirvió mucho para la literatura porque aprendí a leer fuertemente la literatura en latín y en griego, aprendí a saber lo que era la estructura matemática del lenguaje que eso lo ignora la inmensa mayoría de los escritores, entonces le dije a mi padre que se acabó, que yo no quería ser profesor de latín y griego, que yo quería ser novelista. Mi padre se echó las manos a la cabeza y me dijo, ¡te vas a morir de hambre! y yo le dije: “unos añitos después estoy seguro que voy a comer bien”… y así ha sido: esta mañana me pasé dos huevos fritos, con tostadas, tocino y jamón… (risas de nuevo)

Ahora esto me lleva a preguntarte algo partiendo de lo que acabas de decir. “La estructura matemática del lenguaje”… muchos de los lectores se preguntan sobre eso. ¿Cómo se llega a aprender eso?

Eso depende del talento, del conocimiento profundo que tu tengas del alma del lenguaje y del trabajo que le eches en la investigación del lenguaje. Explico: si tú no supieras que soy español y lees Requiem Habanero por Fidel parece que está escrita por un cubano.

Cien por ciento.

Pues eso depende del trabajo, del talento y del tiempo que le eches a aprender un lenguaje que no es exactamente el tuyo. Me pasó cuando escribí “La noche que Bolívar traicionó a Miranda” tuve que usar elementos del código cotidiano, de la lengua coloquial, de la lengua popular y familiar y de la lengua de cocina de los venezolanos… si no, no vale la pena escribir una novela. Escribirla en el español de España o escribir en el español de Canarias eso no es ningún esfuerzo, el esfuerzo está en saber primero que la estructura es matemática; es decir: como dos y dos son cuatro y que tu para resolver un problema lingüístico y literario has de saber que la estructura tiene elementos de fonética y que si no te suena bien una frase entonces hay más trabajo que hacer. Flaubert repetía las frases en voz alta hasta que le sonaran bien. El iba cambiando las palabras hasta que encontraba la palabra exacta. Eso es un método muy riguroso, muy sometido al trabajo y a su vez muy satisfactorio para los que realmente sabemos que lo más importante en nuestras vidas es escribir y que el éxito en la literatura no es que te hagan veinte entrevistas en los periódicos, ni que vendas un millón de ejemplares… Eso puede ser un éxito social, pero el éxito en la literatura está en escribir lo que tú quieres escribir y si vendes cuatro ejemplares, al carajo los lectores, pero tú escribiste la novela, ese es tu éxito. El éxito es que tú eres escritor y no estás todo el día “mañana voy a empezar a escribir la novela, mañana lunes empiezo a escribir la novela” y no lo haces. El lunes empiezo no existe. El lunes es ahora.

Hay muchos escritores jóvenes que quizás dudan sobre su carrera de escritor, aman la literatura pero no saben por dónde empezar….

¿Y qué quieres que yo te diga? Eso me lo pregunté yo también. Eso tiene una respuesta: escriba, punto. No tiene más respuesta.

¿Cuáles han sido los autores que más te han influenciado?

A mí me influyó Sófocles desde un punto de vista intelectual, lo leí en griego, lo trabajé en griego en la universidad, lo trabajé después hasta que Franco me quitó la carrera. Pero los escritores que yo he conocido son los que más me han influido. Escritores como Vargas Llosa, García Márquez, Carlos Fuentes, Camilo José Cela, etc. De cómo trabajan la historia, hablando, contando sus novelas, contando sus métodos, sus pasiones, sus depresiones, ellos me han enseñado a mí todo, me han enseñado a hablar, me han enseñado a escribir, me han enseñado a ser crítico conmigo mismo, me han enseñado el sentido del humor, me han enseñado todo. Imagínate cuál es el privilegio mío que yo los he conocido y algunos todavía están vivos y son íntimos amigos míos, imagínate qué gloria…

¿De cuál aprendiste más el método y la técnica de escribir?

