El buen viajero: Tao Te Ching 27

Caminar por senderos de bosques tropicales sin perturbarlos. Andar por el mundo sin pisotearlo. Vivir en el cosmos sin atropellarlo.

Estos principios los he visto ejemplificados por Lia más que por cualquier otra persona. Es su práctica. En años recientes, la he observado actuar así en Costa Rica al andar por los bosques nubosos de Tapantí y Dota, donde cantan los jilgueros su melodía de flauta metálica; al explorar el bosque tropical seco y húmedo de Carara, río de largartos donde abundan lapas rojas y tucanes; y al complacerse en los vergeles que cultiva en su chacra, La Libélula, en Tárcoles. Pero mi sensación se remonta a años y vivencias de mi niñez que yacen en mi inconsciente.

En el capítulo 27 del Tao Te Ching (traducción de Alejandro Bárcenas), Lao-Tzu escribe: “El buen viajero no deja huellas tras de sí”.

La traducción de J. Wu dice: “El buen caminar no deja rastros tras de sí”.

El antiguo maestro se refiere a huellas perturbadoras, a rastros violentos: a conquistas, imposiciones, coerciones y manipulaciones vitales para imponer la propia voluntad y los propios deseos a otros viajeros, a otros peregrinos, a los senderos y mundos que recorrerán otros caminantes.

Aspiro a ser buen caminante en parte porque es la vía del Tao según Lao-Tzu pero principalmente porque he visto el principio encarnado  en Lia toda mi vida. El ejemplo de una maestra natural y genuina es la guía idónea para recorrer mi propia senda de buen viajero.

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