Doménico Chiappe habla sobre Tiempo de encierro, su nueva novela.

 

Doménico Chiappe (Perú, 1970) creció en Venezuela y llegó a España en 2002. Aquí ejerce de periodista y formador de periodistas, en el  Máster de Periodismo del diario ABC, además de investigador y coordinador editorial. Ha publicado novelas como Entrevista a Mailer Daemon (La Fábrica Editorial, 2007), trabajos multimedia como Tierra de extracción (1996-2007) y libros académicos sobre periodismo y literatura multimedia.

 Domenico-Chiappe

Tiempo de encierro es su nueva novela. Un trabajo en el que combina herramientas de todas las disciplinas que ha cultivado en su carrera (crónica, ensayo, ficción…) para relatar una realidad incómoda: el desahucio. Por medio de Igrid, una embarazada que decide encerrarse en su casa el mismo día que recibe la notificación de ejecución de su hipoteca, asistimos a una historia descarnada, tan real y familiar que estamos aprendiendo, peligrosamente, a convivir con ella.

P. Siendo tú periodista, y también maestro de periodistas, ¿cuánto crees que tiene Tiempo de encierro de ejercicio periodístico?

R. Hay, desde luego, un proceso de investigación similar al que hubiera ejercido en una crónica o un reportaje. Tanto en uno como en otro, hubiera ido a buscar el lado humano, la individualidad. Y, a través de la individualidad, proyectar este problema. Por eso esta novela no trata de Los Desahucios. Trata de un desahucio. No abarca toda la cantidad de acciones prepotentes del sistema contra un pueblo. Se centra en una entidad que va contra una familia. Esa delimitación me permite entrar mucho más en el detalle, en el lado humano. Y eso es lo único que puede romper el discurso oficial, porque, si no, lo que se traza es una generalización, sumando casos, de tal manera que todo queda en un análisis, en una opinión.  Y todo análisis u opinión es refutable con otro análisis u otra opinión. Es decir, los datos sirven para cualquier cosa. Por eso yo quise que esta novela fuera un tiempo de encierro, algo claustrofóbico. Que el narrador sólo mirase a una persona y sólo registrase lo que esa persona pudiera brindar con su acción o con lo que dice. Eso puede romper el discurso oficial.

P. ¿Por qué no, entonces, una crónica sobre algún caso real?

R. Porque en periodismo hay límites. Ese plano íntimo y los comportamientos más privados no se registran en periodismo, y son muy importantes. Toda la deriva psíquica de alguien que se halla en esta situación de tensión se retrata con su comportamiento más privado. En el caso de mi personaje, la embarazada Igrid, el sexual. A eso se debe que a lo largo de toda la novela se le vea a ella explorando su físico en este estado de gracia. Y con placidez, porque por fin hace las paces con un cuerpo con el nunca había estado contenta. Pero llega la orden de desahucio y comienza una situación que el periodismo nunca hubiera retratado, porque ahí comenzaría el respeto por la intimidad de la persona. En el caso de Igrid, al ser un personaje inventado por mí, puedo mostrar una intimidad que hace que el lector intuya una serie de problemas acerca de la psicología del personaje.

TIEMPOENCIERROCUBIERTA

P. Ya que has explorado con intensidad el tema, ¿puedo preguntarte cómo interpretas lo que ha ocurrido en España en los últimos años?

R. Con una sola palabra: saqueo. En España ha habido un saqueo. Es la única conclusión de cualquier análisis. Y ahora que el dinero no alcanza para todos, los saqueadores se lo quitan a la población y continúan como si no hubiera pasado nada. Fíjate en los rescates. La crisis española es exclusivamente española. No es consecuencia de una crisis global, aunque sí le haya afectado. Pero los bancos españoles no habían invertido en aquella cantidad de bonos que se compraban fuera. Invertían aquí, mediante una serie de actuaciones centrífugas que ahora parecen prescritas para los sobres que van, los sobres que vienen… y el dinero que ha desaparecido. Ahora hacen de la crisis un nuevo negocio para la misma gente que sigue centrifugando el dinero de la misma manera. Y como eso no se encontraba en la ley, cambian la ley. Porque la ley no amparaba los rescates bancarios. Si se hubiera cumplido la ley que existía, se hubiera protegido al ciudadano: cierra una caja, hay procesos civiles y penales contra los responsables, y el Estado se encarga de devolver los ahorros a las personas. Eso no se ha hecho, se cambió la ley ad hoc. Y esas nuevas leyes tienen nombres y apellidos. Aquí ha habido un saqueo en el que han participado todos los que ostentaban alguna cuota de poder.

