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Asesino porque me dejan

Durante el festival octubre Negro en Madrid, que giraba, como pueden suponer, alrededor del género policiaco y negro, hubo una interesante mesa de debate sobre asesinos en serie, una figura criminal que en España no se da salvo en el caso de un tipo con las facultades mentales muy mermadas llamado Manuel Delgado Villegas, alias El Arropiero, al que se le achacaron 7 asesinatos, cifra modesta para un serial killer. Casi todos los componentes de esa mesa de debate afirmaron, erróneamente, que el asesino en serie era un invento norteamericano, que no existía. El escritor José Carlos Somoza, uno de los ponentes, discrepó y habló del último de esos individuos descubierto en Estados Unidos: Samuel Little.

Su aspecto es brutal. Corpulento, a pesar de apellidarse Little (pequeño) y sique dando miedo a sus 79 años. El FBI confirma que ese individuo, de nombre Samuel, un vagabundo que entraba y salía de prisión a lo largo de toda su vida por pequeños delitos, es el mayor asesino en serie de EE.UU. Yo creo que Richard Kuklinski le supera. Le achacan a Samuel Little 50 asesinatos, pero él se vanagloria de 93, todas mujeres. El psicópata feminicida se movía por muchos estados y mataba a sus víctimas a puñetazos (debía de tener una fuerza formidable) y las estrangulaba. Dejaba sus cuerpos en vertederos. Lo curioso de su caso es que se acuerda de todas ellas, dibuja sus rasgos con todo detalle en prisión, porque se vanagloria de sus hazañas, y a la pregunta de si no se arrepiente de ser un brutal matarife responde que Dios lo hizo así y Él sabrá porqué.

Cuando leí la noticia me preguntaba, a continuación, por la impunidad de dicho sujeto, que a punto estuvo de llegar al centenar de asesinatos, todas mujeres, y la ineficacia absoluta de la policía que no consiguió descubrir ninguno de esos crímenes y permitió que esa bestia siguiera matando. Hay un detalle que explica esa desidia policial: las mujeres a las que Samuel Little aporreaba y estrangulaba (no aclara si las violaba) eran prostitutas, drogodependientes o mujeres que vivían en la marginalidad como él. 93 mujeres a las que nadie echó en falta, cuyos asesinatos, por su condición social, ningún policía había investigado porque debían considerar que eran la escoria de la sociedad.

Samuel Little estuvo matando toda su vida, cuando estaba libre, porque le dejaron hacerlo. También hay clases sociales entre las víctimas. Tampoco cogen a los feminicidas de Ciudad Juárez, México, que se siguen actuando aunque ya no sean noticia sus crímenes. Pienso en los horrendos crímenes cometidos por ese sujeto desalmado, pero más me duele el olvido de sus víctimas que lo fueron porque nadie le paró los pies.

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