El método del que mas aprendí es el de Vargas Llosa: cualquiera de las novelas malas de él que haya podido escribir es mejor que la mejor de las nuestras, es decir, es un escritor tan extraordinario, tan fuera de sí mismo, que se puede equivocar. Como he estado muy cerca de él, más de cuarenta años y lo considero mi amigo, y él se considera mi amigo cercano, mi compinche como se dice en Lima, pues en ese sentido creo que es el que más me ha influido. Sin embargo, al ver mi literatura no puedes decir que sea vargasllosiana porque no parece. Al principio cuando Vargas Llosa hablaba muy bien de mí y nos veíamos mucho, la gente decía que yo era un epígono de Vargas Llosa, veinte novelas después mira donde está la ironía, él no aparece por ningún sitio en mi obra… Lo que significa que todo escritor tiene que encontrar su voz, su propio camino y aunque no lo encuentre tiene que buscarlo. Cada novela publicada es un triunfo y al mismo tiempo un fracaso. Con las novelas no pasa nada, yo de esto no voy a vender un millón de ejemplares, pero cuando estoy escribiendo creo que voy a vender tres millones. Con Requiem, sin embargo, nunca pensé que iba a tener una recepción crítica tan buena que está teniendo y es una novela delicada porque no es una novela política pero habla de política, que es muy complicado, porque puedes caer en la tentación de escribir una novela política cuyo problema es que tiene un objetivo político, mi novela no tiene objetivo político.

¿Cuáles son los factores que crees que han hecho que esta novela sea tan bien recibida por el público lector?

Chico, que está bien escrita. Que no es un pastiche, que la historia es muy humana, porque la historia está en la realidad de todos los días. La lengua en la que hablan los personajes es una lengua viva que está también en la realidad de todos los días. Entonces hay una cantidad de elementos que hacen que esa novela esté viva y que esté viva por dentro y que el libro tenga la vitalidad que los críticos y los lectores le están dando.

En alguna entrevista declaraste que para escribir el libro “El vicio de escribir” sobre Mario Vargas Llosa te tomó veinticinco años… ¿cómo es posible eso?

Primero quise escribir un libro de una entrevista larga con Vargas Llosa. Mario me dijo que no, después quise hacer un doctorado universitario con el libro, pero hubo un profesor que me dijo que lo hiciera de lengua clásica y finalmente dije se jodió, tengo que hacer el esfuerzo. Empezar a leer, a tomar notas, a buscar la forma, encontrar la disciplina para poder escribirlo, ir viendo que Mario publicaba libros, yo leyéndolos, viendo la diferencia de su vida y el recorrido de su política y de su literatura y su vida. Todo eso me llevó veinticinco años, me llevó desde el año 75 al 2000. Hay dos novelas que a mí me han costado veinticinco años, bueno, dos libros, El vicio de escribir y La noche que Bolívar traicionó a Miranda. Para escribir esta última me tuve que mamar sesenta libros distintos escritos por Francisco de Miranda para conocer a Miranda perfectamente. Esto es trabajo, eso forma parte de la literatura, es parte del trabajo del escritor y así tuve que hacerlo.

Ahora, dentro de los que han estudiado la vida y obra de Vargas Llosa eres probablemente uno de los mejores especialistas en la obra del autor de la Fiesta del Chivo…

Los que mejor conocen la obra de Vargas Llosa son: primero un peruano que se llama Efraín Cristal, el segundo un peruano que se llama José Miguel Oviedo, el tercero un peruano que se llama Alonso Cueto, el cuarto soy yo que soy español, o sea: soy el español que mejor conoce la obra de Vargas Llosa y no solo el español si no también del resto de los países. Luego, Fernando Iwasaki, pero estoy seguro que Fernando Iwasaki sabe menos que yo porque que se sepa Iwasaki todavía no ha escrito nada sobre él, y al final lo que queda no es lo que sabes si no lo que está escrito.

Ya que estamos hablando de Vargas Llosa ¿Cuáles consideras especialmente para los jóvenes escritores en formación, los libros obligatorios de Mario Vargas Llosa?

