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Cómo sobrevivir a una ciudad en crecimiento (sin perder el humor en el intento)

Los postulados de la crema

Vivir con intensidad en cualquiera de las urbes de la aldea global es depositar la carga subversiva, no friquearse ni quedar a medio viaje. Hacer de ella el mejor modo de vida, de agenciar todo lo cándido del inconsciente colectivo, y darse el lujo, aunque parezcamos presuntuosos.

Ahora que si miras bien este cuadro es como llegar a descubrirse la piel, irla arrancando a jirones, que no te den chanza de reponerte del primer golpe visual.

Nosotros los artistas plásticos, ya lo dijo el maestro Warhol, tenemos derecho a nuestros quince minutos de fama. Pero lo que le faltó incluir es lo de acumular el mayor efectivo para cuando los reflectores han pasado. Deshojar la margarita.

Pero mira, no voltees, ahí viene el gran Cesar Galeón, ya llegó rodeado de toda su corte de enanos, viene con el uruguayo de Tercero Mapas. De seguro ya se dieron unos buenos pericazos y traen lo mejor del reven dándole vueltas en la cabeza. Claro que son unos genios, pero ni tanto. Ya porque exponen aquí y más allá, pero para nada, aaay.

Te platiqué que me regaló Galeón la mesa de trabajo que tengo en la oficina. Me la mandó desde Nueva York. Cómo negarte que es encantador. Pero eso de ignorarme por venir acompañado de Tercero Mapas. Un muerto de hambre que yo descubrí y le compré sus primeras obras, le organicé su catálogo, le abrí las puertas de mi casa. Lo mejor de la ciudad. Pero qué ingrato. Algo a nuestro derredor dejó de funcionar. Eso dicen las malas lenguas. Los que siempre se interpusieron a nuestra relación.

Cesar Galeón es un artistazo, ya ves que viene de exponer, de codearse con los mejores pinceles. El arte no tiene fronteras, menos para quienes vivimos de eso. No, manito, este universo está muy cabrón.

No estoy desencantado del amor porque siempre se abren nuevas puertas, oportunidades para entrar a caminos desconocidos. Claro que a uno le quedan muchas cicatrices, pero el tiempo termina por curarlas.

Mi depa está quedando minimalista, precioso. Tomé muchas ideas de una revista europea de arquitectura. Aquí las traigo. Ellos sí saben cómo resaltar los espacios, hacerlos más habitables. No como esta ciudad que es gris y vestida a medias. Con sueños como hijos y años que no logran ser uno mismo.

Tú crees que un perfecto imbécil logre sobresalir con su trabajo. Ahí está colgado, en todos estos cuadros. En ellos el autor se sabe inocente y pervertido. Cesar Galeón es un arribista, míralo sacándose fotografías al lado de los importantes empresarios. De todos esos que se casan con sus primas y tienen hijos más idiotas en cada generación; los que le compran sus obras y las cuelgan hasta en el cuarto de la servidumbre. Ellos son los que dirigen los rumbos de la ciudad, los que la tienen avasallada. A los que debemos de quitarles algunos pelos de sus bolsillos y de sus cuentas en bancos extranjeros.

Toma una copa conmigo. Mesero, mesero. Ah, qué rico se sienten las burbujas de la champaña fría. Esto me recuerda una cita de amor. Ya sabes, con César; sí, bueno, él llegó a mi depa con un pedazo de queso y una botella de vino francés.

Me quería ligar. Ya lo conocía de vista. De una de esas reuniones, como la de hoy, en donde estamos los que debemos asistir. Los que hacemos más transitable la ciudad con la óptica de la posmodernidad.

A Galeón lo convide contándole la historia del conejito, sí, esa en donde le dije que un día él vendría a visitarme y yo le abriría la puerta vestido con una bata de seda. Luego le invitaría a pasar y a tomar una copa. Me excusaría y rápido me vestiría de conejito y saldría corriendo por entre las paredes del depa. Volvería como una ráfaga a vestirme con mi bata. Y él me contaría que vio un conejo corriendo por entre las paredes y yo le contestaría que no, que está enamorado y por eso creyó ver un conejo. Funcionó. Vaya que sí. Oh, sí.

Te dije también que estudié un curso para producción televisiva con un alemán que vino a la Cineteca. El instructor era curador de Nueva York y tenía mucha experiencia en el trabajo conceptual colectivo.

Galeón y yo ya comenzábamos a tener dificultades, por Tercero Mapas. La manzana podrida, nuestro principal foco de infección. Pero no quiero ni recordarlo. No, no, no. El innumerable de Mapas no es amigo de Manfred Porn. Que no.

Mesero, mesero. Ah. Sabes que en ocasiones a estos raves se meten algunos nacos. Es muy fácil identificarlos. Son esos muchachitos que vienen vestidos de hippsters. Los que le hacen la corte a los artistas, me entiendes. Yo me los quito de encima, son muy molestos. César y yo les decíamos los mosquitos o las rémoras, los que se te pegan del cuello y quieren sacarte toda la sangre de un jalón. De ese estilo es Tercero Mapas. Un puto arribista y desconsiderado rufián. Lo saqué de un cuartucho de vecindad en donde vivía en unión libre con la hija de una pintora chilena. Por ahí ya le venía lo aprovechado.

La mamá de la chilena cree que su marido es mejor poeta que Rojas o Huidobro. Figúrate. Qué presuntuosa. Ya sabes el tipo de calaña con la que se reunía Mapas antes de llegar a la fama con Galeón.

Ahora estoy pensando en hacer un performance en la explanada de la escuela de artes. Es más, te invito a participar. Tienes buen físico, vistes bien y tu presencia es muy abrazadora. También en esta plática he detectado que eres muy inteligente. Con una sensibilidad fuera de serie.

Mmm… date una vuelta. La gente como nosotros es la que va a cambiar la visión del arte.
¿Por qué no vienes a mi depa un día de estos? Tengo unas nuevas películas animadas japonesas y un disco que está sobrenatural. Hasta sientes cómo vas dejando los zapatos y los pies se empiezan a zafar de su órbita.

Vamos. Ya ves: lo de César Galeón y Tercero Mapas ya es historia. ¿No lo crees, Alex? Me permites tutearte. Ya que ahora somos como hermanos. Se ve que eres de mente abierta. Que nunca vas a friquearte, ¿verdad?

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