P. El número de ricos ha crecido en un 13% en plena crisis.

R. Es un gran negocio. El Estado recibe los pisos a un precio. Los entrega a un banco malo que los remata con un 85% de descuento. ¿A quién? A sociedades que pertenecen a esa gente que, de una u otra manera, es responsable de la quiebra de esos bancos que han tenido que entregar los pisos a cambio de rescate. ¿Por qué en lugar eso el Estado no compró las hipotecas?  ¿O dio mora a las familias? Hay un doble discurso perverso que ahora se encuentra muy patente. La derecha lo suelta así, sin cuidado. Pero la derecha no es la única que lo defiende: también se podía haber minimizado el efecto en 2004, cuando llegan Solbes y Zapatero al gobierno. ¿Hicieron algo? No hicieron nada.

P. ¿En cuánto tiempo escribiste la novela? Me sorprende que, siendo un tema de tanta actualidad, te haya dado tiempo a trabajar el estilo de la forma en que lo has trabajado.

R. Lo hice en varias fases. El problema me ha interesado desde que me di cuenta de que los desahucios abundaban más de lo que la gente creía. Y esto ocurrió mucho antes de que se produjera una alarma social en torno a ellos. Yo, en las clases de periodismo que imparto, trabajé el tema con mis alumnos durante dos años seguidos.  Pero, además, una familia muy cercana a nosotros vivió este proceso en la realidad. Y toda la documentación viene de este único desahucio que ellos me permitieron observar. Por otro lado, la parte de reflexión acerca del sistema, el soliloquio que dirige Igrid a su bebé aún no nacido, la comencé hacia 2005, cuando nace mi hija mayor. Lo escribí a modo de ensayo como una serie de preguntas y, posteriormente, lo adapté a la novela. La parte de Los Caníbales, esa serie de televisión que visiona Igrid, se trata de una narración que había surgido como una novela negra que al final no resultó ser mi tono. También la adapté para el libro.  La trama del emigrante tiene mucho del año en que me vine a vivir a España; ya la había ido trabajando desde tiempo atrás. Llegué aquí en 2002, en pleno esplendor económico. El subidón anímico y social era notable, por eso decidí incluirla, para marcar el contrapunto a los años actuales. Y el corpus central de la obra, la trama del embarazo, el desahucio y el encierro, lo comencé hace un par de años, ya con el resto del material muy avanzado.

P. Me llama la atención que dices que la parte del soliloquio de Igrid la comenzaste en 2005. ¿En ese momento ya veías lo que se nos venía encima?

R. Se veía venir. Había una presión social en el entorno por hipotecarse. A mí nunca me sonó bien. Y en la novela incluyo parte de las preguntas que me hacía por aquel entonces.

P. Esas preguntas nos suenan familiares porque ahora, que todos nos hemos vuelto expertos en política, las escuchamos continuamente en la calle. Eso sí, de una forma caótica. ¿Tenías intención de recogerlas y ordenarlas, casi como un refranero, para consignar la preocupación popular de esta década?

R. Fíjate: la que habla no es experta ni lista ni pertenece a ningún bando ideológico ni pretende dar soluciones. Su intención es transmitirle a la criatura que está gestando la inconformidad y la necesidad de inquirir. Eso constituye lo único que la puede distanciar del ensimismamiento, del apoltronamiento que vemos todos los días en la gente que nos rodea. El hacerse preguntas. Ella no posee ninguna tesis ni la busca. Se trata de una persona como cualquiera de nosotros que no pretende la sabiduría. Su manera de resistir, que en la trama consiste en no salir de casa, se traduce a su interior mediante preguntas, aunque sepa la respuesta o aunque sepa que nadie le dará una respuesta. El personaje está hecho de alguien que conoce la realidad a través de la lectura de los periódicos. No investiga la realidad. Ella es bastante inocente y pura en ese sentido. Se nutre de un filtro, los medios de comunicación, que se construyen para desinformar. Tiene la información de la desinformación.

P. Así que tú crees que en eso consisten los medios.

R. Totalmente. Es una desgracia. Vienen filtrados muchas veces con mala intención y otras veces sin mala intención. Con mala intención, cuando poseen una línea editorial para la cual no importa el hecho, sino el discurso preestablecido. Y con buena intención, cuando el periodista no se prepara y no tiene ni idea de nada pero, aún así, escribe. Y transmite informaciones sesgadas por su propia incompetencia.

P. La valoración que sienta la novela con respecto a la corrupción del sistema que sufrimos en España resulta clara. Pero también, en el mismo texto, apuntas esa frase que tanto escuchamos a autores venezolanos como tú: que la izquierda europea aplaude una fórmula para Venezuela que ni regalada querría para sí misma.