La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en la catedral, Los cachorros, La guerra del fin del mundo y La fiesta del chivo… Obras maestras. Ahora, la altura de esas novelas no las tienen otras. Hay tres novelas mal leídas o tristes que a mí me agradan mucho: Historia de Mayta, El paraíso en la otra esquina y El sueño del Celta.

¿Recuerdas el día y el momento en que te enteraste que Mario Vargas Llosa recibía el premio Nobel? ¿Qué sentiste?

¡Pues claro que sí! Primero me había emborrachado el día anterior, el día seis de Septiembre del 2010, y estaba durmiendo en pelota la borrachera a las doce del día siete. Recibí una llama telefónica de un amigo sueco que me gritó: ¡Varga Llosa! ¡Vargas Llosa! ¿Qué pasa con Vargas Llosa?, pregunté, Qué es el premio Nobel… ¡Coño! me levante, era el cumpleaños de mí mujer, le dije a mi mujer que Mario ganó el premio Nobel ¡Vamos a emborracharnos otra vez! Pude contactar con él en Nueva York, a las tres de la tarde, tres de la tarde mía. Era muy temprano para él y lo primero que le dije fue “¡te lo dije!” y él me dijo “sí señor, tú eras de los que lo decían” ¿cómo estas? le pregunté… Feliz al fin, pero esto se ha convertido en una locura, aquí está todo el mundo. Esa es ahora, manéjalo bien y ahí está. Entonces me dijo: ¿vas a ir a Suecia? No, le dije, donde sí quiero ir es a Perú, porque quiero verlo contigo. Él la tenía muy dura en Perú desde hacía muchos años, y yo quería ver lo que pasaba ahí. Pero al final fui a Suecia, no quise ir a la recepción, me quede viendo en la televisión grande, se ve mucho mejor, y además con una copa. Estuve en Suecia tres días con él, fuimos a Madrid después y después volé en el avión hasta Perú también con él. Estuve en las celebraciones, hablamos mucho, fue muy satisfactorio.

Casi como un logro personal.

Claro, como dice Javier Cercas: el premio Nobel al dárselo a Vargas Llosa, nos lo dieron a todos.

Qué historia tan hermosa. ¿En este momento usted está trabajando en sus memorias? Hablemos un poquito de eso.

Una cabronada porque estoy contándolo todo. Ya llevo escrito hasta el año 83, pero quiero escribir hasta el año 2010 0 2014. Ya tengo como 450 páginas.

¿Cuándo veremos ese libro?

Por lo menos lo veremos dentro de dos años. A partir de aquí yo estoy escribiendo otra novela ahora que se llama Cuatro veces mariposas que tiene que ver con México, con Canarias, con Madrid, eso me tiene muy entretenido, felizmente entretenido.

Juan Jesús, si tuvieras que recomendarle cinco libros a un escritor joven ¿Cuáles serían esos cinco libros?

La Odisea, El Ulises de Joyce -que no comprendería sin que leyera la Odisea-, Cien años de soledad y Conversación en la catedral, cuatro libros.

¿Cuál ha sido el libro escrito por usted que le ha dado la mayor satisfacción?

La orden del Tigre por una simple razón: sé que salió bien. Esta última novela también me está dando mucha satisfacción pero La orden del Tigre fue sobre la dictadura Argentina. Lo pasé tan bien escribiendo el libro…   La orden del Tigre, es la cacería de los policías de Videla en Buenos Aires. La orden del Tigre es la orden de siete amigos, que cuando son jóvenes dicen que serán fieles a la orden, serán fieles a la amistad, serán fieles a la lealtad pero luego la vida los hace traicionarse. La orden del Tigre para mí es una maravilla…

© 2015, Gonzalo Salinas. All rights reserved.

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Nació en Lima, Perú. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y desde el 2003 vive en los Estados Unidos. Ama el océano, la guitarra, la ciudad de Miami, la guanábana, el ceviche, el idioma español, los libros de Tolstoi, las maratones, el buceo en Key West, la música de Jack Johnson y la prosa del libro de Las Mil y una Noches en la traducción de Burton. Actualmente trabaja en su primera novela.