Cambio climático: la humanidad en alerta roja

          El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, dio la voz de alarma el 9 de agosto. El reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático (IPCC) es “un código rojo para la humanidad”, afirmó Guterres antes de señalar que se requiere tomar medidas radicales de inmediato para detener el calentamiento global.

          El informe del panel es, en efecto, alarmante. Algunos cambios causados por la crisis climática ya son irreversibles. Revertir el derretimiento de las capas de hielo en las zonas polares, por ejemplo, puede tomar siglos o hasta milenios. El documento también advierte que el nivel del mar seguirá subiendo entre 28 y 55 centímetros más que el nivel actual, aun si se reducen las emisiones de carbono a cero.

        Según el informe del IPCC, los siete años más calurosos desde que se lleva registro han ocurrido desde 2014. Los incendios forestales han aumentado en intensidad y en frecuencia, como hemos visto recientemente en el oeste de los Estados Unidos y Canadá, y también en Grecia y en Turquía. Las sequías extremas –una de las causas de los devastadores fuegos forestales– se han incrementado.

       Los huracanes y las tormentas tropicales ahora son más numerosos e intensos. Mientras escribía esta columna, la tormenta tropical Fred –que después de azotar las Antillas casi se deshizo en Cuba– avanzaba hacia el norte por el Golfo de México. El Sur de la Florida se salvó de esa amenaza, pero hay que estar siempre vigilantes.

          En julio, la tormenta Elsa, que rozó la costa occidental de la Florida, llegó hasta la ciudad de Nueva York, donde inundó varias estaciones del tren subterráneo, un desastre que no solía ocurrir en la Gran Manzana. Elsa siguió su camino, pasó sobre Boston con fuertes lluvias, y finalmente se disipó al este de Canadá. Esas regiones del norte no sufrían antes el azote de las tormentas de los trópicos, pero ahora sí, gracias al cambio climático, cortesía del uso indiscriminado de combustibles fósiles.

             El daño ya está hecho porque los gobiernos no han tenido la voluntad política de tomar medidas en beneficio de la gente y del planeta, haciendo un cambio urgente hacia la energía limpia. Los intereses de las petroleras y otras empresas contaminantes han tenido hasta ahora más peso en las decisiones gubernamentales que las advertencias de los científicos.

          “La viabilidad de nuestras sociedades depende de que los líderes de gobiernos, negocios y la sociedad civil se unan en apoyo de políticas, acciones e inversiones que limiten la subida de las temperaturas a 1,5 grados centígrados”, señaló Guterres.

      Los expertos calculan que si se mantiene el actual ritmo de emisiones de gases de efecto invernadero, para fines de siglo la temperatura planetaria habrá aumentado 2,7 grados centígrados con respecto a la segunda mitad del siglo XIX. Ese aumento sería catastrófico. De hecho, las catástrofes ya están ocurriendo a una escala y con una frecuencia alarmantes.

           En octubre de 2018, Naciones Unidas emitió un informe advirtiendo que en 2030 la temperatura de la Tierra llegaría a 1,5 grados centígrados más que en la era preindustrial. “Alcanzar ese nivel de calentamiento causaría un colapso climático, con huracanes más frecuentes y poderosos, inundaciones, subida del nivel del mar, sequías muy intensas, incendios forestales y escasez de alimentos para cientos de millones de personas”, escribí en ese momento en un artículo que titulé Doce años para salvar al mundo. Pues bien, no tenemos doce años para salvar al mundo, y los científicos pronostican que la subida de la temperatura global puede ser mayor si no se toman las medidas necesarias sin perder más tiempo. El planeta está en código rojo, y nuestro futuro depende de lo que los gobiernos, las empresas y la gente hagamos ahora.

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