Borges y Güiraldes, duelo a cuchillo en La porteña

Borges Puñal

El alma por el pie

La Porteña es una estancia en el pueblo de San Antonio de Areco situado en la provincia de Buenos Aires. Volví a visitarla luego de once años y me quedé en el mismo cuarto en el que Ricardo Güiraldes, completó Don Segundo Sombra, la mejor novela gauchesca argentina. Revisé otra vez la undécima edición de la Enciclopedia Británica, la edición que también consultaba Borges y que inspira “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. No encontré Uqbar, pero sí encontré a un Dahlmann alemán, quizá lejano pariente del abuelo europeo del protagonista de “El Sur”. Caminé los cuartos y el casco de la estancia.

Volvería a pensar en Dahlmann al día siguiente. Bajo el influjo de la extensión de la pampa, me puse a leer un ejemplar de Don Segundo Sombra con nostalgia. Me había olvidado de los momentos felices de la prosa de Güiraldes, con frases como “yo vi la hoja cortar la noche como un fogonazo”, y de lo lindo que es su campo, el físico y el literario. Cuando llegué a la primera escena de la pulpería, donde el protagonista es testigo de los desafíos del tape Burgos, borracho y bravucón, me sorprendí —no lo recordaba— al ver la resolución de Güiraldes: Don Segundo desarma al tape, literal y figurativamente hablando: le saca el cuchillo y lo humilla al no matarlo, ni siquiera tajearlo. Pasan veintisiete años entre Don Segundo Sombra y “El Sur”. El duelo se repite, pero ahora es la provocación la que resulta burlesca, no el personaje —Dahlmann— que se la toma en serio. Por eso, lo potente en Borges, cuentista de acero, es siempre la situación; en Güiraldes, en cambio, el personaje se recuerda y se quiere como un tío sabio.

La cuestión es que llovió mucho, se inundaron las rutas y tuvimos que irnos a tomar el autobús a otro pueblo, San Andrés de X. Y allí, en una pulpería moderna, junto a mi familia, rodeado de parroquianos que bebían tinto y cerveza y comían pizza, de pronto me asaltó el deja vu y me empecé a preguntarme cómo resolvería el posible duelo: ¿cómo Juan Dahlmann o como Don Segundo Sombra?

Y el pescador dijo:
“Habla y abrevia tu relato
porque de impaciente que se halla mi alma
se me está saliendo por el pie”.
Las mil y una noches, “Historia del pescador y el efrit”.

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