R. Tanto el fondo de Rajoy como el de Maduro son muy parecidos. En Venezuela tienen unas formas muy distintas a las de de acá. Pero el fondo es el mismo: por una parte, mantenerse en el poder y, por otra, ejercer la opresión para favorecer a unos grupos económicos determinados. Chávez lo hizo con un discurso de izquierdas, muy bonito y aplaudible. Pero que al final favorecía a unos grupos económicos que se han hecho muy fuertes y han monopolizado toda la política del Estado. En España ocurre igual. Y, a pesar de que las formas son diferentes, ambos métodos coinciden en el descaro y la desvergüenza. En los casos de corrupción españoles y venezolanos, la manera en que reina la impunidad y la falta de independencia de poderes resultan similares. Hay que llegar a un consenso en donde debe primar el sentido común.

P. ¿Te gustaría que la ciudadanía se tomase más en serio la protesta, el hacerse valer en la calle?

R. Sí. Pero no creo que vaya a pasar. No en esta generación. En todo caso, en la generación de chavales que están comenzando el bachillerato. Pero los de ahora, y eso lo veo por mi contacto directo con veinteañeros, tienen una mente que les hace bailar al son que les han puesto. Parece que no pudieran hacer nada sin un respaldo institucional, están deprimidos, etc. Y lo que pasa en la calle también parece sintomático. Cuando estalla el 15M mucha gente sale a la calle sin proclamas. El 15M no es un movimiento, es una protesta. Una protesta de gente que sólo deseaba que se aplicase la ley que existía: Mi dinero no se utiliza para salvar a los bancos. La única vez en que Zapatero y Rajoy se dieron la mano encantados fue cuando acordaron salvar las cajas de ahorros. Porque de ahí sacan el dinero. Los ciudadanos salieron a la calle a decir: Con mi dinero no se rescatan los bancos. No se les hizo ni puto caso.

P. Y el 15M caducó.

 R. Lo que pasó en la calle es que la protesta la secuestraron aquellos que promulgan quimeras: como hay una crisis económica, se debe acabar con la monarquía; como hay una crisis económica, se debe convocar una constituyente; como hay una crisis económica, se debe llamar a las empresas participativas, etc. Mira, yo vengo de un país, Venezuela, donde se convocó una asamblea constituyente. Se hablaba de crear una democracia participativa. ¿En qué derivó? En un totalitarismo en el que quien manda es quien controla una jauría de gente que grita y agrede. De eso se trata una democracia participativa: no existe un conteo de uno en uno, existe un conteo de quién grita más.

P. ¿Ocurriría lo mismo en España?

R. La calle en España ha sido secuestrada por quienes pescan en río revuelto para acceder a una cuota de poder que no han tenido en la proporción que han deseado hasta ahora. Pero no pretenden ningún cambio ni ninguna reforma real. Lo que quieren es ponerse ellos para quitar a los otros y seguir con el saqueo, porque eso lo hemos visto: en el directorio de Caja Madrid estaba Izquierda Unida. ¿Abrieron la boca para detener un desahucio alguna vez? No. Cobraban sus dietas como las cobran en todos los ayuntamientos y en todas las instituciones en las que están presentes. Lo que quieren es que los votos se redirijan hacia ellos para obtener una cuota de poder que les permita seguir con lo que han hecho hasta ahora. Pero no aportan ninguna propuesta que pueda solucionar nada.

P. ¿Alguien la aporta?

R. Quien defiende una idea que sí podría solucionar algo es la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Estos trabajan por una causa muy concreta: la dación en pago. La dación en pago se trata de una medida sumamente conservadora, por algo se practica en EEUU: se reparten las culpas entre la familia y el banco, y la familia se ve obligada a partir de cero, con lo que resulta suficientemente amonestada. Porque una cosa es partir de cero y otra, muy distinta, que te hundan la cabeza para ahogarte.  Actualmente, tras un desahucio, todo lo que hagas será para el banco. Y, si no, suicídate. La dación en pago resulta conservadora comparada con aquello de lo que de verdad debería hablarse: moratorias, caso por caso, para las familias. O, si queremos medidas socialistas reales, que el Estado compre hipotecas y las negocie con las familias. Que el Estado no meta en paquetes todos esos pisos que ahora posee y se los venda a un fondo buitre, sino que se los dé en política habitacional a gente que dentro de 10 años los pueda pagar. Por eso, me parece que la PAH ofrece propuestas realistas, que superan de largo el salir a la calle con unos cascos de moto a ver si el policía te da un porrazo y gritar viva la república o clamar por una constituyente. Eso es una idiotez.