Ahí viene la plaga -microcuento de Pablo Brescia-

 

Hoy, un cuento aparecido gracias a la obsesión de David Roas por la habitación 201. 201. Comps. David Roas y José Donayre. Lima, Perú: Altazor. P. 33.

Blanco. El corredor era blanco. El tapizado de las paredes, rojo. Rojo y blanco. Los que dicen que no reconocemos colores se equivocan, como siempre se equivocan con nosotros. Sabíamos que estaban en la 201, la habitación al final del pasillo. En la 201, dijeron los comandos de la resistencia. Podrán entrar, pero será imposible salir, dijeron. Durante nuestro cónclave tuvimos el ánimo intranquilo (son muchos, son fuertes, son el futuro tal vez), pero sobrevolaba una certeza: no habría piedad. Y con ese mantra nos dimos valor unos a otros. Sin piedad. A la 201 sin piedad. Había que acabar con la infestación de nuestro mundo oculta detrás de esos números. Los que dicen que no reconocemos números se equivocan, como siempre se equivocan con nosotros. Con rapidez, con persistencia, nos deslizamos hacia la puerta. Detrás de ella se había acumulado el mal. A pesar de nuestras imposibilidades físicas, de nuestro miedo innato, logramos hacer el ruido necesario. La puerta se abrió. En eso que llaman cara de eso que llaman mujer se dibujó el horror de nuestros ojos, rojos y blancos. Atacamos. Detrás de ella salió eso que llaman hombre. Y entonces el gas cubrió la 201 sin piedad alguna.

Y el pescador dijo: “Habla y abrevia tu relato

porque de impaciente que se halla mi alma

se me está saliendo por el pie”.

Las mil y una noches, “Historia del pescador y el efrit”.

 

 

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