Bertrand Russell, el Nobel que quiso entender

¿Qué concepción del arte se esconde detrás de los discursos de aceptación de los premios Nobel de literatura? En 1950 el premio se otorga al filósofo y matemático inglés Bertrand Russell(1872-1970), uno de los referentes de la filosofía analítica. Huérfano a los seis años, su espíritu librepensador chocó contra las convenciones de su época. Inclinado a la matemática desde pequeño, escribió junto a su maestro Alfred Whitehead los Principia Mathematica (1910-1913). Viajero empedernido, visitó los Estados Unidos, Rusia y China, advirtiendo los peligros del Comunismo tempranamente. Su postura pacifista durante la Primera Guerra Mundial resultó en período de encarcelamiento de seis meses. Luego de la Segunda Guerra Mundial fueron notorios sus esfuerzos contra la nuclearización del mundo. Sus conceptos filosóficos —la idea de que la matemática es reducible a la lógica, el atomismo lógico, la teoría de la descripciones— merecen un debate más extenso de lo que se puede ofrecer aquí. Pero la conferencia que ofrece al aceptar el premio es significativa y una de las más largas hasta la fecha. Titulada “¿Qué deseos resultan políticamente importantes?”, Russell advierte que toda actividad humana es motorizada por el deseo, y los deseos políticos pueden dividirse en primarios —comida, techo, ropa— y secundarios —adquisición, rivalidad, vanidad y poder—. De estos últimos, el amor al poder resulta el más insaciable. Dice Russell: “En regímenes autocráticos los que detentan el poder se hacen cada vez más tiranos al experimentar sus delicias”. Sin embargo, para el filósofo inglés este amor al poder tiene beneficios positivos, como la búsqueda del conocimiento y los avances científicos. A lo largo de la charla, se respira un espíritu liberal y tolerante. Declara: “El cultivo del miedo nos degrada; se convierte en una obsesión, produce odio hacia lo que tememos y nos lleva a excesos de crueldad”. Como Russell no es un cínico, propone que un mundo mejor necesita inteligencia y esta se logra con educación. Sabias palabras para este 2018. Autor de Los problemas de la filosofía(1912), La filosofía del atomismo lógico(1918) e Historia de la filosofía occidental(1945), entre muchas otras obras, en El conocimiento humano (1948) concluyó: “Todo conocimiento humano es incierto, inexacto y parcial. No hemos hallado ninguna limitación a esta doctrina”.

             Y el pescador dijo: “Habla y abrevia tu relato

porque de impaciente que se halla mi alma

se me está saliendo por el pie”.

Las mil y una noches, “Historia del pescador y el efrit”.