El arte selfie de Chenco

La señal narcisista en un video de Chenco

De nuevo el pintor colombiano Chenco nos sorprende con un video que recoge siete de sus pinturas, iconoclastas y transgresoras, emparentadas bajo el símbolo de la sexualidad.

El eje temático de este video es manifiesto y recurrente en una mirada  panorámica sobre la obra de Chenco. El punto de inflexión de su temática no es otro que la pulsión sexual entendida como motor del ciclo vida-muerte, o «eros y tanatos» como puntualizara Freud. Y, en el centro de toda esta sustancia vital, el falo. El falo como rey y la vagina como reina y muerte. Pero desenmascarando todo ese montaje simbólico de ideología judeo-cristiana está la imagen pictórica del  priapismo, sostenido a la fuerza por una palanca mecánica. (Ver pintura número cinco). Esta pintura constituye la crítica vertical a un falso modo de asumir la relación macho-hembra.

En 1965, el filósofo francés Jacques Derrida acuñó el término falogocentrismo, a partir de falocentrismo y logocentrismo, para designar la primacía atribuida por la filosofía occidental al logos platónico y a la simbólica del falo. En este sentido, hay que admitir que la fijación temática «chenquiana» se asienta sobre estos pilares reales de nuestro pensamiento psico-filosófico contemporáneo.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la actitud narcisista? Pue bien, el artista es proclive al narcisismo por antonomasia sobre todos los demás mortales ya que emerge con la fuerza de su individualidad para poder desarrollar su obra creativa. Es el rey del self. Su creación deviene gracias al engrandecimiento de su yo, a la pasión de su «narciso» por recrearse o al menos crear una imagen autorreferente perenne (la obra de arte) que lo sustituye y lo prolonga gracias a un lenguaje fuera de su propia identidad. El artista es a fuerza narcisista en la medida que se apoya en su yo para arrebatar del vacío su creación, y el self es el fondo de donde surge a través del inconsciente el producto creado que es el arte. Chenco, en la medida que es un artista contemporáneo es desde su base, estricta e inevitablemente narcisista. Pero un narcisismo que revela una imagen no bella de sí mismo sino una imagen total del ser humano en su  envés. Refleja la parte oscura y dolorosa de su condición, es totalmente baudelairiano.

Los antecedentes de la cultura del narcisismo nos conducen a retomar y entender el mito de «Narciso» no como la cantera de la expresión creativa sino como  el enamoramiento de sí mismo, atracción sexual hacia el propio cuerpo o la propia persona. Comprende conceptos como egolatría, autoexaltación, vanidad, engreimiento, deseo de ser amado y admirado. Según Freud, “es la orientación de la libido hacia el yo”. Siendo extraída  la pintura de Chenco del fondo de su subconsciente y puntualmente de su etapa infantil, supone un narcisismo infantil no superado que, al agregarle en su etapa de adultez su afilada arma crítica proveniente de su sólido bagaje cultural, deviene en una imagen suya y de la humanidad no hermosa ni banal sino terriblemente cruda, instintiva, animal, tal como lo es nuestra insoslayable condición biológica.

Existen críticas a  la superficialidad de los comportamientos  narcisistas, pero en Chenco no debe verse como una vanidad vacua y superflua. La imagen de Chenco se inmola en el patetismo de los temas que escoge para hacerlos objeto de sus pinturas. Piquis Horney ha descrito el narcisismo como «una inflación psíquica». El narcisismo implicaría siempre enajenación del yo y de los demás, la imagen social, esa «inflación» del Yo que hoy prolifera y que en otras épocas se habría considerado falta de elegancia y de pudor, o incluso sería entendida como un tipo de patología mental, la «megalomanía». La fotografía del selfie se ha entronado como grito social de la autoexposición. En un ambiente altamente competitivo, donde priman la eficacia y la performance visible de cada uno, podría pensarse que la autoexposición se ha vuelto hasta necesaria: hay que saber «venderse», posicionar al Yo como una marca, cultivar constantemente la propia imagen, conquistar la visibilidad para ser alguien. Esta es la cultura de la individuación, de la autocomplacencia, de la masturbación como máxima expresión del self.

De otra parte, la exhibición de lo subjetivo no es patrimonio exclusivo de los medios electrónicos y virtuales. En los años 60, figuras como Salvador Dalí, que se movían en el mundo mediático como pez en el agua, hacían de sí mismos una obra tanto o más valiosa que las que cotizaban en el mercado del arte. Artistas íconos que supieron convertir sus rostros y nombres en verdaderos logotipos.

El narciso de Chenco lo lleva a fundar la esencia de su poder en los símbolos del pene (pinturas #1-2-3), y del pene siempre erecto (priapismo, pintura #5); los esfínteres y el control de los esfínteres (#7). En la criatura andrógina (#4) está presente  el símbolo del sexo que no es machista en la medida que el mismo cuerpo comparte las dos fuerzas.

El arte es un método para recrear la belleza, sea esta sublime o miserable; es una exposición para expandir el conocimiento, para reorganizarlo, y eso abarca las cosas racionales y las cosas no racionales, las cosas conscientes y las cosas inconscientes. La intuición no es un mecanismo oscurantista, místico, sino que es una habilidad que se puede entrenar y Chenco es un  intuitor extraordinario en ese sentido. El artista es el que tiene la intuición disciplinada y por lo tanto tiene acceso a zonas que quien no la ha desarrollado no posee. En ese sentido, interviene en un campo que no es tocado por otras disciplinas y que ayuda a que el público en general, en un valiente gesto narcisista acompañe al pintor a verse reflejado en el lado «oscuro» de su condición humana.